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Biblioideas : Libros en una molécula

Programa Memoria del Mundo

Desde los años noventa del pasado siglo la UNESCO viene alimentando el Archivo de la Memoria del Mundo. Lo creó dentro del Programa Memoria del Mundo con una idea clara:

El patrimonio documental del mundo pertenece a todos los seres humanos y, como tal, debe ser preservado y protegido para que todos y cada uno puedan acceder a él de manera libre, permanente y sin obstáculo.

Y añade que buscará estos objetivos utilizando para ello las técnicas más apropiadas.

Aunque, cumpliendo la Ley de Moore, un chip podía tener en 1971 algo más de dos mil transistores y tiene hoy más de mil millones, los posibles límites físicos del silicio han llevado los últimos años a estudiar la capacidad de almacenamiento de información digital en ADN y las herramientas necesarias para ello (por ejemplo CRISPR).

Viendo el futuro negocio, se han metido en ello Microsoft y múltiples compañías privadas, pero también diferentes equipos académicos de investigación, como los de las universidades de Harvard o Washington. También el European Bioinformatics Institute del Reino Unido, en 2013, consiguió almacenar datos en ADN (el pdf del artículo de Crick y Watson describiendo la estructura del ADN, todos los sonetos de Shakespeare o algunos extractos del discurso de Martin Luther King I have a dream, entre otra cosas). En este gráfico se puede ver el mecanismo.

almacenar datos en ADN

La UNESCO también lleva unos años colaborando en la investigación en la confianza de que podría solucionar los problemas de almacenamiento a muy largo plazo. Hablan de una capacidad casi infinita (aunque nada lo sea) y unos periodos de conservación de cientos de miles de años (aunque no está muy claro que entonces haya nadie para verlo). Para hacernos una idea: unos cuatro gramos de ADN permitirían conservar los datos digitales producidos durante un año por todos los seres humanos.

En fin, que no podemos evitar la sensación de que todos quieren vendernos algo, aunque sólo se deba probablemente a las típicas reticencias de ignorante malpensado.

Hace unas semanas supimos que se habían grabado en ADN un par de canciones y, sobre todo, se habían conseguido reproducir con total precisión. Eran Smoke on the water, de Deep Purple, y Tutu, de Miles Davis, a quien nuestro compañero Luis dedicó en este blog un magnífico Nosololibros.

El pasado marzo lo hicieron con los cincuenta segundos de la película de los hermanos Lumière L’arrivée d’un train à La Ciotat, realizada en 1895. Poco después, en julio, creando un GIF microscópico y acoplándolo a una bacteria, habrían grabado en ADN la primera imagen en movimiento, realizada en 1873: The horse in motion, de Eadweard Muybridge.

Antes, en 2012, George Church, un visionario del laboratorio de Harvard citado más arriba, ya lo había hecho con un libro. Eligió para la ocasión el que él mismo estaba terminando de escribir: Regenesis. En 2013 lo publicó en papel. Aquí tienes una reseña.

En todo caso, convertir ADN, tanto sintético como biológico, en el disco duro del futuro resulta hoy prohibitivo por sus costes, ya está enfangándose en un mar de patentes e intereses y sigue habiendo problemas sin resolver (por ejemplo, la imposibilidad de reescribir sobre él). Pero la ciencia tiene una máxima: «todo lo que pueda hacerse, se hará» y el uso de ADN como repositorio es ya una tendencia imparable cuyo desarrollo a gran escala o comercial, es muy probable que nos coja a todos, eso sí, criando malvas.

 

 

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Cinco años

 

Nuestra especie humana necesita historias para acompañar el tiempo y retenerlo un poco. Así que yo recopilo historias, no las invento. Voy detrás de la vida, a espigar, si se trata de un campo; a racimar, si se trata de un viñedo. Las historias son un resto que ha dejado el paisaje.

Erri De Luca, Historia de Irene

Ya nos han destetado, se nos están cayendo los primeros dientes y vamos a conocer al ratoncito Pérez. Cada vez controlamos mejor nuestros movimientos, tenemos bastante desarrollado el equilibrio y podemos saltar sin problemas, ponernos de puntillas y dar volteretas. Nuestro cerebro ha entrado en ebullición y no dejamos de preguntarnos cosas, ya vamos distinguiendo la fantasía de la realidad, hablamos con claridad aunque se nos siguen cayendo los mocos, hace tiempo que dejamos el chupete y ya no nos chupamos el dedo… ¡Cumplimos cinco años!

La biblioidea de hacer las Biblioideas surgió a comienzos del verano de 2012. La gestación fue corta, nos dieron un nombre tras barajar varios y la primera de nosotras vio la luz en octubre. Cabemos en un folio y nos aderezan con alguna foto. TiraBUZon nos acogió desde el principio con todo el apoyo y la paciencia que una recién nacida necesita, la prole fue creciendo mes a mes y ya somos sesenta.

