Archivo de la categoría: Biblioideas

Biblioideas incluye una serie de artículos de nuestro compañero Chema Pérez dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas. Lou Reed se queda en Nueva York

Lou Reed y Laurie AndersonAseguraba Ian Dury que, cuando compuso Sex and drugs and rock and roll sólo pretendía “sugerir que la vida era más que esas tres cosas, sexo, drogas y rock and roll, o que estar todo el día tirando de una palanca en una fábrica”. Pero ya decía Lennon que la vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes sobre ella, así que, a pesar de sus intenciones, esa frase se convirtió en himno. Se grabó en 1977 y la BBC se negó a emitirla porque un tema con ese título sólo podía fomentar “la mala vida”. Hoy esa expresión forma parte de la lengua inglesa.

Para entonces, The Velvet Underground ya se había disuelto, el punk se extendía por Londres y Nueva York y Lou Reed había sacado media docena de discos que se encargaban de darle una vuelta de tuerca a aquel “inocente” lema de Ian Dury hablando de prostitución, transexualidad, heroína o enfermedad mental, temas nada habituales hasta entonces en las letras del rock. Con trastorno bipolar, sexualidades diversas, sustancias peligrosas, una guitarra y su talento emprendió por un tiempo su camino por el lado salvaje, mostrándonos que a menudo la vida es triste y hermosa, pero nunca fácil. Afortunadamente sobrevivió, llegó a hacerse un señor mayor y acabó con él un trasplante de hígado.

Hace unos días supimos que Laurie Anderson, su viuda, que ya apareció en una biblioidea de 2015, había llegado a un acuerdo con la Biblioteca Pública de Nueva York por el que ésta adquiría los papeles y grabaciones de Lou Reed a cambio de hacerlos totalmente accesibles al público. Lo anunciaban el 2 de marzo, día en que este amante de la ciudad de Nueva York habría cumplido 75 años. Ella ha estado recopilando y sistematizando ese archivo desde su muerte en octubre de 2013.

“Se necesita mucho tiempo para contemplar una vida y ahora que la primera etapa de la creación de estos archivos está acabada, podemos dar un paso atrás y apreciar algunos patrones deslumbrantes que Lou hizo durante su larga e intensa carrera como artista”

Pasaporte de Lou Reed

Laurie Anderson pretende que se digitalicen los contenidos y poder ofrecerlos en línea, aunque eso llevará su tiempo: son unos cien metros lineales de documentación, seiscientas horas de grabaciones de audio en todos los soportes posibles, más de mil vídeos, correspondencia con toda clase de gente (desde Jimmy Page a Vaclav Havel), objetos, contratos, etc. Todo ello sin contar con los diversos problemas de copyright que habrá que resolver.

No os dejéis subyugar por el Lou Reed de la leyenda: conservaba escrupulosamente sus papeles (contratos, liquidaciones de royalties, recibos diversos…) y estaba al día en sus deberes tributarios. No se han revelado los detalles de la venta pero ¿alguien puede imaginar cuánto dinero habría podido obtener Laurie Anderson si hubiera optado por vender o subastar objeto por objeto el legado de Lou Reed?

En un país como el nuestro puede parecer chocante, pero en Estados Unidos no supone ninguna novedad que universidades y otras instituciones intenten hacerse con los archivos de las estrellas del rock. La Universidad de Cornell lo hizo en 2015 con The Velvet Underground, la de Tulsa, en Oklahoma, con Bob Dylan o la de Monmouth, en New Jersey, con Bruce Springsteen.

BPNYPA

Y también en Europa: hace unos días hemos visto que la Universidad de Friburgo, en Alemania, recibía una donación con, posiblemente, la mayor colección existente de parafernalia de los Rolling Stones, reunida a lo largo de cincuenta años por un seguidor incondicional de sus satánicas majestades, Reinhold Karpp, fallecido en 2012.

Estos días un banco te ofrece sus servicios en un anuncio con el Cry baby de Janis Joplin como sintonía de fondo. Poco importa lo que dice la canción y menos la memoria de Janis Joplin. La realidad se sustituye por sus fetiches y lo que ayer resultaba insoportable hoy se compra en un todoacién. Bien pensado, siempre será mejor que nuestros objetos culturales estén al alcance de todos en instituciones públicas.

