Nosololibros. JJ Cale: el genio discreto

JJ Cale

En algunos barrios de la ciudad del rock hay mucha pasión por la mercadotecnia, por el adorno efectista, por la búsqueda de la fama y la notoriedad. Pero existen rincones en blanco y negro, más humanos y cercanos, en los que encuentras músicos excelentes que se atan a los mástiles del barco como Ulises para escapar del seductor canto de las sirenas. Sin duda alguna, uno de ellos es JJ Cale.

Guitarrista e ingeniero de sonido casi al mismo tiempo (entre sus placeres se encontraba modificar todas las guitarras con las que tocaba, desde la Danelectro a la Stratocaster),  sus comienzos no fueron especialmente exitosos, hasta el punto de abandonar su incipiente carrera musical. Su suerte cambió con la versión que realizó Eric Clapton de After Midnight, su primer single, que había pasado prácticamente desapercibido. Encaramado a ese golpe de suerte, Cale publicaría su primer LP, Naturally (1972), en el que encontramos sus señas de identidad, una peculiar simbiosis de country, blues y folk norteamericano, interpretada por una voz cálida y suave, susurrante y terrosa, y una forma de tocar la guitarra tan aparentemente simple como brillante, elementos que forman una atmósfera íntima y brumosa. Ese álbum incluiría su mayor hit, Crazy Mama, que alcanzaría el puesto 22 en la lista Billboard, y la maravillosa Call me the breeze.

Su obra se caracteriza además por la regularidad en el lanzamiento de sus discos. Así, se suceden Really (1973), Okuie (1974) y probablemente una de sus mejores creaciones, Troubador (1976), que contiene una de las mejores canciones de todos los tiempos, Cocaine. De nuevo Clapton la convirtió en un éxito, hasta el punto de que durante mucho tiempo se identificaría con él,  si bien desde mi punto de vista el original es bastante superior a la versión de «Mano Lenta», con la irresistible atracción que genera esa forma tan característica de «pellizcar» la guitarra.

Otro de sus rasgos más característicos es la aversión al control de las discográficas. Sin ruido, con escasas apariciones en la prensa, y muy poco predispuesto a realizar giras excesivamente largas, la obra de Cale discurre sin embargo con bastante fluidez, dotada ya de un estilo inconfundible y magnético, que atrae sobre todo a los músicos coetáneos. Así, los 80’s y los 90’s se adornan con álbumes tan magníficos como 5 (1979), Shades (1981), Grasshopper (1982), #8 (1983), Travel-Log (1990), Number 10 (1992), Closer to You (1994), y Guitar Man (1996). Unas pequeñas muestras: Don’t Cry Sister, de 5, y Carry On, de Shades.

Precisamente ese año, 1996, marca un punto de ruptura y silencio discográfico que no se romperá hasta 2004, con la aparición de To Tulsa And Back. Para entonces, Cale ya era un mito del del rock, circunstancia que se reforzaría con su concierto en el festival Crossroads de 2006 (organizado por Eric Clapton), la publicación del documental To Tulsa And Back: On Tour With J. J. Cale, y la grabación en 2006 con Eric Clapton de The Road To Escondido, que obtuvo grandes parabienes tanto de crítica como de público, obteniendo el Grammy a mejor álbum de blues contemporáneo. Siempre rodeado de excelentes músicos, no podemos dejar de señalar la magnífica colaboración al órgano Hammond de Billy Preston, como puede comprobarse en Hard to Thrill.

En 2009, con la colaboración también de Clapton, publicó el que sería su último disco, Roll On.

El 26 de julio de 2013, a los 74 años, JJ Cale murió víctima de un ataque al corazón. Un músico que no precisaba gritar para difundir su magisterio (mi idolatrado Neil Young dijo que Cale y Hendrix eran los mejores guitarristas que ha visto en su vida, sin contar con el evidente influjo sobre Mark Knopfler o Eric Clapton), ni utilizar pirotecnias bañadas en soufflé. Honesto, creativo, partidario del sonido puro sin overdub pretenciosos, pero que no desdeñaba de perfeccionar el sonido con los avances tecnológicos. Y que sin embargo ha pasado de puntillas por el escaparate del rock, sin neones ostentosos que anunciaran su nombre, ni hagiografías complacientes, ni masas ávidas por devorar su música. Un músico vital e imprescindible, al menos para el que esto escribe, anclado en la sencillez, la elegancia y el talento.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

 


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