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“Biblioreseñas : No leas mañana lo que puedes leer hoy”.
Nuestra compañera Laura Bordonaba realiza un viaje a los fondos literarios de la BUZ para atraernos a su lectura; si puede ser hoy, antes que mañana. Si te gusta su propuesta, te indicamos cómo localizar la obra en nuestro catálogo.

Biblioreseñas : “Alta Fidelidad”, de Nick Hornby

Alta Fidelidad, de Nick Hornby. Editado por Anagrama

“Biblioreseñas : No leas mañana lo que puedes leer hoy”

(Por Laura Bordonaba Plou, Biblioteca de Humanidades María Moliner, U.Z.)

A veces las novelas que a priori no tratan del amor son las que precisamente gritan AMOR. Todos tenemos una banda sonora que acompaña y mece nuestra vida amorosa, nuestra vida de aciertos y miserias, soledades y comienzos. Porque la música, son sonidos y son palabras, y por ello, se convierte en discurso y en grito de nuestro transitar. Nick Hornby sabe muy bien lo que hace, el rock es vida, está vivo y, sin duda, ama.

El título de la novela ya nos da una pista de lo que vamos a encontrar aquí. Porque el título es metáfora de ese Rob, el protagonista, fiel a la música, a su estilo de vida, a unos recuerdos, e incluso, a un futuro. Homenaje a la música y a un tipo de personas, con las que me identifico, a las cuales la música, literalmente, salva la vida un día tras otro. Por eso me ha gustado tanto releer y ahora poder hablar de este libro de Hornby, sencillo, desnudo, como es el rock, en el que la música funciona a la perfección como un elemento principal de la narración, creando significados. A través de las connotaciones de los diferentes géneros musicales, los personajes se definen, se comunican y logran trasladar al lector-espectador gran parte de la información que no está presente en la estructura narrativa.

Nick Hornby (imagen: Wikipedia)

La novela de Hornby nos lleva a una reflexión obligada: la saludable alianza entre la literatura y el rock. En el momento en que Hornby escribe Alta Fidelidad (1995), el panorama musical era diverso; el rock había dejado de ser hegemónico hacía tiempo y se había vuelto alternativo, manteniendo su propia identidad y coexistiendo con el resto de géneros musicales.

Rob es un gran conocedor de música popular que regenta una tienda de discos en la que venden «un poco de todo lo bueno. Blues, country, soul clásico, new wave…» (p. 51); Rob encarna al fan del rock alternativo de los noventa, que ya no vive una oposición al pop y manifiesta un gusto ecléctico en cuanto a géneros musicales y períodos de la historia de la música, manteniendo una querencia patente por lo minoritario, lo “auténtico”. De esta manera, la novela se convierte en un documento de cómo se ha ido transformando la ideología del rock en los años ochenta y noventa desde la exclusión al eclecticismo.

Los gustos musicales (al igual que los literarios y cinematográficos) a menudo han sido considerados como parámetros útiles para definir la identidad de una persona; a través de estas preferencias el individuo se identifica con los discursos que articulan sus artistas favoritos y los asume como referentes de sus valores y su personalidad.

Alta Fidelidad utiliza el poder de la música y la ideología de los géneros musicales para definir los personajes o construir sistemas de valores compartidos por una comunidad. El uso de la música en este sentido va más allá de la función narrativa, ya que ésta consigue desatar en el lector-espectador una serie de identificación y afiliación que genera sentimientos de empatía y no empatía paralelos al desarrollo narrativo del texto. Así, la música de Alta fidelidad suena a lo largo del libro y se centra en la definición de personajes de forma individual Rob es treintañero, acaba de ser abandonado por su novia Laura, regenta una tienda de discos en Londres, tiene pocos amigos, y, en general, parece estancado, pero medianamente feliz. Alta fidelidad, película rodada en el año 2000 por Stephen Frears

El libro comienza con una lista que Rob nos ofrece sobre sus «cinco rupturas más memorables», en orden cronológico. A lo largo de la novela veremos que estas cinco rupturas, estarán presentes de alguna manera, en las reacciones de Rob, en sus supuestas inseguridades, en sus supuestas virtudes, en sus supuestos errores, y hasta en sus supuestas elecciones. Desde el primer rollete de parque, en plena adolescencia, a la novia buena que no se deja meter mano, la novia del amigo, la novia inalcanzable, la novia comodidad. Un gran acierto de Hornby el buscar personajes tan reales con los que el lector puede sin duda sentirse identificado.

