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Biblioideas: Torup, una “ecobiblioaldea” en Dinamarca

Torup, una ecobiblioaldea en Dinamarca

Desde la biblioidea de septiembre de 2016, dedicada a El Pedroso, no nos habíamos acordado de las villas libreras. Lo hacemos ahora con Torup, en Dinamarca.

En general, las ciudades libreras agrupadas en torno a la International Organisation of Book Towns, al menos las europeas, son poblaciones con alguna entidad y normalmente disfrutan de apoyos institucionales en la medida en que generan actividad económica en la localidad, comarca o región donde se encuentran.

En Torup todo es más simple. Ni siquiera se puede decir que sea un pueblo, si acaso una granja, y algunas construcciones. Existente al menos desde el siglo XI, su declive era imparable hasta que, a comienzos de la década de los 90, la Økosamfundet Dyssekilde (Comunidad ecológica de Dyssekilde) compró la granja y la tierra. Esto no sólo detuvo su caída sino que revirtió la tendencia y hoy viven en Torup y alrededores unas 300 personas, más de la mitad en la aldea ecológica. Además, en 1999 se creó la asociación Torup Kultur y se empezaron a organizar diferentes eventos culturales a lo largo de todo el año (un festival de libro nórdico, otro de cine danés, etc.), que han convertido el Torup Landsbycenter en polo de atracción para toda la región.

Torup, una ecobiblioaldea en DinamarcaOtra asociación, Torup Bogby (Torup Ciudad librera), intenta convertir la aldea en la primera booktown danesa y para ello está trabajando con Tvedestrand, en Noruega, otra ciudad librera a la que algún día le dedicaremos una biblioidea.

Por el momento, no hay ni una librería como tal. Simplemente, se recogen libros donados de forma gratuita y, tras su expurgo y selección, se ponen a la venta en los caminos y los alrededores de la aldea. Un antiguo garaje, un establo sin uso, un antiguo vagón de tren o una carretilla pueden servir.

Las actividades se desarrollan en torno al trabajo voluntario. Los noruegos tienen una palabra para esto: Dugnad (elegida en 2004 Palabra Nacional de Noruega), trabajo voluntario y apoyo mutuo en comunidades locales. Puede ser la construcción de un equipamiento comunitario, la resolución de un conflicto o… crear una ciudad de libros.

Así que, si vais a Dinamarca, perdeos por Copenhague (fue Capital Verde Europea en 2014), visitad el Tívoli, la Sirenita, el castillo de Hamlet o la Ciudad Libre de Christiania (herencia intelectual de los Provos holandeses y el segundo lugar más visitado de Dinamarca tras la dichosa sirenita), pero si os gustan los libros, su mundo y otras formas de acercarse a ellos, no os olvidéis de la ecoaldea de Torup.

Torup se encuentra a una hora de Copenhague, en la boca del fiordo de Roskilde. Si vais en verano, podéis acercaros al fondo del mismo (unos 50 kilómetros) y asistir al Festival de Roskilde, uno de los más antiguos del continente (se celebra ininterrumpidamente desde 1971), realizado desde el principio sin ánimo de lucro y a base de voluntarios. En 2018 será entre el 30 de junio y el 7 de julio.

Ya sabéis que en Escandinavia hablan inglés aunque eso no les impide cuidar y mantener su lengua, por lo que algunas de las páginas citadas en esta biblioidea están en danés. Puedes ver este vídeo de tres minutos escasos. Lo dicho, si no sabes danés (una lengua enrevesada) no entenderás gran cosa, pero a lo mejor puedes hacerte una idea del lugar y de sus actividades.

Así lo cuentan:

Somos un grupo de personas muy diferentes con diferentes antecedentes y razones para vivir aquí, y sin embargo estamos unidos por valores compartidos como la ecología y la sostenibilidad, y un deseo de vivir dentro de una comunidad social basada en el respeto y la tolerancia.

Nuestros mejores deseos en la vuelta al sol que acaba de comenzar.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Antes del libro electrónico

Se considera a Michael Hart creador del libro electrónico. Su Proyecto Gutenberg da los primeros pasos en 1971 digitalizando libros de dominio público y haciéndolos accesibles desde un ordenador. Sólo diez años más tarde aparecería el primer libro electrónico comercial, un diccionario de Random House, en el recién aparecido formato CD-ROM.

Si hablamos de lectores de libros electrónicos, el primero, The Rocket eBook, apareció, sin mucho éxito, en 1996. Fue a partir de 2006, con la tinta electrónica del Sony Reader, y 2007, con el Kindle de Amazon, cuando se fue generalizando la presencia de estos aparatos en el mercado. Hace cuatro días.

Pero estos inventos, como todo el conocimiento humano, siempre se han alimentado de sueños e ideas previas que han permitido que tal o cual ingenio fuera concebido y fabricado. Cuando estos sueños e ideas fueron encarnados por mujeres y las llevó a internarse en terrenos exclusivos de los varones, especialmente la ingeniería, desaparecieron de la historia oficial y, en el mejor de los casos, se las trató como anécdotas o curiosidades.

Hoy, en 2017, en la Universidad de Zaragoza, las mujeres sólo suponen el 22% de las matrículas en Ingeniería o Arquitectura, mientras rondan el 75% en Ciencias de la Salud o Educación (97% en Magisterio Infantil). Resumiendo: niños y cuidados. Lo contaban hace poco varias profesoras de nuestra universidad en un periódico local. Además, no es diferente a lo que ocurre en otros lugares: el informe Women in STEM de este mismo año ofrece datos similares para Estados Unidos. En el blog Universo Abierto, de la biblioteca de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca, puedes ver un pequeño resumen en español.