No nos dieron un nombre muy enrevesado así que, para evitar futuros problemas, nuestros progenitores buscaron por el mundo hispanohablante proyectos, iniciativas, blogs, etc. que ya lo utilizaran. No había ningún dominio, nombre o denominación registrados y sólo encontraron un blog, llamado exactamente Biblio-ideas, creado por un estudiante argentino de biblioteconomía y sin actividad aparente desde febrero de 2011. Había también unas Biblioideas verdes, hoy desaparecidas de la red, relacionadas con la política ambiental de la Universidad de Burgos. A ambas se les comunicó nuestro nacimiento, pero nunca hubo contestación.

Más tarde, han ido encontrándose con algunos más: una sección del blog BiblioTICMosic, sin actividad desde 2013; un blog gastronómico-festivo de la ecuatoriana Adriana Proaño, de reciente creación; tableros en Pinterest de Rosana Martín Lizana o Susana Barrionuevo se llaman como nosotras; también una pizarra con una tormenta de ideas de la Biblioteca Reina Sofía (Valladolid) en Flickr, etc. Hasta una base de datos bibliográfica del Centre d’Etude de l’Energie Nucléaire, en Bélgica, lleva nuestro nombre.

Como en la vida misma, unas hemos sido concebidas deprisa y corriendo, en ese terreno tan propicio para errores y gazapos; a otras nos han engendrado con más calma. Algunas han macerado un tiempo, otras sólo han llegado a ser un deseo insatisfecho. Todas somos diferentes: hablamos de cosas que pueden hacerse con libros más allá de leerlos, de ciudades libreras, de comer libros o de olerlos; de artistas que trabajan con ellos, de instalaciones, de alguna librería o algún libro especiales, de bosques, de iniciativas, de reivindicaciones, etc. y en algunas hemos dejado entrar a la gente que busca refugio.

En estos cinco años, las cincuenta y nueve biblioideas anteriores a ésta hemos recibido algo más de cien mil visitas (a 22 de agosto, 102.534), pero no sabemos cuántas personas nos han visitado ni desde dónde ni su fidelidad. A excepción de la última, todas hemos aparecido en la primera semana de cada mes y sí que vemos un buen número de visitas en los primeros días, lo que podría indicar que alguno de nuestros visitantes es asiduo.

En cualquier caso, gracias en nombre de todas nosotras. Y perdonad la arrogancia de dedicar una biblioidea a hablar de nosotras mismas.

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Biblioideas: Los libros de Tombuctú

TombuktuNosotros, europeos, no sabemos gran cosa de África. Los del sur, algo, tal vez, de los países ribereños del Mediterráneo; un poco más de algún destino turístico, algún documental de sobremesa (seguramente sabemos más de la fauna africana que de sus gentes) y, si acaso, lo que podemos intuir en quienes arriesgan sus vidas en el mar.

Si hablamos de historia, cero. En alguna parte de nuestra formación nos habrán hablado del imperio egipcio o de los cartagineses, pero seguro que podemos decir poco de lo que ocurrió en África desde entonces hasta la época colonial.

África triplica en extensión a Europa, la supera en población: ¿es posible que en más de mil años no ocurriera en ella nada reseñable? ¿Nada que nos pudiera interesar? Obviamente, no. En ese lapso de tiempo florecieron auténticos imperios como el Songhai, el de Mali y muchos otros de los que nunca oímos hablar. A falta de los necesarios matices, no le faltaba razón al historiador británico Hugh Trevor-Roper cuando decía que «sólo existe la historia de los europeos en África, el resto es oscuridad». Basaba su afirmación en la inexistencia de «evidencias documentales». Es verdad que la imprenta en África comienza con el colonialismo, pero evidencias textuales existen en el continente al menos desde mil años antes.

Tombuctú, en el actual Mali, fue a comienzos del siglo XIX un destino de leyenda: una ciudad bañada en oro en medio del desierto. Tombuctú, «la de los 333 santos», nunca estuvo bañada en oro, pero sí tuvo su Edad de Oro: ya en el siglo XIII, pero especialmente durante los siglos XV y XVI (con 100.000 habitantes), fue una referencia comercial, espiritual e intelectual para la mitad norte de África; formó parte de la ruta transahariana que conectaba el Mediterráneo con el África subsahariana y de la ruta comercial que venía desde la península arábiga hasta el Atlántico; florecieron en ella maestros, escuelas, bibliotecas, traductores y copistas de todo tipo de textos antiguos que, transmitidos de padres a hijos, han venido constituyendo para sus poseedores el tesoro familiar.

Centro de Documentación e Investigaciones Ahmed Baba (CEDRAB). Ahmed Baba, TomboctuEl granadino León el Africano, que visitó la ciudad a comienzos del siglo XVI, ya dejó escrito que «en Tombuctú hay numerosos cadíes, imames y alfaquíes, todos bien pagados por el rey, que honra mucho a los hombres de letras. También se venden muchos libros manuscritos traídos de Berbería y se saca más beneficio de esta venta que del resto de las mercancías».

