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La rebelión de los investigadores (sobre el boicot a Elsevier)

LA REBELIÓN DE LOS INVESTIGADORES

(Contribución de Ramón Abad Hiraldo, Director de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza)

En las últimas semanas se han difundido a través de listas de distribución y blogs de bibliotecarios e investigadores (http://oaulpgc.wordpress.com/, http://barrapunto.com/articles/12/02/07/2144202.shtml), así como en la prensa nacional (http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/01/30/noticias/1327952591.html) e internacional  (http://www.economist.com/node/21545974), diversas informaciones sobre un movimiento internacional de investigadores llamando al boicot a la editorial Elsevier, la principal empresa editora de revistas y publicaciones científicas del mundo.
Aunque existían precedentes de rebelión (véase, por ejemplo, el intento de cancelación de las revistas de Elsevier por parte de un grupo de prestigiosas universidades estadounidenses, recogido en http://www.bmj.com/content/328/7439/543.1), la actual presenta algunas novedades, pues va un poco más allá del mero indicador de los carísimos precios que las universidades pagan por las suscripciones, para atacar al corazón del sistema que regula el prestigio de las publicaciones científicas, que son las que marcan los índices de excelencia de los investigadores y sus instituciones.


Este movimiento de protesta tiene su inicio cuando un destacado matemático de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido, publicó el 21 de enero de este año una entrada en su blog con el título “Elsevier: my part in its falldown” (http://gowers.wordpress.com/2012/01/21/elsevier-my-part-in-its-downfall/), en la que argumentaba por un boicot activo a las políticas de Elsevier. Le siguió a la que siguió la puesta en funcionamiento de la página Web titulada “The Cost of Knowledge” (http://thecostofknowledge.com/), en la que los investigadores que lo desean estampan su firma en apoyo del boicot y se comprometen a no colaborar con Elsevier ni publicando, ni haciendo ni funciones de tipo editorial, ni participando en labores de revisión de artículos (won’t publish, won’t referee, won’t do editorial work) en las revistas de dicha editorial.
Las razones que argumentan no se refieren solamente a la denuncia de los precios abusivos de las suscripciones o a las políticas comerciales basadas en la adquisición inevitable de grandes paquetes de revistas –la base del denominado big deal-, sino también al apoyo de la citada editorial a dos iniciativas legislativas norteamericanas: la polémica SOPA (Stop Online Piracy Law), supuestamente enfocada hacia la lucha contra la piratería en Internet, y, sobre todo, la RWA (Research Works Act), por la que se eliminaría la obligación actualmente existente en los Estados Unidos desde 2005 de depositar en repositorios de acceso abierto los resultados de las investigaciones médicas financiadas con dinero público, a partir de los 12 meses de su publicación en revistas comerciales.
La aprobación de esta última ley sería sin duda, un duro golpe para el movimiento Open Access, que se presenta como una de las alternativas a las editoriales comerciales en materia de investigación científica. Muchas universidades están apostando por ello, lo que ha quedado plasmado por las famosas Declaraciones de Budapest (http://www.oei.es/salactsi/budapestdec.htmy Berlín (http://travesia.mcu.es/portalnb/jspui/handle/10421/3622), a la que se han sumado ya más de trescientas universidades e institutos de investigación internacionales. En este sentido, también, está la Directiva comunitaria Open Aire http://www.openaire.eu/es/open-access/mandates-a-policies,  que obliga a publicar en abierto –de acuerdo a unas directrices específicas- la investigación financiada total o parcialmente con fondos europeos.
Por su parte, las universidades tratan de hacer frente a los enormes costes de los recursos para la investigación uniendo esfuerzos y llegar a acuerdos de contratación de las licencias de acceso y uso unidos en forma de consorcios de ámbito local, regional e, incluso, nacional, con lo que se consigue hacer una mayor presión y, en consecuencia, mejores precios.
El problema, no obstante, es que el sistema de evaluación de la calidad de la investigación científica está basado en las publicaciones, que se hacen fundamentalmente en las revistas, sometidas al sistema de “peer review” y editadas en gran parte por un pequeño grupo de  potentes multinacionales, entre las que destacan los nombres de Elsevier, Thomson, Springer o Wiley. El movimiento de revuelta actual es importante y se diferencia de otros anteriores, dirigidos fundamentalmente a abaratar costes, es que ponen en cuestión el propio sistema de publicación sobre el que se basa la evaluación de la investigación.
La Web “rebelde” cuenta ya con más de 5.000 firmas de investigadores que se comprometen en diverso grado a no colaborar con Elsevier. La editorial, por su parte, no se ha manifestado públicamente todavía. Habrá que estar atento a la evolución de este movimiento, que puede influir decisivamente en los modelos que actualmente regulan la gestión, difusión y acceso a la literatura científica.

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