Si alguien quiere saber más de la vida y el legado de Lou Reed, acaba de aparecer Catálogo irracional, de Ignacio Julià.

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Biblioideas: Una biblioteca fronteriza

Haskell Free Library & Opera House, Derby Line (EE.UU) - Stanstead (Canadá)

Como todos los muros, era ambiguo, con dos caras. Lo que estaba dentro y lo que estaba fuera dependía del lado en el que te encontrases.
Ursula K. Le Guin. Los desposeídos

Vermont (pronunciado como palabra aguda) es uno de los estados más pequeños de la Unión (unos 24.000 km2, la mitad de Aragón) y menos poblados (algo más de 600.000 habitantes). También es el que tiene un mayor porcentaje de personas de raza blanca (más del 95%).

En otro orden de cosas, ha destacado históricamente por sus políticas abiertas y su voto al Partido Demócrata (Bernie Sanders fue en los 80 alcalde de Burlington, su ciudad más poblada).

En Derby Line, una pequeña localidad de Vermont, se encuentra la Haskell Free Library & Opera House, centro cultural de la comunidad, patrimonio histórico y edificio peculiar por varios motivos,  especialmente por su ubicación en plena frontera; hasta el punto de que ésta parte en dos el propio edificio: el mostrador de la biblioteca está en Estados Unidos, el depósito en Canadá (una línea negra pintada en el suelo indica la frontera); el patio de butacas de la Ópera está en Estados Unidos, el escenario en Canadá.

El edificio se inauguró en 1904 y fue construido así deliberadamente por los Haskell, una pudiente familia de comerciantes, con el objetivo de proporcionar “un centro de aprendizaje y enriquecimiento cultural” a las comunidades fronterizas. Se especificaba, además, que la Ópera sería la fuente de financiación de la biblioteca, algo que no se llegó a conseguir a pesar de que una multitud de artistas han pasado por ella. Hoy sigue ofreciendo una programación regular y pueden verse las firmas de aquellos en las paredes de los camerinos.

Pegada a la estadounidense Derby Line se encuentra la canadiense Stanstead. Ambas forman una sola comunidad, comparten el edificio, mantienen relaciones cordiales desde hace doscientos años y, fronteras aparte, a pesar de que cada una tiene su ayuntamiento, como marca la ley, se las han arreglado para compartir lazos familiares o servicios (bomberos, agua y saneamiento, etc.). En alguno de los pasos, en lugar de muros o concertinas tienen un “destacamento” de macetas.

Macetas "patrullando" entre Derby Line y Stanstead.

Cuando a comienzos de los 70 se especulaba con la reunificación de Los Beatles, John Lennon estaba en una situación en la que, si salía de Estados Unidos, no podía volver a entrar y George Harrison tenía prohibida la entrada en cualquier caso. A los administradores del Haskell se les ocurrió la solución:  aquí John y George podrían unirse a Paul y Ringo sin verse en problemas legales. Lamentablemente, no hubo reunión del grupo, de manera que todo quedó en nada.

A pesar de actos como el de este peligroso activista de la foto entrando ilegalmente a los Estados Unidos (¿o será a Canadá?) y de algún incidente ocasional de contrabando de armas o tráfico de drogas, ni siquiera las medidas de protección de fronteras tomadas tras los atentados del 11-S han acabado con la situación (aunque hoy hay más dificultades y vigilancia que antes). De hecho, en 2004, tras la reelección de George W. BuHaskell Free Library & Opera House, Derby Line (EE.UU) - Stanstead (Canadá)sh, un grupo de ciudadanos de Vermont, desesperados, se plantearon abandonar la Unión y convertir Vermont en la undécima provincia de Canadá. No sabemos si las políticas fronterizas del actual señor naranja de la Casa Blanca, tan diferentes a las canadienses, conseguirán dañar más el actual estado de cosas.