Para garantizar la preservación de los manuscritos que aún se conservaban (los más antiguos datan del siglo XIII) el gobierno de Mali, auspiciado por la Unesco, creó en 1973 el Centro de Documentación e Investigaciones Ahmed Baba (CEDRAB). Ahmed Baba, que da nombre al centro, fue un sabio bereber contemporáneo de Cervantes y Shakespeare.

A lo largo del tiempo ese proyecto se fue haciendo más ambicioso y, con el apoyo de la Fundación Gerda Henkel –alemana– y la Universidad de Ciudad del Cabo, se puso en marcha en 2003 el Tombouctu Manuscripts Project, extendiendo su área de interés a toda la tradición manuscrita (Etiopía, Tanzania, etc.) y la historia del libro africanas.

Entre estos manuscritos hay tratados de lógica, historia, astrología y medicina, comentarios a los libros sagrados y poemas que cantan a la belleza o al amor. Temáticas herejes para el yihadismo que empezó a instalarse en la región a partir de 2010. Hoy las cosas no pintan mucho mejor.

Se estima que puede haber en Mali unos cien mil manuscritos. Afortunadamente, en los últimos años, organizaciones internacionales, fundaciones, etc. se han interesado y han contribuido de diferentes maneras a la preservación de este legado, pero (como ocurre casi siempre) han sido héroes anónimos los que han hecho posible sobre el terreno su preservación. El periodista Joshua Hammer, en Los contrabandistas de libros, te cuenta las peripecias de Abdel Kader Haidara, uno de estos héroes, creador de la Biblioteca Mamma Haidara. Otra colección importante, el Fondo Ka’ti, base de la Biblioteca Andalusí de Tombuctú, también forma parte del proyecto con sus más de 12.700 manuscritos, redactados muchos de ellos en Córdoba. Se creó en 2003 con apoyo español ya que los ancestros de la familia Ka’ti abandonaron Toledo en 1448. Ismael Diadié Haidara, que reunificó el fondo de la familia, tuvo que huir de Tombuctú en abril de 2012, después de que los bárbaros rodearan su casa con el objetivo de destruir el Fondo Ka’ti, algo que afortunadamente no consiguieron (en ese momento los manuscritos ya estaban a buen recaudo). Manuel Pimentel y el propio Ismael Diadé cuentan la historia en el libro Tombuctú: andalusíes en la ciudad perdida del Sáhara. En 2013, impulsado por algunos artistas e intelectuales (los puedes ver en la foto), se creó un Círculo de Amigos de la Fundación Mahmud Kati, pero no parece que haya tenido continuidad.

Círculo de Amigos de la Fundación Mahmud Kati

Aquí puedes ver la intervención -algo más de una hora- de Ismael Diadé Haidara en unas Jornadas celebradas en Granada en 2014.

Ya sabemos algo más de África.

Exposición en Zaragoza

El Fondo Kati expone en Zaragoza dos de sus manuscritos, del 25 de octubre al 5 de noviembre de 2017, en la Torre DKV, en el número 3 de la calle María Zambrano de Zaragoza.
La exposición se llama “El Fondo Kati y el diálogo de las culturas”.

Os dejamos algunos enlaces de la exposición en la prensa:

http://www.europapress.es/aragon/noticia-exposicion-da-conocer-fondo-manuscritos-kati-torre-dkv-capital-aragonesa-20171025121843.html

http://www.aragondigital.es/noticia.asp?notid=160813&secid=12

http://www.heraldo.es/noticias/ocio-cultura/2017/10/25/manuscritos-que-cuentan-por-si-solos-parte-historia-andalus-1203930-1361024.html

Biblioideas

Biblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Después de los libros

 4-Elements: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación

El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Antonio Gramsci

El pasado 27 de junio se cumplieron cincuenta años de la instalación en Londres del primer cajero automático, aunque aquí no veríamos ninguno hasta 1974. El primer teléfono móvil se presentó en 1973 y la World Wide Web en 1992.

En 1959 llegó a España el primer ordenador, fue para Renfe. Hasta 1963 no llegaría uno a la Universidad de Zaragoza (por cierto, si quieres saber más de la historia de la informática en ella desde entonces no te pierdas este entretenido trabajo de Paco Serón, uno de sus investigadores).

Sólo unas décadas después de aquello, compramos la ropa o la comida en Internet, manejamos electrodomésticos desde la distancia y nos vemos metidos en una madeja de artilugios tecnológicos que han conseguido la paradoja de estar permanentemente conectados pero vernos poco y tratarnos menos. No está claro que la especie humana esté preparada para asumir estos cambios en tan corto espacio de tiempo sin consecuencias en la sociedad y en el individuo, en nuestra forma de ser, de comportarnos, de afrontar problemas, de vivir.