Ángela Ruiz Robles y su Enciclopedia Mecánica

A Ángela Ruiz Robles, nacida en 1895 en un pueblo de los montes leoneses y ferrolana de adopción, le tocó vivir su madurez profesional en plena autarquía franquista. Procedente de familia con posibles, pudo estudiar Magisterio y fue una maestra sinceramente preocupada por mejorar el proceso de aprendizaje de sus alumnos, lo que le llevó a publicar una quincena de libros en esa dirección. Su labor en el ejercicio del magisterio fue ampliamente reconocida. En la biblioteca de la antigua Escuela de Empresariales, hoy Facultad de Económicas, en el Campus Río Ebro, hay varias obras suyas.

Pero no se quedó ahí: en 1949 y 1962 llegó a desarrollar dos patentes útiles para la enseñanza: los libros mecánicos y, su desarrollo, la Enciclopedia Mecánica. Para mucha gente, un antecedente del libro electrónico. Así explicaba ella misma el funcionamiento de esta última:

Abierta, consta de dos partes. En la de la izquierda lleva una serie de abecedarios automáticos, en todos los idiomas: con una ligerísima presión sobre un pulsador se presentan las letras que se deseen, formando palabras, frases, lección o tema y toda clase de escritos. En la parte superior de los abecedarios lleva a la derecha una bobina con toda clase de dibujo lineal, y en la de la izquierda otra con dibujo de adorno y figura. En la parte inferior de los abecedarios, un plástico para escribir, operar o dibujar. En la parte interior, un estuche para guardar asignaturas. En la parte de la derecha van las asignaturas, pasando por debajo de una lámina transparente e irrompible, pudiendo llevar la propiedad de aumentos, pueden ser estos libros luminosos e iluminados para poder leerlos sin luz. A la derecha e izquierda de la parte por donde pasan las materias lleva dos bobinas, donde se colocar los libros que se desee leer en cualquier idioma; por un movimiento de los misma van pasando todos los temas, haciendo las paradas que se quieran o queda recogido. Las bobinas son automáticas y puede desplazarse del estuche de la Enciclopedia y extenderse, quedando toda la asignatura a la vista; puede estar sobre una mesa (como los libros actuales) o perpendicular, facilitando comodidad al lector, evitando con ello gran número de esfuerzos intelectuales y físicos. Todas las piezas son recambiables. Cerrado, queda del tamaño de un libro corriente y de facilísimo manejo. Para autores y editores el coste de sus obras se aminora considerablemente, por no necesitar ni pasta ni encuadernado y queda impresa de una tirada, o cada una de sus parte (si consta de varias), resultando este procedimiento un bien general.

Enciclopedia MecánicaEn 1963 Ted Nelson acuñaría el término hipertexto.

A pesar de que consiguió múltiples galardones (entre ellos, en 1957, un Óscar a la Invención en la entonces denominada Feria Oficial y Nacional de Muestras de Zaragoza) nunca consiguió financiación y de su enciclopedia sólo se construyó un prototipo que puede admirarse en el coruñés Museo Nacional de Ciencia y Tecnología de España. En 1970 rechazó ofertas para la explotación de sus patentes en Estados Unidos porque quería que fueran desarrolladas en su país, cosa que siguió intentando hasta su muerte en 1975. Llegó a conseguir la autorización del Ministerio de Educación, pero es posible que la idea de que los alumnos usaran un sólo libro en su aprendizaje y no uno para cada asignatura no entusiasmara a las editoriales dedicadas al libro de texto.

Doodle de Google recordando a Ángela Ruiz RoblesEn 2013, el programa ConCiencia, de RTVE, le dedicó unos minutos y las autoridades publicaron un libro. La Biblioteca de la ETSIIT de la Universidad de Granada ya le había hecho un homenaje en 2011, la Fundación Telefónica le dedicó una exposición en 2015 y, como puedes ver aquí arriba, hasta Google ilustró con ella su “garabato” (doodle) del 28 de marzo de 2016, recordando el centésimo vigésimo primer aniversario de su nacimiento.

En los últimos años se intenta, nunca lo bastante, recuperar la labor silenciada de las mujeres; a menudo escritoras, científicas o artistas. Y aunque, por ejemplo, en la página Mujeres con Ciencia, de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, sí hay una semblanza de Ángela Ruiz Robles, tal vez no reparamos tanto en grandes mujeres que, como ella, desde actividades con menos glamur, han dedicado sus vidas a mejorar la vida de la gente, a procurar el bien común.

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Biblioideas : Libros en una molécula

Programa Memoria del Mundo

Desde los años noventa del pasado siglo la UNESCO viene alimentando el Archivo de la Memoria del Mundo. Lo creó dentro del Programa Memoria del Mundo con una idea clara:

El patrimonio documental del mundo pertenece a todos los seres humanos y, como tal, debe ser preservado y protegido para que todos y cada uno puedan acceder a él de manera libre, permanente y sin obstáculo.

Y añade que buscará estos objetivos utilizando para ello las técnicas más apropiadas.