Rob define a sus novias también a través de la música, de lo que escuchan, de los grupos que no conocen, o de las canciones que le inspira cada una al pensar en ellas. Así, describe a Penny como una chica “agradable” que escuchaba a James Taylor, Carole King, Cat Stevens o Elton John. Estas asociaciones música-personaje llevan implícitas juicios de valor, siempre en función de los gustos musicales del propio Rob. Y Rob también se define por los juicios musicales de los demás y sobre todo por sus propios enunciados, por las canciones de desamor que le definen, cuando habla del orden de su colección de discos, y los ordena de manera autobiográfica, construyendo la banda sonora de su vida, esa que todos tenemos (por eso es tan fácil conectar con Hornby, porque los lugares comunes son lugares amados). El orden autobiográfico de su colección de discos le otorga poder sobre ella, y como reflejo, sobre su vida («Tienes que ser yo para encontrarlos»).

El orden de sus discos es un intento de “escribir mi autobiografía sin tener que hacer cosas como coger un bolígrafo” Rob tiene una tienda de discos llamada ‘Championship Vinyl’. Música minoritaria (si el rock, el blues, etc. lo han sido alguna vez). Trabajan con él dos amigos, Dick y Barry, dos arquetipos de esa persona verdaderamente apasionada por la música, que la escucha y la colecciona casi de manera compulsiva, que hace listas constantemente de sus discos preferidos, de los más odiados, de riffs de guitarra, o de canciones compuestas por artistas ciegos, que cuando sale de trabajar va a conciertos, y que “domina” la escena musical.Alta fidelidad, película rodada en el año 2000 por Stephen Frears

Cuando Rob imagina los cinco empleos soñados de su vida también tienen que ver con la música. Rob, Barry, y Dick, conforman 3 arquetipos de treintañero distinto, el que siempre ha tenido novias, el que tiene ganas de tener una, y el que siente que teniendo música no la necesita. Tienen una relación simbiótica, que parece solamente tejida por esas constantes referencias musicales que tienen en común, pero que a lo largo del libro se revelan como algo más, puesto que tener los gustos musicales en común, si seguimos creyendo que dicen tanto de nosotros, ya es mucho más de lo que tienen algunas personas.

El libro se centra en todo lo que sucede a Rob tras el abandono de Laura. La sensación de liberación, que una vez más, se extrapola a la música (Rob piensa en que POR FIN va a poder ordenador su colección de discos como quiere, incluso, pintar un gran anagrama en la pared del comedor), la sensación de que todo el universo femenino vuelve a estar a su alcance, la sensación de fracaso y abandono, de echar de menos, de tener ganas de volver a un lugar seguro, y sobre todo, aceptar que quizás la monogamia, sin los fuegos artificiales del principio, que se revelan más artificiales que nunca, sea algo que merezca la pena conservar.

En ese sentido Championship Vinyl Records se erige en símbolo de una forma de vida adolescente, libre. Vemos como la madre de Rob le dice «¿Cuándo te vas a buscar un trabajo serio?», o como el mismo Rob, piensa que Laura ha cambiado desde que tiene un trabajo serio, que cuando lo conoció, siendo un pinchadiscos de un pub local, le gustó por eso mismo que ahora parece haberle estancado. Rob sigue trabajando en los suburbios, mientras Laura trabaja en el centro. «Los hombres deben trabajar en lugares en los que otra gente trabaja», dice en un momento dado Rob.