Por otro lado, en relación con sus fondos, funcionamiento, etc. la biblioteca sólo es una más. Como dice Nancy Rumery, su directora: «No hacemos nada que no hagan otras bibliotecas. Intentamos ser la mejor biblioteca para nuestra comunidad, que está formada por personas de dos países diferentes […] Todos son nuestros vecinos y hacemos lo que podemos para ayudarles a aprender en su viaje a lo largo de la vida». Y que dure.

Si quieres saber más, El País y algún blog se han ocupado, entre otros, de la Haskell Free Library. También puedes acceder a su página de Facebook.

Agradezco a Joaquín que me diera a conocer esta historia.

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Biblioideas: Libros cartoneros

cartoneros argentinos

Buenos Aires, 2005: paseando por la avenida 9 de julio al anochecer, el viento esparcía el contenido de las bolsas de basura reventadas y la lluvia redondeaba un cuadro desolador. Alguien explicó que los cartoneros recorrían la ciudad con carretas y caballos para «recuperar» cartones y papel, también vidrio, cosas que se pudieran vender. Siempre habían deambulado por las calles los cirujas (en lunfardo, el que escarba en la basura, hasta dan título a un tango), pero con el estallido de la crisis argentina de 2001 y el empobrecimiento de la mayoría de la población, éstos se multiplicaron y adoptaron el nombre de cartoneros. Un estudio realizado en ese mismo año hablaba de 100.000 sólo en el área metropolitana de Buenos Aires. Las implicaciones eran muchas: trabajo infantil, problemas de salud pública, aparición de mafias, colusión con las empresas privadas dedicadas a la basura y el reciclaje, etc.

En 2002 crearon la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores «para la defensa de los derechos y el reconocimiento del valor ambiental y social de la labor que desarrollamos», que se integró a su vez en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Forzaron cambios legales y, paradójicamente, los cartoneros empezaron a trabajar en otra forma de gestión de los residuos poniendo en la agenda temas como la separación en origen o la necesidad de generar menos porquería, algo que no era una prioridad en Argentina.

Es en ese ambiente, dentro del movimiento de la economía social o popular, en el surgen las primeras editoriales cartoneras. En 2003 nace en Buenos Aires Eloísa Cartonera de la mano de varios artistas y escritores. Las cubiertas de sus libros son de cartón comprado a los cartoneros, pintadas a mano (cada ejemplar es único) por personas de escasos recursos que reciben un salario digno y preestablecido. Comenzaron vendiéndose en la calle pero la cooperativa tiene hoy «el catálogo más puntiagudo de la literatura suramericana», más de un centenar de títulos (del recientemente fallecido Ricardo Piglia entre otros), y proporciona trabajo estable a una docena de personas.

Eloísa Cartonera

El movimiento se extendió rápidamente por América Latina, en 2011 saltó el charco y en estos momentos se reparte por cuatro continentes. De hecho, la mayor base de datos de literatura cartonera, la Cartonera Publishers Database, está alojada en la Biblioteca de la Universidad de Wisconsin, en Madison. El contenido de muchos de sus títulos está accesible en línea, entre ellos Akademia Cartonera: un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina, una pequeña historia del movimiento.

En España apareció en 2009 Meninas Cartoneras (tal vez la pionera) y en 2013, en Barcelona, La Verónica Cartonera, promovida por la periodista Anna Gonzalez Batlle. Hoy son bastantes más, con nombres como Ediciones Karakartón o La Cordelería Ilustrada, que intenta resucitar la «literatura de cordel» de la mano del hijarano culoinquieto Víctor Guíu.

Si quieres saber más, en la página web de La Verónica hay bastantes enlaces. También aquí puedes ver una panorámica (aunque no muy actualizada) de las editoriales cartoneras. O leer Fuerza cartonera, un estudio sobre la cultura editorial cartonera y su comunicación, realizado por Beatriz Martínez Arranz en 2013 como trabajo de fin de máster de la Universidad de Valladolid.