Aunque, cumpliendo la Ley de Moore, un chip podía tener en 1971 algo más de dos mil transistores y tiene hoy más de mil millones, los posibles límites físicos del silicio han llevado los últimos años a estudiar la capacidad de almacenamiento de información digital en ADN y las herramientas necesarias para ello (por ejemplo CRISPR).

Viendo el futuro negocio, se han metido en ello Microsoft y múltiples compañías privadas, pero también diferentes equipos académicos de investigación, como los de las universidades de Harvard o Washington. También el European Bioinformatics Institute del Reino Unido, en 2013, consiguió almacenar datos en ADN (el pdf del artículo de Crick y Watson describiendo la estructura del ADN, todos los sonetos de Shakespeare o algunos extractos del discurso de Martin Luther King I have a dream, entre otra cosas). En este gráfico se puede ver el mecanismo.

almacenar datos en ADN

La UNESCO también lleva unos años colaborando en la investigación en la confianza de que podría solucionar los problemas de almacenamiento a muy largo plazo. Hablan de una capacidad casi infinita (aunque nada lo sea) y unos periodos de conservación de cientos de miles de años (aunque no está muy claro que entonces haya nadie para verlo). Para hacernos una idea: unos cuatro gramos de ADN permitirían conservar los datos digitales producidos durante un año por todos los seres humanos.

En fin, que no podemos evitar la sensación de que todos quieren vendernos algo, aunque sólo se deba probablemente a las típicas reticencias de ignorante malpensado.

Hace unas semanas supimos que se habían grabado en ADN un par de canciones y, sobre todo, se habían conseguido reproducir con total precisión. Eran Smoke on the water, de Deep Purple, y Tutu, de Miles Davis, a quien nuestro compañero Luis dedicó en este blog un magnífico Nosololibros.

El pasado marzo lo hicieron con los cincuenta segundos de la película de los hermanos Lumière L’arrivée d’un train à La Ciotat, realizada en 1895. Poco después, en julio, creando un GIF microscópico y acoplándolo a una bacteria, habrían grabado en ADN la primera imagen en movimiento, realizada en 1873: The horse in motion, de Eadweard Muybridge.

Antes, en 2012, George Church, un visionario del laboratorio de Harvard citado más arriba, ya lo había hecho con un libro. Eligió para la ocasión el que él mismo estaba terminando de escribir: Regenesis. En 2013 lo publicó en papel. Aquí tienes una reseña.

En todo caso, convertir ADN, tanto sintético como biológico, en el disco duro del futuro resulta hoy prohibitivo por sus costes, ya está enfangándose en un mar de patentes e intereses y sigue habiendo problemas sin resolver (por ejemplo, la imposibilidad de reescribir sobre él). Pero la ciencia tiene una máxima: «todo lo que pueda hacerse, se hará» y el uso de ADN como repositorio es ya una tendencia imparable cuyo desarrollo a gran escala o comercial, es muy probable que nos coja a todos, eso sí, criando malvas.

 

 

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Biblioideas: Cinco años

 

Nuestra especie humana necesita historias para acompañar el tiempo y retenerlo un poco. Así que yo recopilo historias, no las invento. Voy detrás de la vida, a espigar, si se trata de un campo; a racimar, si se trata de un viñedo. Las historias son un resto que ha dejado el paisaje.

Erri De Luca, Historia de Irene

Ya nos han destetado, se nos están cayendo los primeros dientes y vamos a conocer al ratoncito Pérez. Cada vez controlamos mejor nuestros movimientos, tenemos bastante desarrollado el equilibrio y podemos saltar sin problemas, ponernos de puntillas y dar volteretas. Nuestro cerebro ha entrado en ebullición y no dejamos de preguntarnos cosas, ya vamos distinguiendo la fantasía de la realidad, hablamos con claridad aunque se nos siguen cayendo los mocos, hace tiempo que dejamos el chupete y ya no nos chupamos el dedo… ¡Cumplimos cinco años!

La biblioidea de hacer las Biblioideas surgió a comienzos del verano de 2012. La gestación fue corta, nos dieron un nombre tras barajar varios y la primera de nosotras vio la luz en octubre. Cabemos en un folio y nos aderezan con alguna foto. TiraBUZon nos acogió desde el principio con todo el apoyo y la paciencia que una recién nacida necesita, la prole fue creciendo mes a mes y ya somos sesenta.

No nos dieron un nombre muy enrevesado así que, para evitar futuros problemas, nuestros progenitores buscaron por el mundo hispanohablante proyectos, iniciativas, blogs, etc. que ya lo utilizaran. No había ningún dominio, nombre o denominación registrados y sólo encontraron un blog, llamado exactamente Biblio-ideas, creado por un estudiante argentino de biblioteconomía y sin actividad aparente desde febrero de 2011. Había también unas Biblioideas verdes, hoy desaparecidas de la red, relacionadas con la política ambiental de la Universidad de Burgos. A ambas se les comunicó nuestro nacimiento, pero nunca hubo contestación.

Más tarde, han ido encontrándose con algunos más: una sección del blog BiblioTICMosic, sin actividad desde 2013; un blog gastronómico-festivo de la ecuatoriana Adriana Proaño, de reciente creación; tableros en Pinterest de Rosana Martín Lizana o Susana Barrionuevo se llaman como nosotras; también una pizarra con una tormenta de ideas de la Biblioteca Reina Sofía (Valladolid) en Flickr, etc. Hasta una base de datos bibliográfica del Centre d’Etude de l’Energie Nucléaire, en Bélgica, lleva nuestro nombre.

