Nosololibros. Reef: revisitar los setenta

ReefEn los años 90 el mundo musical estaba azotado por la tiranía exquisita del brit-pop y la apertura a eclecticismos de laboratorio. El rock parecía condenado a un baño de mercadotecnia revisionista. Pero algunos bandas mantuvieron la seña de identidad. Quizá los más conocidos fueran los Black Crowes, pero dejadme hablaros de Reef.

El grupo británico de Glastonbury publicó su primer disco (Replenish) en 1995. La inmersión en el más puro sonido del rock de los setenta fue extraordinariamente bien recibida en medio de la tormenta grunge, con temas tan destacados como Good Feeling o Choose to me.

Pero aún sorprendió todavía más al superar con creces la maldición del segundo con Glow (1997), en el que ofrece una oferta más variada y atractiva, construyendo sin duda uno de las mejores obras de rock de los últimos años. Canciones soberbias como golpes que has de encajar, como Place your hands, su single de mayor éxito, en el que la personal y expeditiva voz de Gary Stringer se aferra a tu estómago sin concesiones; el fantástico y visceral Summer’s In Bloom; la contundencia desgarrada de Come Back Brighter o Yer Old; aventuras experimentales como Robot Riff o la bucólica con aromas del Genesis más Gabriel de Lullaby contribuyen a dotar de consistencia y profundidad al álbum, sin fisuras, sin minutos de la basura, sin melodías de relleno.

Dos años más tarde aparece Rides. Pese a no resistir ninguna comparativa con la mayúscula creación anterior, contiene algunos temas brillantes, como New bird; la lisérgica Wandering; la sureña Back in My Place; la evocadora I’ve Got Something to Say o la potente  Who you are. Sin embargo, su sonido se reblandece en otros momentos más planos y anodinos, que anuncian cierta decadencia y hastío.

La evidencia se agudiza con Getaway (2000). Concesiones mainstream, agotamiento de ideas, repetición de bases rítmicas. El primer tema Set The Record Straight, es una canción comercial, digerible y correcta, carne de radiofórmulas. No obstante, sobresalen Superhero y Solid, que recuperan la esencia rockera de la banda. En ese mismo año se separan, hasta que reaparecen en 2010.

Hasta 2018 no vuelven a publicar, salvo en aperitivo en forma de single single How I Get Over, aparecido en 2016. Ese año lanzan Revelation, ecléctico regreso, con canciones desiguales y colaboraciones de renombre (Sheryl Crow en la dulce My Sweet Love). La que da título al álbum podría haberla firmado Angus Young (incluso la voz tiene reminiscencias de Brian Johnson), por el que desfilan aires más soul y R&B (Darling Be Home Soon ó Like a Ship (Without a Sail), americana (Firts Mistake), deslizamientos hacia el rock sureño (Lone Rider), recuerdos a Free (Just Feel Love), y la zeppeliniana Precious Metal, quizá la más sobresaliente del disco.

El rock británico más clásico, tan necesitado de héroes contemporáneos, podría agarrarse al talento de Reef para reivindicar su espacio. Aunque siempre ha sobrevolado la restrictiva y peyorativa etiqueta de banda de pub, los chicos de Glastonbury poseen un catálogo de grandes temas pese a su irregularidad. Ahora que han vuelto, podemos exigirles que no abandonen una tarea tan titánica como devolver al rock sus esencias sin contaminaciones, sin estigmas, sin dogmas.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

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