Nosololibros. The Trumpet Summit: jazz porque sí

Hay vinilos que justifican un escenario especial. Hoy no vamos a centrarnos en un músico, ni en un grupo en concreto.  Nos aproximamos a uno de los discos que más me ha impactado, y que conservo como si de una joya se tratara. Y aprovecho para hacer homenaje con el título a uno de los divulgadores del jazz más importantes de este país, Juan Claudio Cifuentes, creador de programas tan emblemáticos y necesarios como Jazz entre Amigos o el propio Jazz porque si.  The Trumpet Summit Meets The Oscar Peterson Big 4, publicado por el magnífico sello discográfico Pablo Records (por sí solo merecería una entrada en estas colaboraciones) en 1980, ofrece el encuentro de tres de los mejores trompetistas de la historia, Dizzy Gillespie, Freddie Hubbard y Clark Terry, con la superbanda que había conformado el pianista Oscar Peterson, y de la que formaban parte el bajista Ray Brown, la batería de Bobby Durham, y la guitarra de Joe Pass.

Norman Granz, el conocido productor, empresario y mánager entre otros del propio Oscar Peterson, propició este majestuoso encuentro. La grabación, realizada en tan solo seis horas, es en realidad una soberbia jam session, en la que la improvisación, la autenticidad y el directo huyen de los disfraces y enmascaramientos que proporciona la tecnología. Cuatro canciones, cuatro cortes excepcionales, en el que sobresale la magnífica Chicken Wings, una auténtica apología del sonido de la trompeta como vehículo poético.

Supone además el regreso de Hubbard a la naturaleza salvaje del jazz, envuelto durante aquella década en una visión comercial y castradora, con experimentos que garantizaban superventas pero que defraudaban a todos los que veían en él a uno de los más brillantes trompetistas de la historia. Entre los surcos desfilan sin freno bebop, hard bob, blues, almas de un género capaz de crecer desde sus raíces, de sonar auténtico, cálido y a la vez moderno y cercano.

Abre el disco una versión de Daahoud, melodía original del fantástico Clifford Brown, con una sonoridad desbordante, limpia, impetuosa, marcada por las coordenadas hard bop, en la que las trompetas se aúnan para crear una atmósfera optimista, con una base rítmica armoniosa y precisa, en la que sobresale un Brown desatado. El diálogo final entre las trompetas es realmente asombroso.

Merece la pena detenerse en el corte 2. Chicken Wings es una obra mayúscula envuelta en blues, compuesta conjuntamente por todos los participantes. Desde los primeros compases te atrapa sin ninguna consideración, caminando entre los maravillosos acordes de Joe Pass hasta el primer encuentro con un Gillespie inspirado, en estado de gracia, con una cadencia desgarradora en sus fraseos. Un solo irrefrenable, entre el vértigo y la fascinación. Unos breves toques de Peterson abren paso al susurro cadencioso y sensual de Hubbard, capaz de generar un escenario tórrido y efervescente. Y entonces rasga el fiscorno de Terry, potente, firme, congelando el tiempo en cada nota, hasta que un final al unísono nos devuelve tristemente a la realidad.

La segunda cara aparece con aires de bossa nova, navegando entre los coloristas compases de la firme mano de Peterson. En Just Friends, creación de John Klenner y Sam M. Lewis en la década de los años 30, los cambios de ritmo evitan el anquilosamiento. Aproximadamente en el minuto 8:30 Pass realiza un solo luminoso, al que sigue la majestuosidad de Peterson y un final entusiasta en el que las trompetas retoman su protagonismo.

La reunión se cierra con The Champ, obra de Dizzy Gillespie, en una versión tan celérica e inaprensible como su original. Luce especialmente Peterson, virtuoso y genial, en una intro brillante marcada por la potente base del bajo de Brown, remarcada por los solos del resto de la banda.

37 minutos de éxtasis, de deslumbrante creatividad, en la que el jazz recupera su esencia en unos momentos (los años 80) en los que la electrónica parecía perturbar su proyección. Improvisación, genialidad y talento en manos de algunos de los más grandes intérpretes del género. Un disco imprescindible, fuera de los cánones del mercado, que te reconcilia con la música y su vertiente más lírica trascendente.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

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