Nosololibros: Astor Piazzolla: el tango es la coartada

Astor Pantaleón Piazzolla (Mar del Plata, 11 de Marzo de 1921 – Buenos Aires, 4 de julio de 1992) es posiblemente uno de los músicos más influyentes y atractivos del siglo XX. Pese a su tópica y reduccionista identificación con el tango, al que renovó y transformó sin tregua su trayectoria refleja una obra plena de matices y reminiscencias clásicas y jazzísticas, también lógicamente atravesada por los sones arrabaleros y seductores de la tradición argentina.

Tras una estancia neoyorkina, en la que fue alumno del pianista húngaro Bela Wilda, discípulo de Rachmaninov, que le contagia su pasión por Bach, regresa en 1936 a Argentina. Aquí comienza su inmersión en el tango de la mano de Elvino Vardaro, Aníbal Troilo, Alberto Ginastera y Raúl Spivak, al mismo tiempo que crece su fama como bandoneísta. Muy pronto sus composiciones comienzan a suscitar controversia entre los sectores más puristas y canónicos del tango, que observaban con desdén la profundidad armónica y el dinamismo de su propuesta.

Buscando siempre un estilo propio, acicala los esquemas básicos del tango con aportaciones cercanas a Bartok, Stravinksy y el be bop, en las que el ritmo y la mesura desbordan por todas las costuras la rigidez del mismo. Gracias a su triunfo en el concurso Fabien Sevitzky en 1953, viaja a París, estancia fundamental para explicar su evolución artística posterior, sobre todo a raíz de su encuentro con la pedagoga musical Nadia Boulanger, quien le hace ver la importancia de forjar su personalidad desde la raíz tanguera, desde la construcción personal de un universo que, sin abandonar el germen popular, fuera capaz de adoptar estructuras clásicas y abiertas a las oleadas contemporáneas.

Con su regreso a Argentina en 1955 se inicia la etapa considerada como del tango contemporáneo, que mezcla en perfecta simbiosis el tango tradicional y la música de cámara. En 1959 escribe una de sus obras más conmovedoras, Adiós Nonino, dedicada a su padre recientemente fallecido, y en la que vierte todo un conjunto de sensaciones para definir de forma sincera el significado auténtico del dolor.

Después de múltiples avatares y desencuentros con los sectores más ortodoxos, emprende distintas aventuras musicales, que le llevan a aproximarse al jazz-rock e incluso a componer una obra injustamente olvidada con el saxofonista Gerry Mulligan, Summit (1974). Años más tarde colaboraría con el vibrafonista Gary Burton en la grabación en directo durante el festival de Montreaux de la Suite for Vibraphone and New Tango Quintet (1986).

Otra píldora musical. El sugerente y siempre estimulante Libertango en una gran versión eléctrica.

Sin abandonar su inquietud por reivindicar un estilo propio (incluso en ocasiones se ha considerado que nadie salvo él mismo podría interpretar sus composiciones), muere en Buenos Aires el 4 de julio de 1992. Esta Milonga del Ángel pudiera acompañarle en su tránsito.

Su prolífico legado, compuesto por más de 1000 temas, ha influido notablemente en músicos extraordinariamente dispares. Siempre desde una ineludible y singular impronta argentina, en la que subyace el pulso constante del tango, ofrece un mestizaje impactante, atractivo y revolucionario, en el que convergen sin atropellarse el jazz, la música clásica, la tradición. Escuchar a Piazzolla constituye un goce constante, pero también la defensa de una sonoridad sin prejuicios, sin el acartonamiento de la ortodoxia, sin la apelación al dogma como argumento.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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