Porque Rob, el tierno y perdido Rob, comienza a plantearse que quizás el rock, una tienda de discos de espíritu adolescente y que no avanza, e incluso, escuchar música que la gente “importante” no conoce, sean señales de que debe cambiar. De que debe de olvidar que no habrá más cintas grabadas, más primeras listas de discos. Que el problema quizás sea que Laura ha cambiado, y él no. Pero antes de eso, tiene que asegurarse que el pasado nunca fue mejor que el presente, tendrá que volver a esos primeros discos, a los días de parque, de instituto, y de relaciones fallidas.

Rob recurrirá a esa lista de ex que marcaron su vida y se empeñará en un reencuentro con ellas, puesto que necesita saber qué pasó, cómo están ellas ahora, que queda del Rob que fue abandonado en un parque o del que no era lo suficientemente artista, si ellas han acabado con alguien mejor, si están solas, si lo echan de menos alguna vez… preguntas que todos nos hemos hecho cuando nuestra vida amorosa llega a un impás serio. Se preguntará si seguir grabando cintas recopilatorias para las chicas, sigue siendo lo que quiere hacer. Y que quizás cambiar no es sinónimo de traicionarse, sino de madurar, manteniendo la esencia.

La música define a Rob en una primera etapa y después pasa a ser su hobby y su manutención, despertando así a la vida adulta, pero siendo capaz de reconocerse a sí mismo. Decide dar un impulso a su negocio, decide que no habrá más cintas para chicas que acaba de conocer, y que no va a juzgar a la gente por la música que no conocen y él cree que deberían conocer.

La música define aquí una actitud cultural, la del ser libre y puro, sin contaminar, que se mueve por emociones. Y eso es lo que conquista de Rob, es un patoso, un torpe, un pagafantas algunas veces, un capullo integral la mayor parte del tiempo, pero es nuestro capullo integral, es más, nosotros somos ese capullo integral. Y todos queremos crecer, queremos cosas buenas, bonitas, y salvajes, pero también queremos calor, una cocina, alguien que nos cocine, que nos cuide cuando estamos enfermos. Queremos rock, queremos actitud, pero también queremos llegar a casa y pensar: «mira, está sonando nuestra canción, aquella que sonaba cuando nos conocimos». Queremos incluso llegar a estar en casa, tirados en el sofá, y dejar de escucharla, porque, hay tanto y tanto por decir.

La obra en la BUZ:

Puedes solicitar en préstamo esta obra en nuestro catálogo de la biblioteca:

High Fidelity / Nick Hornby

Y también puedes ver la versión cinematográfica que Stephen Frears dirigió en el año 2000:

Alta fidelidad [película] / dirigida por Stephen Frears

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Biblioreseñas: Albert Camus: Carnets I y II

Albert Camus

“Biblioreseñas : No leas mañana lo que puedes leer hoy”

(Por Laura Bordonaba Plou, Biblioteca de Humanidades María Moliner, U.Z.)

ALBERT CAMUS: CARNETS I Y II

Albert Camus es seguramente, uno de los últimos grandes humanistas. Enfrentarse a la lectura de sus diarios es emprender un viaje sin retorno, es amar a Camus, es escuchar esa voz interna, esa llama que vive en el corazón de los seres humanos y que necesita de palabras que la alumbren para que crezca y no tenga miedo. Elijo precisamente estos “carnets” o diarios porque creo que se le han dedicado menos palabras que a otras obras suyas. Y porque el espíritu “camusiano” está muy presente, tanto en estilo como en pensamiento.

Camus los escribió durante los años comprendidos entre 1935 y 1959, un amplio período de su vida que nos deja ver su evolución vital. Es una obra parcial, fragmentaria, y hasta algo oblicua. Su lectura no es fácil, no estamos ante un diario al uso, sino ante las digresiones y anotaciones, a veces perezosas, de su pensamiento y de su vida. El fruto y el regalo del esfuerzo de su lectura arrojan momentos de verdadero humanismo al nivel de su altura intelectual.