¿Y las bibliotecas? Nadie sabe realmente qué será de esos lugares, en qué se convertirán, ni siquiera si existirán a largo plazo. Los cambios en ese ámbito también han sido vertiginosos. Lo que es una tendencia en las bibliotecas públicas se consolida en las académicas y en las bibliotecas científicas ya es un hecho: el libro o la revista de papel están siendo relegados y “el usuario” empieza a ser un extraño. Nos consta su existencia y sigue disfrutando de servicios de la biblioteca, pero apenas se deja ver. No hablamos con él cara a cara, no vemos sus gestos ni su aspecto, no oímos el tono de su voz, no hay ese intercambio generador de sensaciones y emociones. De hecho muchas bibliotecas se esfuerzan en generar actividades que recuperen o refuercen ese contacto. En la misma Universidad de Zaragoza hay experiencias en esta dirección que puedes ver en otras secciones de este blog. La última, la Biblioteca de Semillas, en la Escuela Politécnica Superior de Huesca.

 4-Elements: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación

A estas o parecidas ideas les daba vueltas Fernando del Blanco, bibliotecario en el CID de Barcelona, un centro de investigación del CSIC, cuando una conversación sobre libros con miembros de 4-Elements, un colectivo artístico de la ciudad, acabaría convirtiéndose en una exposición: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación, «un viaje de indagación por el formato, por la morfología, por la poética y por la mitología del libro» materializado en una serie de “monstruos” de los que hablaba Gramsci.

Se enmarca en las actividades programadas dentro de la celebración del 50 aniversario del CID y ha estado abierta en la sala de lectura de su biblioteca desde el 9 de febrero al 30 de junio. Aquí puedes ver las obras. La exposición albergaba además la instalación Pre-Libros, seis piezas que incidían en la historia y los formatos del libro. Puedes verlas aquí.

Con ello Fernando del Blanco quería compensar «la pérdida de afluencia de nuestros usuarios precisamente por la crisis del libro que la exposición narra […] y continuar haciendo de la biblioteca un lugar atractivo, no sólo una aplicación, un recurso digital, un teléfono o un correo electrónico útiles». Lo cuenta en la última Enredadera, la revista de la Red de Bibliotecas y Archivos del CSIC.

 

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Biblioideas: La habitación de los libros prohibidos

Alicia Framis

Alicia Framis es una artista nacida en Barcelona que vive y trabaja en Ámsterdam. Su obra combina arquitectura, diseño, instalaciones, etc. y quiere incidir en el cuestionamiento de nuestra sociedad urbana contemporánea, sus mecanismos de coacción, la falta de comunicación interpersonal, la pérdida de la identidad o la discriminación de las minorías.

Estas ideas recorren toda su obra desde sus primeros proyectos a finales de los 90 (Loneliness in the City o Minibar) hasta los más recientes Genderless Project o Room for Forbidden books.

Es precisamente esta última la que ha llamado nuestra atención. En ella, como en otras obras suyas, ha utilizado un formato concreto: una habitación. Forma así parte de una serie, Habitaciones prohibidas, que intenta reflejar esa mirada crítica de la artista sobre diferentes aspectos del entorno.

ALICIA FRAMIS, CHAMBRE DES LIVRES INTERDITS 2014. MUSÉE NATIONAL PABLO PICASSO, LA GUERRE ET LA PAIX

La habitación de los libros prohibidos va en esa misma dirección. En esta ocasión presenta una estructura de madera, una habitación, un espacio íntimo, con algo menos de 200 obras relevantes para el conocimiento humano y la literatura universal que han estado prohibidas en algún momento o lo están ahora. Una selección difícil, habida cuenta de que todas las obras de algún interés han sido prohibidas o censuradas en alguna parte a lo largo de su historia. También hoy. Y en nuestro país no hace tanto.

Los libros tienen una cubierta gris. En cada una de ellas aparece sobreimpreso el texto que el censor le dedicó a Cándido, El segundo sexo, o los Versos satánicos (Salman Rushdie sigue amenazado de muerte desde 1986). El visitante puede entrar, ojear los libros, sentarse a leerlos, confrontar opiniones, ver el zarpazo de la censura. También dialogar con la autora, que completa la instalación recibiendo al visitante con un elegante pijama azul. En la edición catalana de El País del pasado 22 de enero, al comienzo de su exposición en Barcelona, decía Alicia Framis:

Más allá de permitir comprobar que muchas de las que ahora consideramos obras maestras fueron prohibidas en algún momento de la historia, la instalación es un pretexto para iniciar el diálogo. Lo verdaderamente importante es lo que pasa entre la gente dentro de la habitación.

¿Sabías que en las bibliotecas de varios condados californianos está retirado de la circulación el cuento infantil Caperucita Roja por la tenencia de alcohol de una menor? (es que en la cesta lleva vino para su abuelita). Puedes regalarle a tu hijo un arma, pero en la biblioteca pública no leerá Little Red Riding Hood.