Recuerda que en España cuatro grandes grupos editoriales (y multimedia y de entretenimiento y de…) publican más de la mitad de los títulos y el 4% de las empresas edita el 70 por ciento del total. Lo contaba en 2000 André Schiffrin en La edición sin editores y seguro que hoy esas cifras no han mejorado. Al contrario.

Con este panorama, bienvenidas sean las editoriales cartoneras y la diversidad cultural. «Somos frágiles, pero independientes», reconocía en una entrevista Washington Cucurto, uno de los fundadores de Eloísa Cartonera.

Biblioideas

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Biblioideas: Una biblioteca de mujeres

María Luisa Mediavilla Herreros

El 20 de octubre de 2016 el Gremio de Libreros de Madrid concedió sus premios anuales. Uno de ellos es el Premio Leyenda, otorgado a toda una trayectoria. No es cualquier cosa, en ediciones anteriores lo han recibido personas como El Roto, Iñaki Gabilondo, Forges o Jorge Herralde.

Este año ha recaído en una persona menos conocida, fuera del ámbito feminista o de la lucha de las mujeres: María Luisa Mediavilla Herreros. Ni siquiera tiene una entrada en la Wikipedia, pero los libreros madrileños la premian por su «apasionada e incansable búsqueda del legado literario de las mujeres». La entrega de dicho premio tuvo lugar en la Biblioteca Regional de Madrid el pasado 14 de diciembre.

Marisa, bibliotecaria en la Comunidad de Madrid, comenzó en los años 80 a recopilar libros y otros materiales relacionados con las mujeres; de, para, por, sobre o contra ellas. Ha habido otras personas que han contribuido parcialmente o en algún momento de este proyecto, especialmente Lola Robles Moreno, pero la Biblioteca de Mujeres no habria existido sin ella. Con su voluntad, su bolsillo y sin ninguna dependencia oficial quiso crear una biblioteca que fuese memoria histórica de las mujeres, una Biblioteca de Mujeres.

Sus objetivos eran claros:

  • Reunir la cultura y el saber de las mujeres a lo largo de la historia, especialmente en España.
  • Dar visibilidad a la aportación de las mujeres en la sociedad.
  • Convertirse en un lugar de encuentro y de intercambio de información y experiencias.
  • Reunir y conservar documentos elaborados por el movimiento feminista.Biblioteca de mujeres

La Biblioteca de Mujeres ha llevado una vida agitada desde entonces. En 1991 se constituyó en asociación estatal. En 2006, un desalojo hizo que la Asociación Biblioteca de Mujeres donara su fondo bibliográfico al Instituto de la Mujer y desde 2010 parte de su catálogo puede consultarse a través de Internet. Desde enero de 2012 una parte del fondo se ubica en el Museo del Traje y otra aún permanece en cajas. La propia Marisa Mediavilla se lamentaba el pasado 3 de diciembre en una entrevista al periódico Diagonal:

Lo que intento desde la creación de la biblioteca es que tenga su espacio propio. Aunque se donó al Instituto, solicitamos que no la incluyesen en su centro de documentación: allí no hay lugar para obras de Corín Tellado, pero en una biblioteca especializada de mujeres, sí. Ahora mismo la biblioteca no tiene un espacio propio.

Biblioteca de mujeres

Paradójicamente, la primera biblioteca de mujeres que surgió en Europa lo hizo en Barcelona, en 1909, de la mano de Francesca Bonnemaison i Farriols: la Biblioteca Popular de la Mujer. Aún tendrían que pasar algunos años para que se creara en Londres The Fawcett Library (1926) o la Bibliothèque Marguerite Durand en París (1931). Estas últimas gozan hoy de perfecta salud y un futuro asegurado por diferentes instituciones, la London School of Economics en el caso británico o el gobierno municipal de París en el caso francés. Una situación muy distinta a la de nuestra Biblioteca de Mujeres.

Nuestros mejores deseos para Marisa Mediavilla y la Biblioteca de Mujeres en esta nueva vuelta al sol que acaba de comenzar.

