Biblioideas: Los libros de Tombuctú

TombuktuNosotros, europeos, no sabemos gran cosa de África. Los del sur, algo, tal vez, de los países ribereños del Mediterráneo; un poco más de algún destino turístico, algún documental de sobremesa (seguramente sabemos más de la fauna africana que de sus gentes) y, si acaso, lo que podemos intuir en quienes arriesgan sus vidas en el mar.

Si hablamos de historia, cero. En alguna parte de nuestra formación nos habrán hablado del imperio egipcio o de los cartagineses, pero seguro que podemos decir poco de lo que ocurrió en África desde entonces hasta la época colonial.

África triplica en extensión a Europa, la supera en población: ¿es posible que en más de mil años no ocurriera en ella nada reseñable? ¿Nada que nos pudiera interesar? Obviamente, no. En ese lapso de tiempo florecieron auténticos imperios como el Songhai, el de Mali y muchos otros de los que nunca oímos hablar. A falta de los necesarios matices, no le faltaba razón al historiador británico Hugh Trevor-Roper cuando decía que «sólo existe la historia de los europeos en África, el resto es oscuridad». Basaba su afirmación en la inexistencia de «evidencias documentales». Es verdad que la imprenta en África comienza con el colonialismo, pero evidencias textuales existen en el continente al menos desde mil años antes.

Tombuctú, en el actual Mali, fue a comienzos del siglo XIX un destino de leyenda: una ciudad bañada en oro en medio del desierto. Tombuctú, «la de los 333 santos», nunca estuvo bañada en oro, pero sí tuvo su Edad de Oro: ya en el siglo XIII, pero especialmente durante los siglos XV y XVI (con 100.000 habitantes), fue una referencia comercial, espiritual e intelectual para la mitad norte de África; formó parte de la ruta transahariana que conectaba el Mediterráneo con el África subsahariana y de la ruta comercial que venía desde la península arábiga hasta el Atlántico; florecieron en ella maestros, escuelas, bibliotecas, traductores y copistas de todo tipo de textos antiguos que, transmitidos de padres a hijos, han venido constituyendo para sus poseedores el tesoro familiar.

Centro de Documentación e Investigaciones Ahmed Baba (CEDRAB). Ahmed Baba, TomboctuEl granadino León el Africano, que visitó la ciudad a comienzos del siglo XVI, ya dejó escrito que «en Tombuctú hay numerosos cadíes, imames y alfaquíes, todos bien pagados por el rey, que honra mucho a los hombres de letras. También se venden muchos libros manuscritos traídos de Berbería y se saca más beneficio de esta venta que del resto de las mercancías».

Para garantizar la preservación de los manuscritos que aún se conservaban (los más antiguos datan del siglo XIII) el gobierno de Mali, auspiciado por la Unesco, creó en 1973 el Centro de Documentación e Investigaciones Ahmed Baba (CEDRAB). Ahmed Baba, que da nombre al centro, fue un sabio bereber contemporáneo de Cervantes y Shakespeare.

A lo largo del tiempo ese proyecto se fue haciendo más ambicioso y, con el apoyo de la Fundación Gerda Henkel –alemana– y la Universidad de Ciudad del Cabo, se puso en marcha en 2003 el Tombouctu Manuscripts Project, extendiendo su área de interés a toda la tradición manuscrita (Etiopía, Tanzania, etc.) y la historia del libro africanas.

Entre estos manuscritos hay tratados de lógica, historia, astrología y medicina, comentarios a los libros sagrados y poemas que cantan a la belleza o al amor. Temáticas herejes para el yihadismo que empezó a instalarse en la región a partir de 2010. Hoy las cosas no pintan mucho mejor.

Se estima que puede haber en Mali unos cien mil manuscritos. Afortunadamente, en los últimos años, organizaciones internacionales, fundaciones, etc. se han interesado y han contribuido de diferentes maneras a la preservación de este legado, pero (como ocurre casi siempre) han sido héroes anónimos los que han hecho posible sobre el terreno su preservación. El periodista Joshua Hammer, en Los contrabandistas de libros, te cuenta las peripecias de Abdel Kader Haidara, uno de estos héroes, creador de la Biblioteca Mamma Haidara. Otra colección importante, el Fondo Ka’ti, base de la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, también forma parte del proyecto con sus más de 12.700 manuscritos, redactados muchos de ellos en Córdoba. Se creó en 2003 con apoyo español ya que los ancestros de la familia Ka’ti abandonaron Toledo en 1448. Ismael Diadié Haidara, que reunificó el fondo de la familia, tuvo que huir de Tombuctú en abril de 2012, después de que los bárbaros rodearan su casa con el objetivo de destruir el Fondo Ka’ti, algo que afortunadamente no consiguieron (en ese momento los manuscritos ya estaban a buen recaudo). Manuel Pimentel y el propio Ismael Diadé cuentan la historia en el libro Tombuctú: andalusíes en la ciudad perdida del Sáhara. En 2013, impulsado por algunos artistas e intelectuales (los puedes ver en la foto), se creó un Círculo de Amigos de la Fundación Mahmud Kati, pero no parece que haya tenido continuidad.

Círculo de Amigos de la Fundación Mahmud Kati

Aquí puedes ver la intervención -algo más de una hora- de Ismael Diadé Haidara en unas Jornadas celebradas en Granada en 2014.

Ya sabemos algo más de África.

Biblioideas

Biblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

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