Las pruebas de la estupidez humana abundan: ¿Dónde está Wally? se llegó a retirar de algunas bibliotecas de Michigan y Nueva York porque en una de las láminas aparecía una mujer tomando el sol en toples. Parece que los censores lograron localizar un pecho minúsculo entre la multitud ¿Encontrarían a Wally?

Hasta El Principito fue prohibido en Argentina «por fomentar la imaginación excesiva». Aunque, como nos recordaba Marta Minujín, nunca sería tan excesiva como la que la Junta Militar fue capaz de desplegar torturando y asesinando a sus compatriotas.

Tras su presentación hace varios años en Art Basel, La habitación de los libros prohibidos fue adquirida por la Fundación Banc Sabadell. Ahora puedes verla en la Blueproject Foundation de Barcelona hasta el 17 de mayo. Después seguirá su periplo por Suiza y Alemania recordándonos que hoy, en muchos lugares, un libro puede llevar a un ser humano a la muerte. El pasado febrero, El Cultural también reseñaba la exposición.

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Biblioideas. Lou Reed se queda en Nueva York

Lou Reed y Laurie AndersonAseguraba Ian Dury que, cuando compuso Sex and drugs and rock and roll sólo pretendía “sugerir que la vida era más que esas tres cosas, sexo, drogas y rock and roll, o que estar todo el día tirando de una palanca en una fábrica”. Pero ya decía Lennon que la vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes sobre ella, así que, a pesar de sus intenciones, esa frase se convirtió en himno. Se grabó en 1977 y la BBC se negó a emitirla porque un tema con ese título sólo podía fomentar “la mala vida”. Hoy esa expresión forma parte de la lengua inglesa.

Para entonces, The Velvet Underground ya se había disuelto, el punk se extendía por Londres y Nueva York y Lou Reed había sacado media docena de discos que se encargaban de darle una vuelta de tuerca a aquel “inocente” lema de Ian Dury hablando de prostitución, transexualidad, heroína o enfermedad mental, temas nada habituales hasta entonces en las letras del rock. Con trastorno bipolar, sexualidades diversas, sustancias peligrosas, una guitarra y su talento emprendió por un tiempo su camino por el lado salvaje, mostrándonos que a menudo la vida es triste y hermosa, pero nunca fácil. Afortunadamente sobrevivió, llegó a hacerse un señor mayor y acabó con él un trasplante de hígado.

Hace unos días supimos que Laurie Anderson, su viuda, que ya apareció en una biblioidea de 2015, había llegado a un acuerdo con la Biblioteca Pública de Nueva York por el que ésta adquiría los papeles y grabaciones de Lou Reed a cambio de hacerlos totalmente accesibles al público. Lo anunciaban el 2 de marzo, día en que este amante de la ciudad de Nueva York habría cumplido 75 años. Ella ha estado recopilando y sistematizando ese archivo desde su muerte en octubre de 2013.

“Se necesita mucho tiempo para contemplar una vida y ahora que la primera etapa de la creación de estos archivos está acabada, podemos dar un paso atrás y apreciar algunos patrones deslumbrantes que Lou hizo durante su larga e intensa carrera como artista”

Pasaporte de Lou Reed

Laurie Anderson pretende que se digitalicen los contenidos y poder ofrecerlos en línea, aunque eso llevará su tiempo: son unos cien metros lineales de documentación, seiscientas horas de grabaciones de audio en todos los soportes posibles, más de mil vídeos, correspondencia con toda clase de gente (desde Jimmy Page a Vaclav Havel), objetos, contratos, etc. Todo ello sin contar con los diversos problemas de copyright que habrá que resolver.

No os dejéis subyugar por el Lou Reed de la leyenda: conservaba escrupulosamente sus papeles (contratos, liquidaciones de royalties, recibos diversos…) y estaba al día en sus deberes tributarios. No se han revelado los detalles de la venta pero ¿alguien puede imaginar cuánto dinero habría podido obtener Laurie Anderson si hubiera optado por vender o subastar objeto por objeto el legado de Lou Reed?

En un país como el nuestro puede parecer chocante, pero en Estados Unidos no supone ninguna novedad que universidades y otras instituciones intenten hacerse con los archivos de las estrellas del rock. La Universidad de Cornell lo hizo en 2015 con The Velvet Underground, la de Tulsa, en Oklahoma, con Bob Dylan o la de Monmouth, en New Jersey, con Bruce Springsteen.

BPNYPA

Y también en Europa: hace unos días hemos visto que la Universidad de Friburgo, en Alemania, recibía una donación con, posiblemente, la mayor colección existente de parafernalia de los Rolling Stones, reunida a lo largo de cincuenta años por un seguidor incondicional de sus satánicas majestades, Reinhold Karpp, fallecido en 2012.

Estos días un banco te ofrece sus servicios en un anuncio con el Cry baby de Janis Joplin como sintonía de fondo. Poco importa lo que dice la canción y menos la memoria de Janis Joplin. La realidad se sustituye por sus fetiches y lo que ayer resultaba insoportable hoy se compra en un todoacién. Bien pensado, siempre será mejor que nuestros objetos culturales estén al alcance de todos en instituciones públicas.