Como en la vida misma, unas hemos sido concebidas deprisa y corriendo, en ese terreno tan propicio para errores y gazapos; a otras nos han engendrado con más calma. Algunas han macerado un tiempo, otras sólo han llegado a ser un deseo insatisfecho. Todas somos diferentes: hablamos de cosas que pueden hacerse con libros más allá de leerlos, de ciudades libreras, de comer libros o de olerlos; de artistas que trabajan con ellos, de instalaciones, de alguna librería o algún libro especiales, de bosques, de iniciativas, de reivindicaciones, etc. y en algunas hemos dejado entrar a la gente que busca refugio.

En estos cinco años, las cincuenta y nueve biblioideas anteriores a ésta hemos recibido algo más de cien mil visitas (a 22 de agosto, 102.534), pero no sabemos cuántas personas nos han visitado ni desde dónde ni su fidelidad. A excepción de la última, todas hemos aparecido en la primera semana de cada mes y sí que vemos un buen número de visitas en los primeros días, lo que podría indicar que alguno de nuestros visitantes es asiduo.

En cualquier caso, gracias en nombre de todas nosotras. Y perdonad la arrogancia de dedicar una biblioidea a hablar de nosotras mismas.

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Biblioideas: Los libros de Tombuctú

TombuktuNosotros, europeos, no sabemos gran cosa de África. Los del sur, algo, tal vez, de los países ribereños del Mediterráneo; un poco más de algún destino turístico, algún documental de sobremesa (seguramente sabemos más de la fauna africana que de sus gentes) y, si acaso, lo que podemos intuir en quienes arriesgan sus vidas en el mar.

Si hablamos de historia, cero. En alguna parte de nuestra formación nos habrán hablado del imperio egipcio o de los cartagineses, pero seguro que podemos decir poco de lo que ocurrió en África desde entonces hasta la época colonial.

África triplica en extensión a Europa, la supera en población: ¿es posible que en más de mil años no ocurriera en ella nada reseñable? ¿Nada que nos pudiera interesar? Obviamente, no. En ese lapso de tiempo florecieron auténticos imperios como el Songhai, el de Mali y muchos otros de los que nunca oímos hablar. A falta de los necesarios matices, no le faltaba razón al historiador británico Hugh Trevor-Roper cuando decía que «sólo existe la historia de los europeos en África, el resto es oscuridad». Basaba su afirmación en la inexistencia de «evidencias documentales». Es verdad que la imprenta en África comienza con el colonialismo, pero evidencias textuales existen en el continente al menos desde mil años antes.

Tombuctú, en el actual Mali, fue a comienzos del siglo XIX un destino de leyenda: una ciudad bañada en oro en medio del desierto. Tombuctú, «la de los 333 santos», nunca estuvo bañada en oro, pero sí tuvo su Edad de Oro: ya en el siglo XIII, pero especialmente durante los siglos XV y XVI (con 100.000 habitantes), fue una referencia comercial, espiritual e intelectual para la mitad norte de África; formó parte de la ruta transahariana que conectaba el Mediterráneo con el África subsahariana y de la ruta comercial que venía desde la península arábiga hasta el Atlántico; florecieron en ella maestros, escuelas, bibliotecas, traductores y copistas de todo tipo de textos antiguos que, transmitidos de padres a hijos, han venido constituyendo para sus poseedores el tesoro familiar.

Centro de Documentación e Investigaciones Ahmed Baba (CEDRAB). Ahmed Baba, TomboctuEl granadino León el Africano, que visitó la ciudad a comienzos del siglo XVI, ya dejó escrito que «en Tombuctú hay numerosos cadíes, imames y alfaquíes, todos bien pagados por el rey, que honra mucho a los hombres de letras. También se venden muchos libros manuscritos traídos de Berbería y se saca más beneficio de esta venta que del resto de las mercancías».

Para garantizar la preservación de los manuscritos que aún se conservaban (los más antiguos datan del siglo XIII) el gobierno de Mali, auspiciado por la Unesco, creó en 1973 el Centro de Documentación e Investigaciones Ahmed Baba (CEDRAB). Ahmed Baba, que da nombre al centro, fue un sabio bereber contemporáneo de Cervantes y Shakespeare.

A lo largo del tiempo ese proyecto se fue haciendo más ambicioso y, con el apoyo de la Fundación Gerda Henkel –alemana– y la Universidad de Ciudad del Cabo, se puso en marcha en 2003 el Tombouctu Manuscripts Project, extendiendo su área de interés a toda la tradición manuscrita (Etiopía, Tanzania, etc.) y la historia del libro africanas.

Entre estos manuscritos hay tratados de lógica, historia, astrología y medicina, comentarios a los libros sagrados y poemas que cantan a la belleza o al amor. Temáticas herejes para el yihadismo que empezó a instalarse en la región a partir de 2010. Hoy las cosas no pintan mucho mejor.