Creo que una de las mejores maneras de ilustrar todo esto es precisamente reproducir algunas de las citas y fragmentos de los carnets. Veréis cómo contextualizándolo en el momento actual, Camus sale ileso en cuanto a la vigencia de su pensamiento. Camus fue y va a ser siempre. Así pues, obra fundamental, llena de luz (de hecho de lo más luminoso de la creación existencialista).

Albert Camus: Carnets

A partir de 1935, Albert Camus (1913-1960) llevó un irregular diario de trabajo en el que tenían cabida apuntes de muy diversa índole: proyectos de novelas y piezas teatrales, reflexiones filosóficas y morales, notas de viajes y de lectura, descripciones de paisajes, citas literarias, conversaciones escuchadas en la calle, esbozos de diálogos dramáticos, esquemas argumentales, etc.

Respetando la secuencia cronológica, el primer volumen reproduce las anotaciones entre 1935 y 1942, mientras el segundo tomo se extiende desde comienzos de 1942 hasta marzo de 1951. Los Carnets 1 y 2 de Camus son, como decíamos, seguramente menos conocidos que sus diarios de viaje, pero constituyen un tesoro de incalculable valor.

Albert Camus («francés de Argelia», como a él le gustaba definirse) resultó ser el polo opuesto a lo que Dominique Noguez definió irónicamente como «le grand écrivain» (el gran escritor). Camus fue, hasta el final de sus días, el hombre discreto, lleno de vitalismo y con una fe ciega en el hombre; mostró su distancia contra toda forma de radicalismo y preconizó una moral según la cual el hombre puede hacer frente a su propia condición.

Nos enfrentamos al diario vital de una persona, durante casi 25 años, lo que nos permite ver la evolución, el cambio de tono, de la naturaleza de estas páginas. Las anotaciones no son diarias, no siguen una cronología más o menos regular, son caóticas, sin dar lugar a la “confesión” clara (a pesar de ser un gran amante de los diarios personales, como Delacroix o Tolstoi) Son más bien anotaciones objetivas, apuntes de sus viajes. (Primeros años: Argelia. Marzo-mayo de 1946: Estados Unidos. 1949: América del Sur).

En sus últimos años logra encontrar una síntesis entre lo personal y lo impersonal, cuando, al referirse a la necesidad de hallar “una soledad aceptada y pródiga, inclinada únicamente ante el ser del mundo, secretamente”, afirma que para quien pierde la memoria el diario puede ser una salvación, un instrumento de esta ascesis. (Carnet II, 353)

Si hay una idea que vertebra todos los cuadernos (9) que componen los carnets, es la idea de la felicidad. Una felicidad que parece angustiar a nuestro querido escritor: “La exigencia de la felicidad y su búsqueda paciente. No es necesario desterrar la melancolía, pero sí, en cambio, destruir en nosotros esa inclinación por lo difícil y lo fatal. Ser feliz con los amigos, estar en armonía con el mundo, y lograr la felicidad siguiendo un camino que conduce, sin embargo, a la muerte” (20 de octubre de 1937). Esta es, sin duda, una de las ideas fundamentales de su línea de pensamiento. Se repite a lo largo de sus Carnets II: “Lo bello, dice Nietzsche después de Stendhal, es una promesa de felicidad. Pero sí no es la felicidad misma, ¿qué puede prometer?” (II, 148) Camus habla de la felicidad que le lleva casi a las lágrimas durante su breve estancia en Grecia. Leemos que el sol, la luz, el aire límpido, la compañía del mar, le llevan a un estado de felicidad que “quisiera retener contra mí, estrechar esa alegría imposible de expresar, que sé que ha de desaparecer”. (Ahí otra de las ideas clave, esa felicidad destinada a desaparecer, que durante las etapas de curación del autor, cita como estado ideal al que hay que volver). Una felicidad ligada al ocio y a una cierta pobreza, que no miseria. (“El tiempo se compra, todo se compra. Ser rico es tener tiempo para ser feliz cuando se es digno de ello”. I, 507). Quizás todo esto relacionado a su vez con otra de las ideas reveladas brevemente: “Yo no creo en Dios, y no soy ateo”. Sigue leyendo