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Biblioideas: Unos animales mirobrigenses

Bibliocaseta de Ciudad Rodrigo (Salamanca)

En la biblioidea de octubre hablábamos de inocentes quemas de libros, pero hace unos días nos encontramos con que en Ciudad Rodrigo, Salamanca, para algunos la antigua Miróbriga (parece que no está muy claro, pero al menos les dio el gentilicio), hubo quemas menos inocentes: algún vándalo (aunque los pobres vándalos no eran más feroces ni más desalmados que sus pueblos vecinos) quemó el interior de la Bibliocaseta, una pequeña biblioteca que el Centro Social Aldea tenía instalada cerca de un parque local, el parque de La Glorieta. Llovía sobre mojado, el pasado mes de mayo ya le habían arrancado el letrero. Se trata de una pequeña construcción, parecida a esa biblioteca de nuestro Parque José Antonio Labordeta (en Zaragoza), junto al Paseo de los Bearneses, que nunca veo abierta.

Todo empezó el pasado 23 de abril cuando, por iniciativa del Centro Social Autogestionado Aldea y con apoyo del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, se inauguraba la Bibliocaseta. Se aprovechaba así un antiguo quiosco cuya licitación había quedado desierta varias veces para fomentar la lectura y el encuentro tranquilos en un ambiente agradable. Sólo eso.

Centro Social ALDEA

El Centro Social Autogestionado Aldea, la primera iniciativa de este tipo en Ciudad Rodrigo, nació en el verano de 2014 de la mano de quince personas. Un año después, en una localidad de 13.000 habitantes, ya eran 800 y se habían visto obligados a trasladarse a una nueva sede en la que también disponen de biblioteca.

Por más que aquí nos interese resaltar su trabajo con libros, sus actividades son múltiples y para todas las edades. Es un espacio ganado para la comunidad, un lugar de encuentro.

No es lo mismo, pero para todo aquel que mantenga una relación fraternal con los libros, verlos arder en un espacio público no deja de recordar a la pira con miles de libros de la  berlinesa Opernplatz en 1933, frente a la Universidad Humboldt. Hoy se llama Bebelplatz y donde ardieron los libros hay una instalación, la Versunkene Bibliothek (Biblioteca sumergida) que no deja de recordar a los transeúntes lo que allí ocurrió.

Volviendo a Ciudad Rodrigo, aquí al lado podéis ver dos notas que se han colocado en la Bibliocaseta, una para el “vándalo desalmado” y otra para “el resto”. poesias para los "vándalos"

A la mañana siguiente del desastre ya había habido gente anónima dejando nuevos libros.

“Para nosotros, el que estaba condenado a ser un día triste pudo convertirse, con el calor y la compañía de una parte importante de los mirobrigenses, en aquel en que la convicción y la razón pudieron con la adversidad. Los mensajes que hemos recibido y las generosas acciones e iniciativas anónimas que han surgido nos abruman y demuestran que se trata de un proyecto que merece la pena y que es sentido como propio por el conjunto de la ciudadanía”.

Si queréis mostrarles vuestro apoyo os lo agradecerán. Podéis hacerlo en su página de Facebook, Twitter o en centrosocialaldea@gmail.com.

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Biblioideas: Cara Barer

Cara BarerEsta quincuagésima biblioidea se la dedicamos a Cara Barer, una mujer estadounidense nacida en 1956 que vive en Houston, Texas. Es fotógrafa. Bueno, en realidad realiza esculturas que luego fotografía. Y, desde 2004, utiliza para ello libros y mapas. Los transforma en arte jugando con las formas, esculpiéndolos; los tiñe, los hace pasar por diferentes procesos, los convierte en objetos hermosos y nos los devuelve en una fotografía.

Realiza exposiciones individuales y colectivas (las últimas, en Amsterdam o Toronto) y sus fotografías forman parte de colecciones públicas y privadas de medio mundo. También las puedes ver en cubiertas de libros y revistas.