Se estima que puede haber en Mali unos cien mil manuscritos. Afortunadamente, en los últimos años, organizaciones internacionales, fundaciones, etc. se han interesado y han contribuido de diferentes maneras a la preservación de este legado, pero (como ocurre casi siempre) han sido héroes anónimos los que han hecho posible sobre el terreno su preservación. El periodista Joshua Hammer, en Los contrabandistas de libros, te cuenta las peripecias de Abdel Kader Haidara, uno de estos héroes, creador de la Biblioteca Mamma Haidara. Otra colección importante, el Fondo Ka’ti, base de la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, también forma parte del proyecto con sus más de 12.700 manuscritos, redactados muchos de ellos en Córdoba. Se creó en 2003 con apoyo español ya que los ancestros de la familia Ka’ti abandonaron Toledo en 1448. Ismael Diadié Haidara, que reunificó el fondo de la familia, tuvo que huir de Tombuctú en abril de 2012, después de que los bárbaros rodearan su casa con el objetivo de destruir el Fondo Ka’ti, algo que afortunadamente no consiguieron (en ese momento los manuscritos ya estaban a buen recaudo). Manuel Pimentel y el propio Ismael Diadé cuentan la historia en el libro Tombuctú: andalusíes en la ciudad perdida del Sáhara. En 2013, impulsado por algunos artistas e intelectuales (los puedes ver en la foto), se creó un Círculo de Amigos de la Fundación Mahmud Kati, pero no parece que haya tenido continuidad.

Círculo de Amigos de la Fundación Mahmud Kati

Aquí puedes ver la intervención -algo más de una hora- de Ismael Diadé Haidara en unas Jornadas celebradas en Granada en 2014.

Ya sabemos algo más de África.

Exposición en Zaragoza

El Fondo Kati expone en Zaragoza dos de sus manuscritos, del 25 de octubre al 5 de noviembre de 2017, en la Torre DKV, en el número 3 de la calle María Zambrano de Zaragoza.
La exposición se llama “El Fondo Kati y el diálogo de las culturas”.

Os dejamos algunos enlaces de la exposición en la prensa:

http://www.europapress.es/aragon/noticia-exposicion-da-conocer-fondo-manuscritos-kati-torre-dkv-capital-aragonesa-20171025121843.html

http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=160813&secid=12

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/10/25/manuscritos-que-cuentan-por-si-solos-parte-historia-andalus-1203930-1361024.html

Biblioideas

Biblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Después de los libros

 4-Elements: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación

El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Antonio Gramsci

El pasado 27 de junio se cumplieron cincuenta años de la instalación en Londres del primer cajero automático, aunque aquí no veríamos ninguno hasta 1974. El primer teléfono móvil se presentó en 1973 y la World Wide Web en 1992.

En 1959 llegó a España el primer ordenador, fue para Renfe. Hasta 1963 no llegaría uno a la Universidad de Zaragoza (por cierto, si quieres saber más de la historia de la informática en ella desde entonces no te pierdas este entretenido trabajo de Paco Serón, uno de sus investigadores).

Sólo unas décadas después de aquello, compramos la ropa o la comida en Internet, manejamos electrodomésticos desde la distancia y nos vemos metidos en una madeja de artilugios tecnológicos que han conseguido la paradoja de estar permanentemente conectados pero vernos poco y tratarnos menos. No está claro que la especie humana esté preparada para asumir estos cambios en tan corto espacio de tiempo sin consecuencias en la sociedad y en el individuo, en nuestra forma de ser, de comportarnos, de afrontar problemas, de vivir.

¿Y las bibliotecas? Nadie sabe realmente qué será de esos lugares, en qué se convertirán, ni siquiera si existirán a largo plazo. Los cambios en ese ámbito también han sido vertiginosos. Lo que es una tendencia en las bibliotecas públicas se consolida en las académicas y en las bibliotecas científicas ya es un hecho: el libro o la revista de papel están siendo relegados y “el usuario” empieza a ser un extraño. Nos consta su existencia y sigue disfrutando de servicios de la biblioteca, pero apenas se deja ver. No hablamos con él cara a cara, no vemos sus gestos ni su aspecto, no oímos el tono de su voz, no hay ese intercambio generador de sensaciones y emociones. De hecho muchas bibliotecas se esfuerzan en generar actividades que recuperen o refuercen ese contacto. En la misma Universidad de Zaragoza hay experiencias en esta dirección que puedes ver en otras secciones de este blog. La última, la Biblioteca de Semillas, en la Escuela Politécnica Superior de Huesca.

 4-Elements: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación

A estas o parecidas ideas les daba vueltas Fernando del Blanco, bibliotecario en el CID de Barcelona, un centro de investigación del CSIC, cuando una conversación sobre libros con miembros de 4-Elements, un colectivo artístico de la ciudad, acabaría convirtiéndose en una exposición: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación, «un viaje de indagación por el formato, por la morfología, por la poética y por la mitología del libro» materializado en una serie de “monstruos” de los que hablaba Gramsci.

Se enmarca en las actividades programadas dentro de la celebración del 50 aniversario del CID y ha estado abierta en la sala de lectura de su biblioteca desde el 9 de febrero al 30 de junio. Aquí puedes ver las obras. La exposición albergaba además la instalación Pre-Libros, seis piezas que incidían en la historia y los formatos del libro. Puedes verlas aquí.

Con ello Fernando del Blanco quería compensar «la pérdida de afluencia de nuestros usuarios precisamente por la crisis del libro que la exposición narra […] y continuar haciendo de la biblioteca un lugar atractivo, no sólo una aplicación, un recurso digital, un teléfono o un correo electrónico útiles». Lo cuenta en la última Enredadera, la revista de la Red de Bibliotecas y Archivos del CSIC.