Biblioreseñas: “Cartas a Theo”, de Vincent Van Gogh

Cartas a Theo / Vincent Van Gogh. Barcelona : Paidós, D.L. 2009“Biblioreseñas : No leas mañana lo que puedes leer hoy”

(Por Laura Bordonaba Plou, Biblioteca de Humanidades María Moliner, U.Z.)

Cartas a Theo / Vincent Van Gogh ; traducción, fragmentos biográficos, notas y epílogo de Antonio Rabinad. Barcelona : Paidós, D.L.  2009

Cartas a Théo trasciende la novela epistolar. Trasciende también la simple idea de las reflexiones de un escritor, para ofrecernos un viaje único, la del retrato de un hombre que vivió y sintió su tiempo, al hombre, la pintura, que supo amar su pintura pero también la de los otros, y supo verla a través de sus ojos. Un artista víctima de sí mismo, irrepetible.

Que nadie se acerque a esta obra pensando que simplemente va a encontrar cartas entre dos hermanos. No. La correspondencia entre Vincent y Théo arroja luz sobre una de las biografías más apasionantes que se puedan leer. La de un hombre, un artista en toda la dimensión de la palabra, de una sensibilidad aplastante. Ordenadas de manera cronológica, las 652 cartas reunidas nos ofrecen un fresco y vívido retrato de Van Gogh y su época, desde los 19 años de edad, hasta su suicidio en 1890, además de una personal visión de la estética. Fueron Théo y su esposa quienes se ocuparon de ordenarlas, recopilarlas y publicarlas a manera de biografía del pintor.

Cartas que nos hacen viajar. Comienzan en Londres, para continuar en París y posteriormente Amsterdam. Etten, Bruselas y Borinage. Vuelta a Bruselas y regreso de nuevo a Etten. La Haya, Drenthe y después, Nuenen, Amberes y París. Arlés hasta mayo de 1889, Saint-Rémy, y por fin, su último viaje hasta Ouvers-sur-Oise, del 21 de mayo al hasta su muerte, el 29 de julio de 1890.

Asistimos a los comienzos de la vida adulta de Van Gogh, desde sus primeros pasos en París, como empleado de la casa Goupil, una galería de arte, cuando el pintor acaba de pasar unos años en Londres, donde ha descubierto su pasión por la pintura, y ha sufrido un fuerte desengaño amoroso, que cambia su carácter. Van Gogh se nos revela ya entonces como alguien con un espíritu libre y frágil, al que hiere la belleza del mundo, y que al difícilmente imaginamos en un empleo “corriente”. Van Gogh se avista desde el principio como alguien que necesita expresarse, a través de su arte y del de los demás, expresar ese dolor, y ese torrente de vida que adivinamos. Un misticismo volcado en la pintura, a través de la cual expresa el amor a la naturaleza y al ser humano. Una personalidad intensa, que sufre el rechazo de la sociedad burguesa, y que parece encontrarse más cómodo en la naturaleza y entre campesinos que en la ciudad. Autorretrato. Vincent Van Gogh.

En una carta escrita durante sus primeros años en Amsterdam Van Gogh escribe: “A veces conviene ir hacia el mundo y frecuentar los hombres, pues uno se siente obligado y llamado; pero el que prefiere permanecer solo y tranquilo en su labor y no pretende más que muy pocos amigos, es el que circula con más seguridad entre los hombres y el mundo”. Van Gogh nos está ofreciendo en ese momento su primer autorretrato.

