El préstamo de pago en Bibliotecas o la privatización del conocimiento en el corazón del capitalismo posmoderno

Mª Engracia Martín Valdunciel. Universidad de Zaragoza. Biblioteca universitaria

(artículo publicado en el Diario del Alto Aragón, 7-9-2014)

No al préstamo de pago en bibliotecasNos parece pertinente centrarnos en este artículo no en el contenido específico del RD/ 624/2014, un ejemplo más de una perversa dinámica gubernamental a base de decretazos, porque consideramos que resulta meridianamente claro para cualquier persona que lo lea y porque, además, ha habido reflexiones muy valiosas sobre su significado (ver http://noalprestamodepago.org/2014/08/).  Entendemos que es importante enmarcar este tipo de medidas en las dinámicas privatizadoras y expropiadoras de las últimas décadas para comprender su sentido y su trascendencia en nuestra sociedad y, por tanto, para que el conjunto social se sienta interpelado. Creemos que no sería acertado interpretarlo sólo como una cuestión más o menos técnica que afecta negativamente al mundo bibliotecario; se trata, mas bien, de una agresión política a la riqueza colectiva y que, por tanto, toda la sociedad debería cuestionar. A este objetivo pretende contribuir esta aportación.

Los procesos de creación, producción o circulación del saber en que nos encontramos no responden en manera alguna a un “orden natural” como el pensamiento hegemónico mantiene. Más bien son resultado de políticas, normativas y discursos desarrollados a lo largo de la historia, y no sin conflictos derivados del choque de intereses y derechos particulares y los de la sociedad. Si bien las regulaciones sobre la circulación del saber son anteriores, es el capitalismo y las revoluciones liberales burguesas las que ponen las bases ideológicas de lo que ahora conocemos como propiedad intelectual (I. Sádaba). Así, en el plano discursivo hubo que construir todo un ideario relativo a la individualidad creadora, o el descubrimiento personal, ex nihilo, como si la gestación y acumulación de saber pudieran prescindir de la creación colectiva y compartida previamente.  También fue preciso violentar y reducir todas las formas de valor a mercancía para vincularlas mediante una equivalencia general a través del dinero. Además, se propiciaron regulaciones y procedimientos, como los derechos de copia o patentes, para producir una “escasez” artificial de un bien que no es concurrente: el conocimiento no entra en competencia pues su uso simultáneo no disminuye su valor o su utilidad social; al contrario. Son algunas nociones básicas que se encuentran en el sustrato de lo que se conoce como propiedad intelectual cuya evolución histórica no ha sido lineal. En el siglo XX la acentuación y extensión de los procesos de mercantilización de la cultura o la concentración de derechos en manos de grandes corporaciones (sobre todo con el paso del taylorismo al fordismo) así como el temor a la extensión de la capacidad de copia de la tecnología electrónica prefiguran un panorama en el que la industria del copyright concentra sus esfuerzos en rentabilizar económicamente los derechos de explotación de la producción intelectual a costa del derecho social a compartirla o adquirirla en condiciones razonables y cuyo proceder tiene que ver con la intensificación del capitalismo financiero de finales del siglo XX. (C. Rendueles, en Stallmann)

¿En qué momento nos encontramos en la actualidad? Si en el origen del capitalismo inglés se encuentra el fenómeno de las enclosures como procedimiento de expropiación de bienes comunes para constituir la acumulación primera de capital, de forma paralela, desde el último tercio del S. XX asistimos a procesos de acumulación similares (acumulación por desposesión, como mantiene D. Harvey) a partir de la expropiación de conocimiento y la privatización de servicios públicos que forman parte de los Estados de bienestar. Ambos constituyen la savia del capitalismo posmoderno. Si la modernidad se caracterizó por la intensificación de los procesos industriales, la posmodernidad se identifica con la terciarización y la informatización aplicada a la producción posfordista. Se ha ido conformando un mundo, ya conocido y familiar, en el que el eje central de la economía, porque genera más valor al capital, se centra en actividades relacionadas con la manipulación de símbolos. Algunos teóricos (M. Lazzarato) para caracterizar este tipo de trabajo – principalmente desarrollado en el sector servicios y con un uso intensivo de las tecnologías lingüísticas y comunicativas y el trabajo cooperativo en red- se refieren a él como trabajo inmaterial y los bienes que se producen no son físicos, aunque si reales:  información, conocimiento, bienes culturales, manipulación de afectos o emociones.

Pago por el préstamo en bibliotecas (Imagen Diario del Alto Aragón)La privatización de lo que el sistema concibe como motor económico del siglo XXI, por consiguiente, resulta vital en la lógica de explotación del capitalismo tardío: se produce a escala geopolítica y dentro de los países a partir, sobre todo, de la crisis de 1973 del siglo pasado que marca, grosso modo, el tránsito hacia lo que algunos teóricos denominan capitalismo cognitivo (Fumagalli). A finales de la pasada centuria y a medida que la globalización y las políticas neoliberales se extienden, asistimos a una intensificación y mundialización de normativas sobre lo que se conoce como propiedad intelectual, fenómeno que no es ajeno a la difusión de la tecnología electrónica, como se ha indicado: se pretende que las restricciones abarquen mayores áreas (plantas, cadenas genéticas, sabiduría ancestral de comunidades indígenas) y mayores coberturas: son conocidas las estrategias de la factoría Disney para retrasar que buena parte de su producción -paradójicamente procedente del acervo común-  entre en el dominio público. A escala mundial podrían citarse el nacimiento de la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) en 1967 así como el Acuerdo de la OMC (Organización Mundial de Comercio) sobre Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio, de 1995, como hitos en el proceso de homologación global (Zukerfeld) ; se trata de organismos muy potentes que gozan de una autonomía que roza la impunidad de tal manera que, en caso de conflicto entre los intereses de grandes corporaciones y los de la sociedad, el arbitrio de la OMC no reconoce legitimidad a jurisdicción alguna que no proceda de sus propios tribunales (S. George). Por ejemplo, en el caso de los últimos enfrentamientos entre grandes multinacionales farmacéuticas y la salud de millones de personas la balanza se ha inclinado hacia la defensa de los intereses de las primeras.