 

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Biblioideas: La habitación de los libros prohibidos

Alicia Framis

Alicia Framis es una artista nacida en Barcelona que vive y trabaja en Ámsterdam. Su obra combina arquitectura, diseño, instalaciones, etc. y quiere incidir en el cuestionamiento de nuestra sociedad urbana contemporánea, sus mecanismos de coacción, la falta de comunicación interpersonal, la pérdida de la identidad o la discriminación de las minorías.

Estas ideas recorren toda su obra desde sus primeros proyectos a finales de los 90 (Loneliness in the City o Minibar) hasta los más recientes Genderless Project o Room for Forbidden books.

Es precisamente esta última la que ha llamado nuestra atención. En ella, como en otras obras suyas, ha utilizado un formato concreto: una habitación. Forma así parte de una serie, Habitaciones prohibidas, que intenta reflejar esa mirada crítica de la artista sobre diferentes aspectos del entorno.

ALICIA FRAMIS, CHAMBRE DES LIVRES INTERDITS 2014. MUSÉE NATIONAL PABLO PICASSO, LA GUERRE ET LA PAIX

La habitación de los libros prohibidos va en esa misma dirección. En esta ocasión presenta una estructura de madera, una habitación, un espacio íntimo, con algo menos de 200 obras relevantes para el conocimiento humano y la literatura universal que han estado prohibidas en algún momento o lo están ahora. Una selección difícil, habida cuenta de que todas las obras de algún interés han sido prohibidas o censuradas en alguna parte a lo largo de su historia. También hoy. Y en nuestro país no hace tanto.

Los libros tienen una cubierta gris. En cada una de ellas aparece sobreimpreso el texto que el censor le dedicó a Cándido, El segundo sexo, o los Versos satánicos (Salman Rushdie sigue amenazado de muerte desde 1986). El visitante puede entrar, ojear los libros, sentarse a leerlos, confrontar opiniones, ver el zarpazo de la censura. También dialogar con la autora, que completa la instalación recibiendo al visitante con un elegante pijama azul. En la edición catalana de El País del pasado 22 de enero, al comienzo de su exposición en Barcelona, decía Alicia Framis:

Más allá de permitir comprobar que muchas de las que ahora consideramos obras maestras fueron prohibidas en algún momento de la historia, la instalación es un pretexto para iniciar el diálogo. Lo verdaderamente importante es lo que pasa entre la gente dentro de la habitación.

¿Sabías que en las bibliotecas de varios condados californianos está retirado de la circulación el cuento infantil Caperucita Roja por la tenencia de alcohol de una menor? (es que en la cesta lleva vino para su abuelita). Puedes regalarle a tu hijo un arma, pero en la biblioteca pública no leerá Little Red Riding Hood.

Las pruebas de la estupidez humana abundan: ¿Dónde está Wally? se llegó a retirar de algunas bibliotecas de Michigan y Nueva York porque en una de las láminas aparecía una mujer tomando el sol en toples. Parece que los censores lograron localizar un pecho minúsculo entre la multitud ¿Encontrarían a Wally?

Hasta El Principito fue prohibido en Argentina «por fomentar la imaginación excesiva». Aunque, como nos recordaba Marta Minujín, nunca sería tan excesiva como la que la Junta Militar fue capaz de desplegar torturando y asesinando a sus compatriotas.

Tras su presentación hace varios años en Art Basel, La habitación de los libros prohibidos fue adquirida por la Fundación Banc Sabadell. Ahora puedes verla en la Blueproject Foundation de Barcelona hasta el 17 de mayo. Después seguirá su periplo por Suiza y Alemania recordándonos que hoy, en muchos lugares, un libro puede llevar a un ser humano a la muerte. El pasado febrero, El Cultural también reseñaba la exposición.

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Biblioideas. Lou Reed se queda en Nueva York

Lou Reed y Laurie AndersonAseguraba Ian Dury que, cuando compuso Sex and drugs and rock and roll sólo pretendía “sugerir que la vida era más que esas tres cosas, sexo, drogas y rock and roll, o que estar todo el día tirando de una palanca en una fábrica”. Pero ya decía Lennon que la vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes sobre ella, así que, a pesar de sus intenciones, esa frase se convirtió en himno. Se grabó en 1977 y la BBC se negó a emitirla porque un tema con ese título sólo podía fomentar “la mala vida”. Hoy esa expresión forma parte de la lengua inglesa.

Para entonces, The Velvet Underground ya se había disuelto, el punk se extendía por Londres y Nueva York y Lou Reed había sacado media docena de discos que se encargaban de darle una vuelta de tuerca a aquel “inocente” lema de Ian Dury hablando de prostitución, transexualidad, heroína o enfermedad mental, temas nada habituales hasta entonces en las letras del rock. Con trastorno bipolar, sexualidades diversas, sustancias peligrosas, una guitarra y su talento emprendió por un tiempo su camino por el lado salvaje, mostrándonos que a menudo la vida es triste y hermosa, pero nunca fácil. Afortunadamente sobrevivió, llegó a hacerse un señor mayor y acabó con él un trasplante de hígado.

Hace unos días supimos que Laurie Anderson, su viuda, que ya apareció en una biblioidea de 2015, había llegado a un acuerdo con la Biblioteca Pública de Nueva York por el que ésta adquiría los papeles y grabaciones de Lou Reed a cambio de hacerlos totalmente accesibles al público. Lo anunciaban el 2 de marzo, día en que este amante de la ciudad de Nueva York habría cumplido 75 años. Ella ha estado recopilando y sistematizando ese archivo desde su muerte en octubre de 2013.