Conforme se suceden las cartas, y pasan los años, el carácter de Van Gogh se afila, asistimos a la comunión de Vincent y la naturaleza, asistimos a un gran desfile de obras, propias y ajenas, a la minuciosa descripción de pintores tan fabulosos como Delacroix, Millet… Vincent pinta, aprende a pintar, se perfecciona, y espera el momento en que sus pinturas puedan ser colocadas fácilmente en el mercado por su hermano, amigo y confidente, marchante de arte. De Millet, al que reverencia, Vincent hace suya una frase: “El arte es un combate; en el arte es necesario jugarse la vida” “Se trata de trabajar como un negro: preferiría no decir nada, a expresarme débilmente”.

Asistimos a complicados momentos económicos (Van Gogh pide dinero en varias ocasiones a Théo), y de debilidad y agotamiento mental y físico. (“La convicción de que nada, salvo la enfermedad, puede quitarme esa fuerza que comienza a desarrollarse en mí” o “Yo busco, yo persigo con todo el alma” “Yo soy un artista” “no quiero belleza que sea debida al material sino a mí mismo).

A través del dominio del dibujo Vincent se purifica y se salva. Como adorador del sol, vemos también un amor creciente por el color amarillo: pinta de amarillo la casa que quiere que sea ese taller, dibuja enormes girasoles amarillos. El color de los que están cegados por Dios. Y mientras Vincent se acerca a Dios, su estabilidad mental, su lucha por demostrar que su trabajo y su vida es rentable, su lucha por merecer a su hermano, lo van arrancando más y más de la vida.

Durante 10 años vemos a Vincent consumiéndose en una hoguera alimentada por la presión por demostrar  a su propio hermano que la inversión en él es un acierto, al que continuamente pide prórrogas de un mes más a su paciencia, sabiendo que lo está arruinando y sospechando que va a ser el responsable de malograr las vida de ambos. El carácter de Vincent es de natural furioso y obsesivo, al que unimos el frecuente desequilibrio entre grandes artistas de talento, con los que Vincent destruye su vida en un camino de perfección espiritual y examen continuo de conciencia.

Mientras esta destrucción progresiva sucede, vamos teniendo pinceladas de la progresión de Vincent,  que alcanza muy pronto el estado ideal del pintor que sólo ve y pinta, en contraste a aquellos que piensan. Pinta desde dentro el paisaje exterior. Autorretratos emocionales.

Théodore y Vincent Van Gogh

La última carta, número 652 de la correspondencia, no llegó a ser enviada. La encontraron en el bolsillo de la chaqueta de Vincent el día de su muerte, el 29 julio de 1989. El pintor agonizó a lo largo de dos días en la habitación de una posada, tras haberse disparado en el costado, dando tiempo a que su hermano Théo viajara desde París para consolarlo durante sus últimas horas de vida. Théo murió un año después, aproximadamente, de pena y lleno de deudas y de dudas, sin ver el ascenso a la gloria de la cotización que la obra de Van Gogh tendría inmediatamente después de la muerte de ambos.

Y es que uno de los grandes valores literarios de estas cartas es el reflejo de una gran historia de amor trágico entre hermanos que se reparten las tareas de un proyecto común: imponer el nuevo arte en el mercado. “(Lo reconfortante para uno, cuando se colabora y trabaja en grupo, es que no ha de cargar él solo con sus sentimientos e ideas. Y entonces se es capaz de mucho más, y uno es infinitamente más dichoso. Esto es lo que quisiera que hubiese desde hace tiempo entre nosotros)”.

Como testimonio, las cartas enseñan la evolución en primera persona de un hombre que se rompe y de un artista que se inmola, con la lucidez de un iluminado. No es de extrañar que Antonin Artaud, otra fragilidad iluminada, dedicara un ensayo a V.G.

La obra en la BUZ:

Consulta las diversas ediciones de esta obra en nuestro catálogo de la biblioteca en este enlace.

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