Si alguien quiere saber más de la vida y el legado de Lou Reed, acaba de aparecer Catálogo irracional, de Ignacio Julià.

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Biblioideas: Una biblioteca fronteriza

Haskell Free Library & Opera House, Derby Line (EE.UU) - Stanstead (Canadá)

Como todos los muros, era ambiguo, con dos caras. Lo que estaba dentro y lo que estaba fuera dependía del lado en el que te encontrases.
Ursula K. Le Guin. Los desposeídos

Vermont (pronunciado como palabra aguda) es uno de los estados más pequeños de la Unión (unos 24.000 km2, la mitad de Aragón) y menos poblados (algo más de 600.000 habitantes). También es el que tiene un mayor porcentaje de personas de raza blanca (más del 95%).

En otro orden de cosas, ha destacado históricamente por sus políticas abiertas y su voto al Partido Demócrata (Bernie Sanders fue en los 80 alcalde de Burlington, su ciudad más poblada).

En Derby Line, una pequeña localidad de Vermont, se encuentra la Haskell Free Library & Opera House, centro cultural de la comunidad, patrimonio histórico y edificio peculiar por varios motivos,  especialmente por su ubicación en plena frontera; hasta el punto de que ésta parte en dos el propio edificio: el mostrador de la biblioteca está en Estados Unidos, el depósito en Canadá (una línea negra pintada en el suelo indica la frontera); el patio de butacas de la Ópera está en Estados Unidos, el escenario en Canadá.

El edificio se inauguró en 1904 y fue construido así deliberadamente por los Haskell, una pudiente familia de comerciantes, con el objetivo de proporcionar “un centro de aprendizaje y enriquecimiento cultural” a las comunidades fronterizas. Se especificaba, además, que la Ópera sería la fuente de financiación de la biblioteca, algo que no se llegó a conseguir a pesar de que una multitud de artistas han pasado por ella. Hoy sigue ofreciendo una programación regular y pueden verse las firmas de aquellos en las paredes de los camerinos.

Pegada a la estadounidense Derby Line se encuentra la canadiense Stanstead. Ambas forman una sola comunidad, comparten el edificio, mantienen relaciones cordiales desde hace doscientos años y, fronteras aparte, a pesar de que cada una tiene su ayuntamiento, como marca la ley, se las han arreglado para compartir lazos familiares o servicios (bomberos, agua y saneamiento, etc.). En alguno de los pasos, en lugar de muros o concertinas tienen un “destacamento” de macetas.

Macetas "patrullando" entre Derby Line y Stanstead.

Cuando a comienzos de los 70 se especulaba con la reunificación de Los Beatles, John Lennon estaba en una situación en la que, si salía de Estados Unidos, no podía volver a entrar y George Harrison tenía prohibida la entrada en cualquier caso. A los administradores del Haskell se les ocurrió la solución:  aquí John y George podrían unirse a Paul y Ringo sin verse en problemas legales. Lamentablemente, no hubo reunión del grupo, de manera que todo quedó en nada.

A pesar de actos como el de este peligroso activista de la foto entrando ilegalmente a los Estados Unidos (¿o será a Canadá?) y de algún incidente ocasional de contrabando de armas o tráfico de drogas, ni siquiera las medidas de protección de fronteras tomadas tras los atentados del 11-S han acabado con la situación (aunque hoy hay más dificultades y vigilancia que antes). De hecho, en 2004, tras la reelección de George W. BuHaskell Free Library & Opera House, Derby Line (EE.UU) - Stanstead (Canadá)sh, un grupo de ciudadanos de Vermont, desesperados, se plantearon abandonar la Unión y convertir Vermont en la undécima provincia de Canadá. No sabemos si las políticas fronterizas del actual señor naranja de la Casa Blanca, tan diferentes a las canadienses, conseguirán dañar más el actual estado de cosas.

Por otro lado, en relación con sus fondos, funcionamiento, etc. la biblioteca sólo es una más. Como dice Nancy Rumery, su directora: «No hacemos nada que no hagan otras bibliotecas. Intentamos ser la mejor biblioteca para nuestra comunidad, que está formada por personas de dos países diferentes […] Todos son nuestros vecinos y hacemos lo que podemos para ayudarles a aprender en su viaje a lo largo de la vida». Y que dure.

Si quieres saber más, El País y algún blog se han ocupado, entre otros, de la Haskell Free Library. También puedes acceder a su página de Facebook.

Agradezco a Joaquín que me diera a conocer esta historia.