El nuevo orden mundial que surge a partir de 1989 tiene una gran ambición de totalidad, de abarcar un mundo unificado bajo un mismo dominio. El Imperio (Hardt, Negri)  ha supuesto una reordenación de los poderes militares, monetarios o de gestión política en todo el globo debido, en buena medida, al peso de las corporaciones transnacionales o las agencias de control simbólico que actúan en la ampliación de los espacios mercantilizados. En este escenario en los Estados-nación se ha producido una devaluación constante de su soberanía pero siguen siendo fundamentales en el mantenimiento del orden mercantil y en su papel de mediadores entre los poderes e intereses económicos de las grandes multinacionales y los súbditos administrados en su territorio. En el tablero geopolítico y en relación con los procesos de apropiación de conocimiento se alinean países ricos, propietarios de patentes y derechos, y países pobres a los que, a menudo, se esquilma un saber colectivo: se produce una rapiña, una bio-piratería, que nos retrotrae a colonizaciones anteriores, como mantiene V. Shiva. Bajo un paraguas de regulación global y administración local asistimos a espectáculos tan delirantes como que debido a los privilegios del gigante Monsanto se pueda sancionar a un pequeño agricultor indio por guardar, o compartir, sus semillas; o que a partir de la prepotencia de multinacionales como Bechtel se pueda prohibir recoger agua de lluvia a un boliviano (ver También la lluvia de I. Bollaín). La racionalidad económica, espejo de la global, se impone en el interior de los países: el capital vampiriza recursos públicos y rentas procedentes del trabajo mediante regulaciones ad hoc. Por ejemplo, en España la transferencia tecnológica (Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación) no es fácil disociarla de la privatización de investigación y de producción de nuevo conocimiento en instituciones públicas; o la racionalización del sistema educativo (RD-Ley 14/2012, de 20 de abril, de medidas urgentes de racionalización del gasto público en el ámbito educativo) de su reconversión en función de intereses y regulaciones internacionales (Banco Mundial, Estrategia de Lisboa 2000 o su actualización en la Estrategia Lisboa 2020).

Forma parte de la misma lógica la explotación de profesionales altamente cualificados (nuevo cognitariado) que se produce a partir de regulaciones entre centros de enseñanza o centros de investigación y el mundo empresarial mediadas por una gran variedad de figuras laborales altamente inestables y precarias. En el mundo bibliotecario los recortes (puede verse una muestra en:  http://noalprestamodepago.org/), las externalizaciones o directamente la falta de financiación de las Bibliotecas son medidas que se están convirtiendo en algo dramáticamente habitual, empezando por la cabecera del Sistema, la Biblioteca Nacional.  El RD/624/2014 sobre el préstamo de pago en bibliotecas, una actualización más de directrices superiores, la Directiva 2006/115/CE, forma parte de esa dinámica expropiadora. Más allá de tecnicismos opacos que hacen un tótum revolútum al no diferenciar entre obras bajo restricciones y las que se encuentran en dominio público o de no respetar la opción de autores que desean compartir sus obras o acogerse a licencias alternativas a la hora de publicar, se hace necesario reflexionar adónde apunta la regulación. A nuestro entender estamos ante una normativa que legitima la razón económica de concebir y construir una realidad de totalmercado que adelgaza la esfera pública de manera que secunda la ideología de que un servicio público puede entrar en competencia con intereses privados; sanciona la transferencia de recursos públicos a manos particulares, al montar un negocio especulativo donde no debería haberlo, subraya la reducción del saber a su valor de cambio y pone trabas para que no se encuentre al alcance del conjunto social.

Bibliografía:

FUMAGALLI, A. (2010). Bioeconomía y capitalismo cognitivo, hacia un nuevo paradigma de acumulación. Madrid: Traficantes de sueños.

GEORGE, S. (2002). Pongamos la OMC en su sitio. Barcelona, Icaria

HARDT, M., NEGRI, A. (2005). Imperio. Barcelona: Paidós.

HARVEY, D. (2007). El nuevo imperialismo. Madrid: Akal

LAZZARATO, M. (1996). Inmaterial labor. En P. Virno, M. Hardt, (eds.) Radical Thought in Italy (pp. 133-147). Minneapolys: University of Minnesota.

SÁDABA, I. et al. (2013). La tragedia del copyright, bien común propiedad intelectual y crisis de la industria cultural. Barcelona: Virus.

SHIVA, V. (2003). ¿Proteger o expoliar? Los derechos de propiedad intelectual. Barcelona: Intermón Oxfam.

STALLMAN, R., et al. (2008). Contra el copyright. México: Tumbona ediciones.

ZUKERFELD, M. (2008). El rol de la propiedad intelectual en la transición hacia el capitalismo cognitivo. Argumentos, 9.

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