Biblioideas : Marcar las páginas

Marcar las páginas

Marcapáginas de la Universidad de ZaragozaCualquiera que lea libros sabe que en algún momento hay que dejar la lectura y marcar el lugar donde retomarla más adelante. Esa necesidad ha existido desde que aparecieron los primeros formatos del libro y hay indicios de que los marcadores ya acompañaron a muchos códices desde su aparición en el siglo I de nuestra era. Las dos formas de libro de la época —códices y rollos— aún convivieron durante un tiempo pero, junto a otros factores, el cristianismo adoptó el códice para transmitir sus creencias y, hacia el siglo V, el nuevo formato se había generalizado.

El Diccionario de la Lengua Española define marcapáginas como un «utensilio, normalmente plano, que sirve para señalar una página, por lo general aquella donde se interrumpió la lectura de un libro». También se utilizan como sinónimos señalador, punto de lectura, punto de libro, separador de libro, marcador, etc. Fuera de aquí los llaman bookmark, point de lecture o signet, Lesezeichen, segnalibro, etc.

Aunque esta definición se ciñe a lo que entendemos actualmente por marcapáginas, sabemos que en los rollos, códices o primeros libros impresos se utilizaron como marcadores objetos diversos ajenos al ejemplar pero, dado que el libro era un objeto raro y valioso, esa marca no debía deteriorarlo. En la Alta Edad Media los monasterios solían utilizar vitela para cumplir esa función en los volúmenes que más adelante se llamarían incunables (no se denominaron así hasta bien entrado el siglo XVII). No era algo que se fabricara a propósito, pero ya empezaba a haber algún sofisticado marcador como el de la foto que, además de señalar la página, indicaba columna y línea.Marcapáginas de la Edad Media

Marcapáginas de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza. Fondo Antiguo.En realidad, el primer marcapáginas «moderno» del que se tiene constancia era de seda con una borla dorada en su extremo. Acompañaba el ejemplar de una Biblia que Christopher Barker, el entonces editor oficial de la Biblia en Inglaterra, regaló a la reina Isabel en 1584. De hecho, a partir de 1600 la mayoría de las biblias ya venían con una cinta de seda para señalar el punto de lectura.

Pero el verdadero auge de los marcapáginas tuvo lugar en los siglos XVIII y XIX y corrió paralelo a la creciente disponibilidad de libros. Siempre en forma de cinta integrada en la encuadernación. Sólo a mediados del siglo XIX empezaron a aparecer marcapáginas que no formaban parte físicamente de los libros y fue a partir de 1870, con la aparición de la cromolitografía, cuando comenzaron a diseñarse marcapáginas de papel. Las empresas vieron muy pronto su potencial publicitario y, entre las dos grandes guerras del siglo XX, los gobiernos también los utilizaron como herramienta propagandística. Muchos de estos marcapáginas policromados se diseñaron también para ser regalados.

En 1860, más de un tercio de la población de Coventry trabajaba en la industria textil, especialmente en la fabricación de la English ribbon, una cinta de tela característica. Un tratado que eliminaba aranceles acabó con ella y muy pocas empresas sobrevivieron. Una de éstas pertenecía a Thomas Stevens. Adaptó sus telares y empezó a tejer imágenes sobre seda. Sus diseños se conocen como Stevegraphs y los utilizó para hacer cosas como tarjetas de felicitación o marcapáginas. Hoy son perseguidos por los coleccionistas, que hasta tienen su propia Stevengraph Collectors Association.

Marcapáginas de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza. Campaña del silencio.En la segunda mitad del siglo pasado los artistas empezaron a fijarse en ellos y aparecieron marcapáginas fabricados con materiales diversos: cobre, oro, plata, caucho, madera, plástico, etc. Algunos fueron diseñados por joyerías famosas, como Tiffany; otros tenían formas afiladas, de manera que servían también para cortar los pliegos de libros intonsos, uniendo así dos funciones en un único objeto. Los marcapáginas empezaron a ser valorados y abundantes y el mundo del coleccionismo se lanzó sobre ellos.

Hoy son parte habitual de las campañas de promoción editorial y de muchos otros ámbitos. La propia Biblioteca de la Universidad de Zaragoza ha utilizado este formato en su campaña a favor del silencio o sobre el uso del fondo antiguo. Seguro que conocéis a alguien que los coleccione, pero seguro que no tiene más de cien mil, como Frank Divendal, un holandés que pasa por ser el mayor coleccionista del mundo (o, al menos, el que más marcapáginas tiene).

Si quieres saber más, la página web de la International Friends of Bookmarks (IFOB), creada en 2015, es un recurso lleno de información (historia, asociaciones, coleccionismo, productores, etc.) para los interesados en este material efímero y una plataforma de comunicación. También puedes visitar The Ephemera Society of America (ESA), una organización sin ánimo de lucro con información abundante sobre el mundo de los marcapáginas y otros materiales efímeros.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.


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