Nosololibros. Radiohead. De arcanos y orfebres

Surgidos en plena efervescencia del britpop, cuando resultaba del todo inexcusable aferrarte a la dicotomía forzada de Blur y Oasis, Radiohead comenzó a forjar su identidad con Pablo Honey (1993), un cóctel con reminiscencias del rock alternativo de Pixies y del entonces omnipresente grunge de Nirvana, que acertó con un single potente, directo y llamado a convertirse en un himno mainstream, Creep.

Sus inquietudes y objetivos distaban mucho del arquetipo del grupo de rock fosilizado y anclado a temas gloriosos y épicos coreados hasta la extenuación. Buscaban no sólo ser famosos, sino establecer un vínculo de comunicación estable y creciente a través de la música. The Bends (1995) surgió con esa intención, huyendo de canciones de éxito fugaz y adoptando sonidos muy elaborados, con texturas y ambientes abiertos y amplios, en los que resultaba difícil encontrar referentes coetáneos. Un disco muy homogéneo y equilibrado, que requiere una escucha pausada y sin urgencias desmedidas, una obra que muestra crecimiento y madurez.

Y llegamos a uno de los discos más importantes e influyentes de la historia del rock. Ok Computer (1997), una auténtica obra maestra que nos sitúa en el microcosmos onírico, misterioso e intenso del grupo, en el que se mezclan de forma armoniosa y electrizante la música clásica, la intensidad del rock, la pasión por lo visual y la búsqueda conceptual de respuestas. Píldoras de introspección casi mágicas, cosidas e hilvanadas a través de ambientes sonoros capaces de aunar perfección y rupturismo. Canciones como la celebrada Karma Police, o la audaz Paranoid Android son buena muestra del inicio de una nueva época.

Enemigos del conformismo, tres años después publicaron Kid A (2000), álbum que ahonda en la vertiente vanguardista de su música mezclando jazz con esa versión electrónica que tanto incomoda a sus detractores. Esa apuesta por lo experimental continuará con Amnesiac (2001), disco tan imprescindible como poco conocido, en el que el jazz deja de ser tan sólo un recurso para erigirse en protagonista, con continuas alusiones y homenajes a Miles Davis y que contiene una de las mayores joyas del grupo, Life in a Glasshouse. Si me permitís un consejo, disfrutadla con las imágenes que cierran la tercera temporada de la fantástica serie Peaky Blinders. Puro deleite.

 

Su siguiente obra, Hail to the Thief (2003), no fue muy bien recibida ni por la crítica ni por el público, quizá debido a su carácter continuista. Pero reúne grandes temas como There There o I Will. En 2007 publicaron in Rainbows, rodeado de la polémica por su difusión online a voluntad, aunque luego se comercializara de forma tradicional, en una espectacular operación de marketing. Pese a ese envoltorio interesado, incluye canciones muy atractivas, en las que las guitarras se abren paso con gran contundencia, como House of Cards y su premiado videoclip realizado con sensores en vez de cámaras. El fallido The King of Limbs (2011) hace humano al grupo, con una propuesta más cercana al puzzle y al pastiche musical. Su última apuesta, A Moon Shaped Pool (2016) es un agradable reencuentro con algunas de las premisas que convierten a la banda en un referente.

Un grupo poliédrico, sin grises, sin temor a asumir el riesgo, en mutación constante y abierto en canal, que compone con la minuciosidad del orfebre en un universo fascinante al que te invito a adentrarte. Espero que no te defraude.

 

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

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