«Llego a algunas de mis imágenes por casualidad y en otros casos a través de la experimentación. Sin estos dos elementos, mi trabajo no fluiría fácilmente de una idea a la siguiente. Un encuentro azaroso en la calle Drew con unas Páginas Amarillas de Houston empapadas por la lluvia fue mi primera inspiración. Después de aquel encuentro casual, empecé a buscar más libros y más formas de recrearlos»

La bruja. Cara Barer

Sin renegar, al contrario, de la tecnología, sus obras no dejan de expresar el temor por la transformación del libro y de nuestra relación con él en otra cosa, distinta a la experimentada hasta ahora; nos muestran la preocupación por esa naturaleza efímera y frágil de los actuales soportes del conocimiento y, por tanto, del conocimiento mismo.

A veces, como si se tratara de láminas de un test de Rorschach, puedes ver en sus imágenes flores, mariposas o una espcie de mandalas profanos. El objetivo de Cara Barer es claro:

«…involucrar al espectador mediante la presentación del libro fuera de contexto y llevarle a mirarlo como algo más que un libro. Al considerarlo sólo como un objeto metarmofoseado, pasa a ser para el espectador algo distinto de lo que fue»

Del mismo modo que con el «Ceci n’est pas une pipe» de Magritte en La trahison des images nos dice que ni la pipa de la frase ni la imagen que ves son una pipa, sólo representaciones, Cara Barer nos recuerda con sus obras que un libro puede ser muchas cosas, además de ser un libro. Al convertirlo en un objeto artístico lo despoja de sus valores literarios o editoriales, de su contenido, para darle una dimensión diferente. Ella asegura que sólo trabaja con libros obsoletos y sin valor.

«Con esos libros desechados que he adquirido, estoy tratando de borrar la línea entre los objetos, la escultura y la fotografía. Este proyecto se ha convertido en un viaje que sigue evolucionando…»

Rogets. Cara Barer

Disfruta paseando por su portafolio. Además, aquí puedes ver una entrevista (en inglés) en la que habla de su trabajo.

¡Ah! Otra cosa. ¿Crees que Bob Dylan puede recibir el Nobel? No importa. Mientras te lo piensas, puedes disfrutar con esta versión de Boots of Spanish Leather. Sus intérpretes aún no habían nacido cuando él la grabó.

Con premio y sin él, Bob Dylan, nieto de emigrantes ucranianos y lituanos, es ya una referencia de la cultura occidental (aunque no sepamos muy bien qué es eso) y ha formado parte de la educación sentimental de muchos de nosotros.

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Biblioideas: ¿Quemar libros?… Depende

Libros ardiendo

Puede sorprender esta contestación a la gallega, pero cuando se trata de quemar libros no necesariamente hemos de pensar en las hogueras realizadas a lo largo de la historia por fanáticos de toda clase de ideologías, religiosas o no.

Fernando Báez, gran estudioso de toda clase de biblioclastias y tropelías cometidas con los libros, nos enfrenta en un artículo de 2004 a una supuesta paradoja: a lo largo de la historia «los intelectuales han sido los más grandes enemigos de los libros» y «cuanto más culto es un hombre o un pueblo, más dispuesto está a eliminar libros amparado en mitos apocalípticos». Seguro que tiene razón, pero eso no quita para que, al menos ocasionalmente, pueda haber razones legítimas para destruir libros quemándolos.

No es que nos guste quemar libros. Ningún libro. Ni siquiera una guía de teléfonos (aunque hayan sido utilizadas a menudo como instrumento de tortura: enróllala con fuerza sobre sí misma, golpéate con ella la cabeza o el muslo en tensión y enseguida lo entenderás). Pero podemos disculpar, por ejemplo, el ritual de un recién graduado al quemar su ejemplar de esa enésima edición del Derecho del trabajo de Montoya o la Contabilidad de Sáez Torrecilla que tantos quebraderos de cabeza le dio.

Tampoco le reprochamos a Manuel Vázquez Montalbán esa afición desmedida de Pepe Carvalho por usar libros como combustible: «Leí libros durante 40 años de mi vida y ahora los voy quemando porque apenas me enseñaron a vivir», dice en Quinteto de Buenos Aires. Y en el mismo libro recuerda que fue el Quijote uno de los primeros libros que quemó. El primero había sido España como problema, de Pedro Laín Entralgo. En Tatuaje (1974) afirma que le quedan unos tres mil libros. En Los mares del Sur (1979) ya había consumido un tercio.

