Nosolibros. Neil Young: el juglar incandescente

Aunque en esta sección del blog la objetividad no ha sido nunca una pretensión, resulta absolutamente imposible cuando se trata de hablar de Neil Young. Músico icónico, imprescindible para explicar la historia del rock en las últimas cuatro décadas, su obra transita con la misma grandeza tanto entre la sensibilidad acústica y bucólica como en la rotundidad eléctrica y afilada de sus escalas imposibles. Reacio a las categorías, en sus canciones fluyen sin ambages aires folk, country, rock, soul, blues, pop e incluso soluciones electrónicas.

Desde sus inicios genuinamente folkies en su Toronto natal, pasó a integrar una de las mejores bandas de country rock, The Buffalo Springfield, acompañado del mágico Stephen Stills. Las desavenencias internas y el choque de egos destruyeron el proyecto, no sin dejar tres magníficos álbumes y canciones tan brillantes como Expecting to fly y Broken Arrow.

1969 marca el inicio de su carrera en solitario, con un título homónimo que muestra su pasión por el folk, pero condimentada con toques psicodélicos y rockeros y esa impronta de calidad constante que le va a acompañar en su prolífica carrera. Solidez y personalidad en temas como The loner y I’ve been waiting for you, que van a ver su continuación en Everybody Knows This Is Nowhere, arriesgado y atractivo segundo álbum, con largos solos de guitarra, que supone el debut de Crazy Horse como banda, y contiene canciones tan rotundas como Cinnamon Girl, el impagable Down By the River, Running Dry o Cowgirl In The Sand.

Tras iniciar su colaboración con una de las superbandas, Crosby, Stills, Nash y él mismo a finales de los sesenta, grabando esa pequeña joya que responde al nombre de Deja Vu (1970), llega una de sus grandes cimas, After the gold rush (1970), derroche de talento e inspiración, absolutamente necesaria para comprender la majestuosidad de su música, Un álbum en el que nada sobra, como muestra el apabullante Southern man, tan actual, tan necesario. Dos años más tarde gesta Harvest (1972), su disco más comercial, acompañado de arreglos orquestales. Se le recuerda sobre todo por el magnético Heart of Gold, pero entre los surcos se desliza un tema que contrasta con el resto por su desnudez, por su sinceridad. The Needle and the Damage Done narra el viaje a la destrucción de varios amigos suyos. Y sobrecoge.

Quizá sepultado por el éxito, ofrece obras más vacías y ausentes, como Journey Through The Past (1972), u otras muy condicionadas por la muerte por sobredosis de su guitarrista Danny Whitten  y compuestas en atmósferas tóxicas como On the Beach (1975). Pero retoma el camino a la perfección con Tonight is the night, obra en la que aparece por primera vez como colaborador un guitarrista injustamente olvidado, Nils Lofgren. La canción homónima o las vibrantes Mellow my mind o Alburquerque vuelven a mostrarnos el fulgor de Young.

Y en el mismo año 1975, uno de los discos que más aprecio del canadiense, Zuma (1975). Mensaje social y político envuelto en constantes cambios de ritmo, presididos por esa peculiar forma de tocar la guitarra, que adquiere tintes indescriptibles en los primeros minutos de Cortez the Killer, acompasando y rigiendo nuestras emociones.

El fin de la década alumbra dos nuevos hitos: Comes a times (1978), su vertiente country, y sobre todo Rust never sleeps (1979), con una cara acústica y otra eléctrica que incorpora el efervescente himno Hey Hey, My My (Into The Black). Los años ochenta suponen una inesperada travesía del desierto, con álbumes en los que parece pesar más la rutina que la necesidad, pese a que discos como Old ways (1985), merecen una audición más reposada. Coinciden con su controvertido contrato con Geffen, aventuras rockabillys y abuso del sintetizador vacío.

Su resurgimiento comienza con This note’s for you (1989), un acercamiento al blues con fuerte presencia de la sección de viento, pero sobre todo con Freedom (1990), con la que vuelve a sus raíces. Regresa el juglar que describe la dureza urbana anclado en riffs de guitarra ora acerados y crepitantes, ora sensuales, el cronista que proclama su fe en el rock como elemento emancipador del mundo libre. Sólo tenéis que escuchar Rocking in the free world o la épica Crime in the city. Y es capaz de anticipar el grunge con la descomunal Ragged Glory (1991), una oda a la rabia en la que suena más contundente y áspero que nunca de la mano de unos directos Crazy Horse. Disfrutad de Mansion on the Hill o Love to Burn.

En los noventa graba obras como Harvest Moon (1992), una emotiva vuelta a la sonoridad bucólica de HarvestSleeps with angels (1993) y Mirror Ball (1994), en la que como grupo de acompañamiento contaba con Pearl Jam. A partir de entonces, no deja de grabar pese a múltiples problemas personales y de salud. Entre esa producción, destacaría Greendale (2003), una obra conceptual conducida por un rock aderezado de coloristas formas “blueseras”, y el último por ahora, The visitor (2017).

Neil Young cronista de su tiempo, poeta incandescente, apólogo del rock descarnado. Un músico intuitivo, de múltiples aristas, que combate la resignación con palabras desnudas que bailan eléctricas con la pulsión necesaria, a veces aceleradas y crispadas, a veces sensibles y condescendientes, pero siempre emocionales. Su gigantesca obra puede ser ahora escuchada y disfrutada de forma gratuita al menos hasta el verano en neilyoungarchives.com, con el valor añadido de que cada canción (más de 1.000) incorpora una ficha en la que constan los créditos (músicos, estudio, fecha, productor, sello) fotos, documentos, la letra e incluso a veces un vídeo de distinta naturaleza (directos, entrevistas, promociones …) Una ocasión única e ineludible.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

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