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Biblioideas: Libros cartoneros

cartoneros argentinos

Buenos Aires, 2005: paseando por la avenida 9 de julio al anochecer, el viento esparcía el contenido de las bolsas de basura reventadas y la lluvia redondeaba un cuadro desolador. Alguien explicó que los cartoneros recorrían la ciudad con carretas y caballos para «recuperar» cartones y papel, también vidrio, cosas que se pudieran vender. Siempre habían deambulado por las calles los cirujas (en lunfardo, el que escarba en la basura, hasta dan título a un tango), pero con el estallido de la crisis argentina de 2001 y el empobrecimiento de la mayoría de la población, éstos se multiplicaron y adoptaron el nombre de cartoneros. Un estudio realizado en ese mismo año hablaba de 100.000 sólo en el área metropolitana de Buenos Aires. Las implicaciones eran muchas: trabajo infantil, problemas de salud pública, aparición de mafias, colusión con las empresas privadas dedicadas a la basura y el reciclaje, etc.

En 2002 crearon la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores «para la defensa de los derechos y el reconocimiento del valor ambiental y social de la labor que desarrollamos», que se integró a su vez en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Forzaron cambios legales y, paradójicamente, los cartoneros empezaron a trabajar en otra forma de gestión de los residuos poniendo en la agenda temas como la separación en origen o la necesidad de generar menos porquería, algo que no era una prioridad en Argentina.

Es en ese ambiente, dentro del movimiento de la economía social o popular, en el surgen las primeras editoriales cartoneras. En 2003 nace en Buenos Aires Eloísa Cartonera de la mano de varios artistas y escritores. Las cubiertas de sus libros son de cartón comprado a los cartoneros, pintadas a mano (cada ejemplar es único) por personas de escasos recursos que reciben un salario digno y preestablecido. Comenzaron vendiéndose en la calle pero la cooperativa tiene hoy «el catálogo más puntiagudo de la literatura suramericana», más de un centenar de títulos (del recientemente fallecido Ricardo Piglia entre otros), y proporciona trabajo estable a una docena de personas.

Eloísa Cartonera

El movimiento se extendió rápidamente por América Latina, en 2011 saltó el charco y en estos momentos se reparte por cuatro continentes. De hecho, la mayor base de datos de literatura cartonera, la Cartonera Publishers Database, está alojada en la Biblioteca de la Universidad de Wisconsin, en Madison. El contenido de muchos de sus títulos está accesible en línea, entre ellos Akademia Cartonera: un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina, una pequeña historia del movimiento.

En España apareció en 2009 Meninas Cartoneras (tal vez la pionera) y en 2013, en Barcelona, La Verónica Cartonera, promovida por la periodista Anna Gonzalez Batlle. Hoy son bastantes más, con nombres como Ediciones Karakartón o La Cordelería Ilustrada, que intenta resucitar la «literatura de cordel» de la mano del hijarano culoinquieto Víctor Guíu.

Si quieres saber más, en la página web de La Verónica hay bastantes enlaces. También aquí puedes ver una panorámica (aunque no muy actualizada) de las editoriales cartoneras. O leer Fuerza cartonera, un estudio sobre la cultura editorial cartonera y su comunicación, realizado por Beatriz Martínez Arranz en 2013 como trabajo de fin de máster de la Universidad de Valladolid.

Recuerda que en España cuatro grandes grupos editoriales (y multimedia y de entretenimiento y de…) publican más de la mitad de los títulos y el 4% de las empresas edita el 70 por ciento del total. Lo contaba en 2000 André Schiffrin en La edición sin editores y seguro que hoy esas cifras no han mejorado. Al contrario.

Con este panorama, bienvenidas sean las editoriales cartoneras y la diversidad cultural. «Somos frágiles, pero independientes», reconocía en una entrevista Washington Cucurto, uno de los fundadores de Eloísa Cartonera.

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Biblioideas: Unos animales mirobrigenses

Bibliocaseta de Ciudad Rodrigo (Salamanca)

En la biblioidea de octubre hablábamos de inocentes quemas de libros, pero hace unos días nos encontramos con que en Ciudad Rodrigo, Salamanca, para algunos la antigua Miróbriga (parece que no está muy claro, pero al menos les dio el gentilicio), hubo quemas menos inocentes: algún vándalo (aunque los pobres vándalos no eran más feroces ni más desalmados que sus pueblos vecinos) quemó el interior de la Bibliocaseta, una pequeña biblioteca que el Centro Social Aldea tenía instalada cerca de un parque local, el parque de La Glorieta. Llovía sobre mojado, el pasado mes de mayo ya le habían arrancado el letrero. Se trata de una pequeña construcción, parecida a esa biblioteca de nuestro Parque José Antonio Labordeta (en Zaragoza), junto al Paseo de los Bearneses, que nunca veo abierta.

Todo empezó el pasado 23 de abril cuando, por iniciativa del Centro Social Autogestionado Aldea y con apoyo del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, se inauguraba la Bibliocaseta. Se aprovechaba así un antiguo quiosco cuya licitación había quedado desierta varias veces para fomentar la lectura y el encuentro tranquilos en un ambiente agradable. Sólo eso.