“Se necesita mucho tiempo para contemplar una vida y ahora que la primera etapa de la creación de estos archivos está acabada, podemos dar un paso atrás y apreciar algunos patrones deslumbrantes que Lou hizo durante su larga e intensa carrera como artista”

Pasaporte de Lou Reed

Laurie Anderson pretende que se digitalicen los contenidos y poder ofrecerlos en línea, aunque eso llevará su tiempo: son unos cien metros lineales de documentación, seiscientas horas de grabaciones de audio en todos los soportes posibles, más de mil vídeos, correspondencia con toda clase de gente (desde Jimmy Page a Vaclav Havel), objetos, contratos, etc. Todo ello sin contar con los diversos problemas de copyright que habrá que resolver.

No os dejéis subyugar por el Lou Reed de la leyenda: conservaba escrupulosamente sus papeles (contratos, liquidaciones de royalties, recibos diversos…) y estaba al día en sus deberes tributarios. No se han revelado los detalles de la venta pero ¿alguien puede imaginar cuánto dinero habría podido obtener Laurie Anderson si hubiera optado por vender o subastar objeto por objeto el legado de Lou Reed?

En un país como el nuestro puede parecer chocante, pero en Estados Unidos no supone ninguna novedad que universidades y otras instituciones intenten hacerse con los archivos de las estrellas del rock. La Universidad de Cornell lo hizo en 2015 con The Velvet Underground, la de Tulsa, en Oklahoma, con Bob Dylan o la de Monmouth, en New Jersey, con Bruce Springsteen.

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Y también en Europa: hace unos días hemos visto que la Universidad de Friburgo, en Alemania, recibía una donación con, posiblemente, la mayor colección existente de parafernalia de los Rolling Stones, reunida a lo largo de cincuenta años por un seguidor incondicional de sus satánicas majestades, Reinhold Karpp, fallecido en 2012.

Estos días un banco te ofrece sus servicios en un anuncio con el Cry baby de Janis Joplin como sintonía de fondo. Poco importa lo que dice la canción y menos la memoria de Janis Joplin. La realidad se sustituye por sus fetiches y lo que ayer resultaba insoportable hoy se compra en un todoacién. Bien pensado, siempre será mejor que nuestros objetos culturales estén al alcance de todos en instituciones públicas.

Si alguien quiere saber más de la vida y el legado de Lou Reed, acaba de aparecer Catálogo irracional, de Ignacio Julià.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Una biblioteca fronteriza

Haskell Free Library & Opera House, Derby Line (EE.UU) - Stanstead (Canadá)

Como todos los muros, era ambiguo, con dos caras. Lo que estaba dentro y lo que estaba fuera dependía del lado en el que te encontrases.
Ursula K. Le Guin. Los desposeídos

Vermont (pronunciado como palabra aguda) es uno de los estados más pequeños de la Unión (unos 24.000 km2, la mitad de Aragón) y menos poblados (algo más de 600.000 habitantes). También es el que tiene un mayor porcentaje de personas de raza blanca (más del 95%).

En otro orden de cosas, ha destacado históricamente por sus políticas abiertas y su voto al Partido Demócrata (Bernie Sanders fue en los 80 alcalde de Burlington, su ciudad más poblada).

En Derby Line, una pequeña localidad de Vermont, se encuentra la Haskell Free Library & Opera House, centro cultural de la comunidad, patrimonio histórico y edificio peculiar por varios motivos,  especialmente por su ubicación en plena frontera; hasta el punto de que ésta parte en dos el propio edificio: el mostrador de la biblioteca está en Estados Unidos, el depósito en Canadá (una línea negra pintada en el suelo indica la frontera); el patio de butacas de la Ópera está en Estados Unidos, el escenario en Canadá.

El edificio se inauguró en 1904 y fue construido así deliberadamente por los Haskell, una pudiente familia de comerciantes, con el objetivo de proporcionar “un centro de aprendizaje y enriquecimiento cultural” a las comunidades fronterizas. Se especificaba, además, que la Ópera sería la fuente de financiación de la biblioteca, algo que no se llegó a conseguir a pesar de que una multitud de artistas han pasado por ella. Hoy sigue ofreciendo una programación regular y pueden verse las firmas de aquellos en las paredes de los camerinos.

Pegada a la estadounidense Derby Line se encuentra la canadiense Stanstead. Ambas forman una sola comunidad, comparten el edificio, mantienen relaciones cordiales desde hace doscientos años y, fronteras aparte, a pesar de que cada una tiene su ayuntamiento, como marca la ley, se las han arreglado para compartir lazos familiares o servicios (bomberos, agua y saneamiento, etc.). En alguno de los pasos, en lugar de muros o concertinas tienen un “destacamento” de macetas.

Macetas "patrullando" entre Derby Line y Stanstead.

Cuando a comienzos de los 70 se especulaba con la reunificación de Los Beatles, John Lennon estaba en una situación en la que, si salía de Estados Unidos, no podía volver a entrar y George Harrison tenía prohibida la entrada en cualquier caso. A los administradores del Haskell se les ocurrió la solución:  aquí John y George podrían unirse a Paul y Ringo sin verse en problemas legales. Lamentablemente, no hubo reunión del grupo, de manera que todo quedó en nada.

