Nosololibros. Tosca o la alegoría de la libertad

Sin ánimo de buscar coartadas, la presencia de la ópera en este anacrónico viaje por la historia de la música obedece a un descubrimiento relativamente reciente. Preso de los prejuicios que siempre han acompañado al género (elitismo, complejidad, monotonía, snobismo), mi acercamiento pasó de la tibieza al entusiasmo sincero, gracias, entre otras razones, a la versatilidad del universo musical de Puccini.

La simbiosis de música, teatro y escenografía alcanzan uno de sus momentos más brillantes en Tosca, ópera en tres actos encuadrada dentro del llamado postromanticismo. Fue estrenada el 14 de enero de 1900 en Roma, con libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa, que se basaron en el drama de Victorien Sardou La Tosca (1887) para construir una historia apasionante, ubicada en el tumultuoso contexto que acompañaba a la Roma de 1800, sacudida por el enfrentamiento entre los partidarios del Antiguo Régimen y los republicanos anhelantes de los avances producidos en Francia tras 1789. Pero además, y como suele ser habitual en las óperas italianas, el amor y la pasión marcarán las vidas de sus protagonistas, produciendo un relato total, un espectáculo global en el que la mujer (Tosca) encarna con naturalidad un papel determinante en el desenlace, siempre revestido de aromas trágicos.

Pero además una serie de rasgos me han conducido a seleccionar esta obra como arquetipo operístico. En primer lugar, la importancia otorgada al libreto, que deja de ser un mero apéndice secundario, y aporta no sólo un gran músculo teatral al conjunto, sino que además se convierte en un hábil generador de atmósferas que rompen las barreras con el público. En segundo lugar, la musicalidad. Puccini impulsa a la orquesta a primer plano, como si fuera un personaje vital del drama humano que se desarrolla, con claras influencias de Strauss y Debussy; y mece a los protagonistas con un leivmotiv de reminiscencias wagnerianas que alcanza su climax gracias a momentos corales tan espléndidos como el famoso Te Deum; y en tercer lugar, la fascinación por el personaje del barón Scarpia. Epígono del defensor de la ortodoxia y el absolutismo, en realidad oculta un ser zarandeado por la lascivia y la voracidad sexual, cuya mejor definición aparece en el sobrecogedor Te Deum antes mencionado

Y por último, por contener dos de las arias más famosas e imperecederas de la ópera. Vissi d’arte, de la que he elegido la bellísima y conmovedora interpretación de Raina Kabaivanska

Y la intensa, dramática e inaprensible E lucevan le stelle, en este caso cantada por un soberbio Pavarotti.

Considerada por muchos la obra más inspirada y completa del repertorio de Puccini, es capaz de sumergirnos en una historia que discurre de forma vertiginosa, casi cinematográfica, con personajes potentes y creíbles, adornada con una música de enorme inspiración lírica, en la que la melodía acicala y conduce con gran precisión la tragedia narrativa que nos presenta hasta su trágico final. Una sensación mágica e intangible que te atrapa, y que me gustaría que compartierais conmigo, dejando atrás tópicos tan manoseados como falsos.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.