Biblioideas : Bibliotecas prostibularias

“…porque era su tienda el burdel de los libros, pues todos los cuerpos [volúmenes] que tenía eran de gente de la vida, escandalosos y burlones”

Quevedo. Los sueños

Juan Bonilla: La novela del buscador de librosEl pasado 1 de febrero, la sección habitual de José Luis Melero en El Heraldo de Aragón llevaba por título Una librería de Bogotá y se remitía a un relato de Juan Bonilla en el que cuenta el final de un poeta modernista colombiano hoy olvidado, Mario Andrés Trujillo, que habría publicado, entre otras cosas, una antología de Guillermo Valencia y algún otro libro sobre Porfirio Barba Jacob, seudónimo del poeta colombiano Miguel Ángel Osorio Benítez. Poco antes, una entrada en el blog del propio Melero ya hablaba del libro de Bonilla.

El caso es que antes de morir en su casa del barrio de Santa Fe, en Bogotá, Mario Andrés Trujillo nombró heredera a Marisa, el travesti al que había sacado de la mala vida y con el que compartió sus últimos años. Muerto el poeta, Marisa empezó a alquilar habitaciones a sus amigas de la calle y la casa se convirtió en un burdel. Un burdel con diez mil volúmenes, la biblioteca particular del poeta.

La santa cedeTras la primera sorpresa, algunos visitantes del negocio empezaron a comprar libros además de sexo, la noticia corrió por la ciudad y poco a poco libreros y bibliófilos de Bogotá fueron haciéndose con la biblioteca. Cuando escribe Bonilla, todavía podrían comprarse en librerías de segunda mano de Bogotá ejemplares con el exlibris del poeta, un cisne patinando sobre un lago. Melero acababa el artículo lamentándose de no haber encontrado referencias de Mario Andrés Trujillo.

El relato de Juan Bonilla al que se remite Melero se tituló originalmente Un cisne patinando sobre un lago y fue recogido en 2015 en Bogotá contada 2.0 (p. 58-61). Al año siguiente, volvió a aparecer, con el título Una librería en Bogotá, en su libro Biblioteca en llamas. Finalmente, en 2018, Bonilla volvía a reproducirlo, esta vez sin título distintivo, en La novela del buscador de libros (p. 160-168).

Juan Bonilla es juguetón y le concede a Mario Andrés Trujillo «doce líneas» en el Diccionario de escritores latinoamericanos de César Aira y «catorce renglones» en un Museo de la Poesía Colombiana, de Germán Espinosa. Lo cierto es que en el diccionario de Aira no aparece y en el libro de Espinosa, cuyo título real es Tres siglos y medio de poesía colombiana (1630-1980), tampoco. En la Biblioteca Nacional de Colombia no hay nada de un Mario Andrés Trujillo, ni en Torre de Babel, la mayor librería de libro usado de Colombia, ni en las bibliotecas universitarias estadounidenses tan acogedoras con la obra de autores latinoamericanos. En ninguna parte. Sí hubo un escritor colombiano, Bernardo Arias Trujillo, cuya primera novela (1924) se llamó Cuando cantan los cisnes, pero ahí se acaban las coincidencias. En todo caso, gracias a Juan Bonilla por dar vida a ese «poeta olvidado» y su particular biblioteca.

Que la historia anterior sea una recreación no quiere decir que no hayan existido burdeles con biblioteca. Sin remontarnos a los servicios sexuales y bibliográficos de muchas termas romanas (lo dejamos a los estudiosos), en nuestra historia reciente hubo al menos uno, en Chimbote, Perú.

Oswaldo Reynoso: Los inocentesEn 2008, Jaime Guzmán Aranda, editor pionero en la presentación de libros en burdeles, y los escritores Augusto Rubio Acosta y Oswaldo Reynoso, presentaron La santa Cede, un volumen de narrativa erótica que reúne relatos de quince escritores chimbotanos, prologado por un texto tomado de la última novela de José María Arguedas, El zorro de arriba y el zorro de abajo, publicada dos años después (1971) de que su autor se pegara un tiro en la sien. Dijo Reynoso que «este tipo de libros sirven para que los lectores rompan las trabas de una moral monjeril y encuentren el camino del goce pleno de la vida, sin exámenes de conciencia, dolor de corazón ni mucho menos arrepentimiento».

El libro se presentó en el Auditorio de la católica Universidad Privada San Pedro y en el histórico prostíbulo de Tres Cabezas, donde se anunció la colocación de un busto de José María Arguedas, asiduo visitante del local, y la próxima inauguración de la Biblioteca Popular “Los inocentes”, denominada así como homenaje al libro de Oswaldo Reynoso, considerado como una obra clave de la literatura peruana contemporánea.

También habló la administradora del lupanar: «Los escritores son bienvenidos a esta casa. Les agradecemos la donación de libros que nos han hecho, gracias por escribir un libro como La santa cede, pronto tendremos listo todo para la biblioteca y volveremos a reunirnos como hoy en otro evento para inaugurar el busto». No sabemos si se volvieron a reunir y, como le ocurrió a José Luis Melero con Mario Andrés Trujillo, no hemos podido averiguar qué fue de esta biblioteca, si se llegó a poner en marcha, qué andadura tuvo, si aún existe…

 

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

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