Hay también una película, The Day After Tomorrow (En España se llamó El día de mañana y El día después de mañana en Latinoamérica) en la que la quema de libros es un acto de supervivencia. En una súbita glaciación, más parecida a una plaga bíblica que a una consecuencia del cambio climático, un puñado de personas consigue refugiarse en la Biblioteca Pública de Nueva York. Su única posibilidad es mantener un fuego permanente que impida la entrada del hielo en el interior. Pronto se dan cuenta de que los libros arden mejor que los muebles y, tras debatir si quemar antes las obras de Nietzsche o unos tomos de ordenanzas fiscales, un bibliotecario de aspecto pánfilo (hasta cuándo esta cruz) abraza contra sí mismo un ejemplar de la Biblia de Gutenberg para librarlo del fuego. Bueno, en realidad un solo tomo, aunque el ejemplar de la NYPL tiene dos. En todo caso, antes de llegar a Gutenberg aún les quedarían los cincuenta millones de documentos que atesora la biblioteca. Aquí puedes ver un resumen y un pequeño trailer de tres minutos; y aquí Marcos Ros Martín, el Documentalista Enredado, hace un comentario sobre ella. Sigue leyendo

Biblioideas: El Pedroso, una nueva Villa del Libro

IOBA lo largo de estos cuatro años, hemos dedicado nueve de las cuarenta y ocho biblioideas (ésta es la décima) a hablar de ciudades libreras, esas pequeñas localidades que buscan en el mundo de la cultura propiciar su desarrollo o, sencillamente, evitar su desaparición.  En estos casos, en lugar de tirar cabras desde un campanario o «deconstruir» eccehomos, prefieren destacar en el mapa por los libros y mantener una infraestructura cultural en torno a ellos atractiva para sus visitantes. De España vimos en su momento dos: Urueña y Bellprat. Sólo Urueña pertenece a la International Organisation of Book Towns. Bellprat, que sepamos, no ha solicitado su ingreso.

Recientemente se ha sumado una más: El Pedroso, un municipio de poco más de dos mil habitantes en la Sierra Norte de Sevilla. Éste sí solicitó formar parte de la I.O.B. y es posible que en estos momentos ya pertenezca oficialmente a ella.

El Pedroso

Todo empezó con “La Fundición”, Asociación Cultural para el Desarrollo de El Pedroso, «una iniciativa sin ánimo de lucro, e independiente de partidos, instituciones o empresas, creada para propiciar desde la cultura, el desarrollo y la promoción de El Pedroso».

Desde 2012 fue elaborando un Plan Estratégico para el Desarrollo de El Pedroso desde la Cultura. Con él se pretendía conseguir para el municipio la denominación internacional de Villa del Libro y crear un proyecto expositivo en torno al libro cuyos primeros resultados ya se pueden visitar en el Centro de Cultura Escuelas Nuevas de la localidad. Sigue leyendo

Las biblioideas arquitectónicas de Marta Minujín

Marta Minujin

Marta Inés Minujín es una artista argentina que acababa de cumplir 23 años en marzo de 1976, cuando los militares empezaron a llenar de cadáveres su país.

En 1983, acabado el terror, Marta instaló en medio de la Avenida 9 de Julio (una de las principales arterias de Buenos Aires, la más ancha del mundo dicen) una estructura metálica, reproducción del Partenón griego, y la llenó de todos aquellos libros que habían sido prohibidos, quemados o enterrados durante la dictadura. Bueno, de todos no; utilizó exactamente 30.000, tantos como personas desaparecidas en esos ocho años fatales. Pasadas tres semanas, la gente pudo desmontar la obra y llevarse los libros a su casa. Lo llamó el Partenón de libros. En este vídeo, la autora reflexiona sobre aquella experiencia.