A pesar de actos como el de este peligroso activista de la foto entrando ilegalmente a los Estados Unidos (¿o será a Canadá?) y de algún incidente ocasional de contrabando de armas o tráfico de drogas, ni siquiera las medidas de protección de fronteras tomadas tras los atentados del 11-S han acabado con la situación (aunque hoy hay más dificultades y vigilancia que antes). De hecho, en 2004, tras la reelección de George W. BuHaskell Free Library & Opera House, Derby Line (EE.UU) - Stanstead (Canadá)sh, un grupo de ciudadanos de Vermont, desesperados, se plantearon abandonar la Unión y convertir Vermont en la undécima provincia de Canadá. No sabemos si las políticas fronterizas del actual señor naranja de la Casa Blanca, tan diferentes a las canadienses, conseguirán dañar más el actual estado de cosas.

Por otro lado, en relación con sus fondos, funcionamiento, etc. la biblioteca sólo es una más. Como dice Nancy Rumery, su directora: «No hacemos nada que no hagan otras bibliotecas. Intentamos ser la mejor biblioteca para nuestra comunidad, que está formada por personas de dos países diferentes […] Todos son nuestros vecinos y hacemos lo que podemos para ayudarles a aprender en su viaje a lo largo de la vida». Y que dure.

Si quieres saber más, El País y algún blog se han ocupado, entre otros, de la Haskell Free Library. También puedes acceder a su página de Facebook.

Agradezco a Joaquín que me diera a conocer esta historia.

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Biblioideas: Libros cartoneros

cartoneros argentinos

Buenos Aires, 2005: paseando por la avenida 9 de julio al anochecer, el viento esparcía el contenido de las bolsas de basura reventadas y la lluvia redondeaba un cuadro desolador. Alguien explicó que los cartoneros recorrían la ciudad con carretas y caballos para «recuperar» cartones y papel, también vidrio, cosas que se pudieran vender. Siempre habían deambulado por las calles los cirujas (en lunfardo, el que escarba en la basura, hasta dan título a un tango), pero con el estallido de la crisis argentina de 2001 y el empobrecimiento de la mayoría de la población, éstos se multiplicaron y adoptaron el nombre de cartoneros. Un estudio realizado en ese mismo año hablaba de 100.000 sólo en el área metropolitana de Buenos Aires. Las implicaciones eran muchas: trabajo infantil, problemas de salud pública, aparición de mafias, colusión con las empresas privadas dedicadas a la basura y el reciclaje, etc.

En 2002 crearon la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores «para la defensa de los derechos y el reconocimiento del valor ambiental y social de la labor que desarrollamos», que se integró a su vez en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Forzaron cambios legales y, paradójicamente, los cartoneros empezaron a trabajar en otra forma de gestión de los residuos poniendo en la agenda temas como la separación en origen o la necesidad de generar menos porquería, algo que no era una prioridad en Argentina.

Es en ese ambiente, dentro del movimiento de la economía social o popular, en el surgen las primeras editoriales cartoneras. En 2003 nace en Buenos Aires Eloísa Cartonera de la mano de varios artistas y escritores. Las cubiertas de sus libros son de cartón comprado a los cartoneros, pintadas a mano (cada ejemplar es único) por personas de escasos recursos que reciben un salario digno y preestablecido. Comenzaron vendiéndose en la calle pero la cooperativa tiene hoy «el catálogo más puntiagudo de la literatura suramericana», más de un centenar de títulos (del recientemente fallecido Ricardo Piglia entre otros), y proporciona trabajo estable a una docena de personas.

Eloísa Cartonera

El movimiento se extendió rápidamente por América Latina, en 2011 saltó el charco y en estos momentos se reparte por cuatro continentes. De hecho, la mayor base de datos de literatura cartonera, la Cartonera Publishers Database, está alojada en la Biblioteca de la Universidad de Wisconsin, en Madison. El contenido de muchos de sus títulos está accesible en línea, entre ellos Akademia Cartonera: un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina, una pequeña historia del movimiento.

En España apareció en 2009 Meninas Cartoneras (tal vez la pionera) y en 2013, en Barcelona, La Verónica Cartonera, promovida por la periodista Anna Gonzalez Batlle. Hoy son bastantes más, con nombres como Ediciones Karakartón o La Cordelería Ilustrada, que intenta resucitar la «literatura de cordel» de la mano del hijarano culoinquieto Víctor Guíu.

Si quieres saber más, en la página web de La Verónica hay bastantes enlaces. También aquí puedes ver una panorámica (aunque no muy actualizada) de las editoriales cartoneras. O leer Fuerza cartonera, un estudio sobre la cultura editorial cartonera y su comunicación, realizado por Beatriz Martínez Arranz en 2013 como trabajo de fin de máster de la Universidad de Valladolid.

Recuerda que en España cuatro grandes grupos editoriales (y multimedia y de entretenimiento y de…) publican más de la mitad de los títulos y el 4% de las empresas edita el 70 por ciento del total. Lo contaba en 2000 André Schiffrin en La edición sin editores y seguro que hoy esas cifras no han mejorado. Al contrario.

Con este panorama, bienvenidas sean las editoriales cartoneras y la diversidad cultural. «Somos frágiles, pero independientes», reconocía en una entrevista Washington Cucurto, uno de los fundadores de Eloísa Cartonera.

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