Biblioideas : Entre las cosas que pueden hacerse con libros está comérselos

(Chema Pérez. BUZ)

Devorez des livresMás allá de su lado metafórico, que hace referencia a la lectura voraz, la bibliofagia se refiere al hecho (inusual, eso sí) de comer libros y revistas. Nadie en su sano juicio hace algo así voluntariamente, sólo los niños y los locos. ¿O no?

La bibliofagia sería una alotriofagia (de “alotrios”, extraño, y “fagia”, comer) o pica (de “Pica pica”, denominación científica de la urraca), un trastorno alimentario consistente en la necesidad (por motivos físicos, psíquicos o incluso culturales) de comer cosas no aptas para el consumo humano (desde pelo, yeso o tiza hasta detergente, plásticos o cosas peores). La bibliofagia se limitaría a libros y revistas.

El fanatismo (al fin y al cabo, una forma de locura) también ayuda. Es el que impulsa al hermano Jorge de “El nombre de la rosa” a comerse el ejemplar supuestamente perdido (y envenenado) del segundo libro de la “Poética” de Aristóteles. O el de los tártaros que, según relata Augier de Gisten, embajador de Carlos V en Constantinopla, eran capaces de comer libros enteros con el fin de absorber su conocimiento. Idea que, sazonada con alucinógenos, está documentada en algunas culturas.
Incluso un episodio de “Anatomía de Grey” presentó el caso de un novelista frustrado que comió un manuscrito inédito y tuvo que ser extirpado quirúrgicamente.
Confesiones de un bibliófagoPasión más llevadera es la del Book-eaters Club, ese selecto club de comedores de libros “con pedigrí” creado en 1783 por Francis Emmerick Treveyland e inventado en 1988 por Jorge Ordaz, en “Las confesiones de un bibliófago“. El libro lo publicó Espasa-Calpe con una litografía en la portada de un poco conocido entonces Miquel Barceló. Hoy está descatalogado.

También hay un relato del mejicano Rafael Toriz, “El bibliófago”, en el que un “bouquiniste”, un librero de viejo de los muelles del Sena, “cansado de los muchos libros y de la sensación de vértigo que experimenta […] en librerías ingentes o infinitas bibliotecas, ante la obvia imposibilidad de leerlos todos, […] decidió, a falta de no tener algo mejor que hacer con ellos, comérselos”. Aparece en su libro “Metaficciones”.
Pero, indudablemente, son los niños los más aficionados a meterse en la boca cosas poco comestibles. De hecho, para el coleccionista ASW Rosenbach, la “bibliofagia infantil” es uno de los motivos de que las primeras ediciones de clásicos infantiles que han sobrevivido sean contadísimas.

Aún así, si quieres introducir a tus peques preferidos en el mundo de la bibliofagia, puedes regalarles “The incredible book-eating boy” (El increíble niño comelibros), de Oliver Jeffers. En él, un chaval va comiendo libros hasta ver que le resulta mucho más apetitoso leerlos.

Hay otra bibliofagia, más leve, que se puede limitar a la simple masticación, sin llegar a la ingesta. En 1966, John Latham (1921-2006), un artista británico que utilizó a menudo libros “alterados” (ver Biblioideas de febrero) como material de trabajo, invitó a sus estudiantes de la Escuela de Artes a un evento que llamó “Still and Chew“. Se trataba de masticar páginas de un reputado manual de arte de la época, de Clement Greenberg; escupir los resultados en un matraz y mezclarlos con ácido sulfúrico, bicarbonato y levadura. Cuando Latham hubo de dar cuenta de su experimento, presentó un frasco con los resultados fermentados. El profesor perdió su trabajo, pero la documentación, desde el frasco con la “grappa Greenberg” hasta su carta de despido, está en la colección permanente del MoMA de Nueva York.
MetcalfeUn caso reciente de bibliofagia documentada: Robert Metcalfe, un ingeniero informático, fundador de 3Com y coinventor de Ethernet, aseguró que Internet se vendría abajo en 1996. Metcalfe no sólo reconoció su error en 1997 frente a la audiencia de WWW6 (la Sexta Conferencia Internacional World Wide Web), sino que se tragó una copia, previamente preparada, del discurso que contenía la falsa predicción, ganando las risas de la audiencia y un merecido lugar en la historia de la bibliofagia.

Y si quieres saber más, Clift, un fanzine de Barcelona, ha dedicado hace poco un monográfico a la bibliofagia, con contribuciones de Agustín Fernández Mallo (“Carta de amor al excremento de celulosa“, sin ir más lejos), Sergi Puyol, Laura Redburn, etc.
En otro Biblioideas a lo mejor hablamos de la bibliofagia forzada. Esa que, como tortura o castigo, forma parte de la historia de la barbarie humana.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

6 pensamientos en “Biblioideas : Entre las cosas que pueden hacerse con libros está comérselos

    1. JOSE MANUEL UBE GONZALEZ Autor

      Es llevar a lo físico eso de “comernos nuestras palabras”. Gracias por tu comentario, Fran.

      Responder
  1. Angela

    Hola,

    Pues a mi me ha ayudado mucho esta página. 
    Gracias por crearla. Es que me han encargado  re-animar la biblio del cole y estoy buscando ideas.

    Agur

    Responder
    1. LUIS MARIANO BLANCO DOMINGO

      Muchas gracias por tu comentario. Resulta muy gratificante despertar el interés por mejorar las condiciones, el acceso y el atractivo de las bibliotecas escolares

      Responder
    1. JOSE MANUEL UBE GONZALEZ Autor

      Muchísimas gracias por la información, Berto. Es una gran noticia porque era un libro difícil de encontrar, fuera de las bibliotecas. Saludos desde la Subcomisión de Comunicación 2.0 de la BUZ.

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*