Partenón de libros (Marta Minujín)

Nuestro país no destaca precisamente por su capacidad para asumir el pasado y restaurar la memoria de sus vencidos aunque, si un día quisiéramos hacer algo así a cuenta de los libros prohibidos durante cuarenta años de dictadura, no tendríamos suficiente con toda la Acrópolis. Conviene recordar que, en sus peores años, y si no pertenecías a sus élites, tu biblioteca podía llevarte directamente a la muerte o, como mínimo, a la cárcel. Y, hasta bien entrados los años setenta, vender determinados libros era una actividad de riesgo.

Que se lo pregunten si no a todas esas librerías que sufrieron el cierre gubernativo o, como la zaragozana Pórtico, la explosión de bombas en sus locales. Pepe Alcrudo y quienes trabajaron en ella se la jugaron trayendo a su trastienda los libros que el dictador no nos permitía leer. Y eran muchos: autores, colecciones y editoriales enteras. Leerlos suponía vulnerar la ley. Censores como Cela, Torrente Ballester, Luis Rosales, Fernando Tovar, Dionisio Ridruejo o el periodista Emilio Romero eran los encargados de la tarea. Curiosamente, el propio Cela, en 1951, tuvo que publicar La colmena en Buenos Aires, años antes de que Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo, la autorizara en 1963.

Torre de Babel (Marta Minujín)

Pero estábamos con Marta Minujín. Mucho tiempo después de aquel Partenón, en 2011, volvió a sorprendernos con una obra similar, esta vez en la plaza de San Martín de Buenos Aires. Con la idea de «unificar todas las razas a través del libro y recordar la mitológica Torre de Babel, de hace más de 4.000 años» y con la sombra de Borges al fondo, creó la Torre de Babel, una estructura en espiral de seis plantas y 28 metros de altura. La construyó dentro de los actos que celebraron la designación de la ciudad como Capital Mundial del Libro 2011 por la Unesco. Utilizó la misma cantidad de libros que en el Partenón, 30.000, pero en este caso fueron donados por asociaciones civiles de más de cincuenta países (entre ellas el Gobierno Vasco a través del donostiarra Instituto Etxepare) y por lectores anónimos. Sigue leyendo

Biblioideas: Libros en el desierto

Bubisher en el desiertoEn varias de las últimas biblioideas (las de enero, marzo y mayo) se han colado los refugiados. Las leíamos sin caer en la cuenta de que nosotros también  tenemos nuestros propios refugiados. Es más, hubo un tiempo que tenían el mismo DNI que tú, el mismo libro de familia, la misma documentación. Eran, en términos legales, tan españoles como tú. Lo recordó el propio Tribunal Supremo en su sentencia 1026/1998.

Dice la Constitución Española (art. 11.2) que ningún español de origen podrá ser privado de su nacionalidad, pero hoy, desde 1976, más 200.000 saharauis se encuentran realmente en esa situación: como extranjeros en su propia tierra o exiliados en los campos de Tinduf, por no hablar de la diáspora en otros países o de los que pueblan las cárceles marroquíes.

Pero, en fin, aquí hablamos de cosas que se pueden hacer con libros, no es lugar para analizar qué ha ocurrido en estos cuarenta años o cómo están las cosas ahora. Puedes ver para ello la página de la Delegación para España del Frente Polisario, fundado en 1973 para conseguir la independencia del Sahara Occidental. En esta página de Um Draiga, la Asociación de Amigos del Pueblo Saharahui en Aragón, puedes hacerte una idea de la situación, también en la del Observatorio Aragonés para el Sahara Occidental. En ésta de Médicos del Mundo tienes información específica sobre la situación en los campamentos. Precisamente, el pasado abril una delegación del Ayuntamiento de Zaragoza los visitó.

Biblioteca

A pesar de todo la vida se abre paso y, en medio de las dificultades y de la cada vez más escasa ayuda internacional, los saharauis viven el día a día en unos campamentos que se llaman como las ciudades que tuvieron que abandonar (El Aaiún, Auserd, Smara, Dajla y Bojador). En 2008 surgió el Proyecto Bubisher (el bubisher es el pájaro de la buena suerte en la tradición saharaui), un proyecto destinado a crear una red de bibliotecas y bibliobuses en los campamentos. Editan un boletín mensual y colaboran con las escuelas locales. Sigue leyendo