Centro Social ALDEA

El Centro Social Autogestionado Aldea, la primera iniciativa de este tipo en Ciudad Rodrigo, nació en el verano de 2014 de la mano de quince personas. Un año después, en una localidad de 13.000 habitantes, ya eran 800 y se habían visto obligados a trasladarse a una nueva sede en la que también disponen de biblioteca.

Por más que aquí nos interese resaltar su trabajo con libros, sus actividades son múltiples y para todas las edades. Es un espacio ganado para la comunidad, un lugar de encuentro.

No es lo mismo, pero para todo aquel que mantenga una relación fraternal con los libros, verlos arder en un espacio público no deja de recordar a la pira con miles de libros de la  berlinesa Opernplatz en 1933, frente a la Universidad Humboldt. Hoy se llama Bebelplatz y donde ardieron los libros hay una instalación, la Versunkene Bibliothek (Biblioteca sumergida) que no deja de recordar a los transeúntes lo que allí ocurrió.

Volviendo a Ciudad Rodrigo, aquí al lado podéis ver dos notas que se han colocado en la Bibliocaseta, una para el “vándalo desalmado” y otra para “el resto”. poesias para los "vándalos"

A la mañana siguiente del desastre ya había habido gente anónima dejando nuevos libros.

“Para nosotros, el que estaba condenado a ser un día triste pudo convertirse, con el calor y la compañía de una parte importante de los mirobrigenses, en aquel en que la convicción y la razón pudieron con la adversidad. Los mensajes que hemos recibido y las generosas acciones e iniciativas anónimas que han surgido nos abruman y demuestran que se trata de un proyecto que merece la pena y que es sentido como propio por el conjunto de la ciudadanía”.

Si queréis mostrarles vuestro apoyo os lo agradecerán. Podéis hacerlo en su página de Facebook, Twitter o en centrosocialaldea@gmail.com.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Cara Barer

Cara BarerEsta quincuagésima biblioidea se la dedicamos a Cara Barer, una mujer estadounidense nacida en 1956 que vive en Houston, Texas. Es fotógrafa. Bueno, en realidad realiza esculturas que luego fotografía. Y, desde 2004, utiliza para ello libros y mapas. Los transforma en arte jugando con las formas, esculpiéndolos; los tiñe, los hace pasar por diferentes procesos, los convierte en objetos hermosos y nos los devuelve en una fotografía.

Realiza exposiciones individuales y colectivas (las últimas, en Amsterdam o Toronto) y sus fotografías forman parte de colecciones públicas y privadas de medio mundo. También las puedes ver en cubiertas de libros y revistas.

«Llego a algunas de mis imágenes por casualidad y en otros casos a través de la experimentación. Sin estos dos elementos, mi trabajo no fluiría fácilmente de una idea a la siguiente. Un encuentro azaroso en la calle Drew con unas Páginas Amarillas de Houston empapadas por la lluvia fue mi primera inspiración. Después de aquel encuentro casual, empecé a buscar más libros y más formas de recrearlos»

La bruja. Cara Barer

Sin renegar, al contrario, de la tecnología, sus obras no dejan de expresar el temor por la transformación del libro y de nuestra relación con él en otra cosa, distinta a la experimentada hasta ahora; nos muestran la preocupación por esa naturaleza efímera y frágil de los actuales soportes del conocimiento y, por tanto, del conocimiento mismo.

A veces, como si se tratara de láminas de un test de Rorschach, puedes ver en sus imágenes flores, mariposas o una espcie de mandalas profanos. El objetivo de Cara Barer es claro:

«…involucrar al espectador mediante la presentación del libro fuera de contexto y llevarle a mirarlo como algo más que un libro. Al considerarlo sólo como un objeto metarmofoseado, pasa a ser para el espectador algo distinto de lo que fue»

Del mismo modo que con el «Ceci n’est pas une pipe» de Magritte en La trahison des images nos dice que ni la pipa de la frase ni la imagen que ves son una pipa, sólo representaciones, Cara Barer nos recuerda con sus obras que un libro puede ser muchas cosas, además de ser un libro. Al convertirlo en un objeto artístico lo despoja de sus valores literarios o editoriales, de su contenido, para darle una dimensión diferente. Ella asegura que sólo trabaja con libros obsoletos y sin valor.

«Con esos libros desechados que he adquirido, estoy tratando de borrar la línea entre los objetos, la escultura y la fotografía. Este proyecto se ha convertido en un viaje que sigue evolucionando…»

Rogets. Cara Barer

Disfruta paseando por su portafolio. Además, aquí puedes ver una entrevista (en inglés) en la que habla de su trabajo.

¡Ah! Otra cosa. ¿Crees que Bob Dylan puede recibir el Nobel? No importa. Mientras te lo piensas, puedes disfrutar con esta versión de Boots of Spanish Leather. Sus intérpretes aún no habían nacido cuando él la grabó.

Con premio y sin él, Bob Dylan, nieto de emigrantes ucranianos y lituanos, es ya una referencia de la cultura occidental (aunque no sepamos muy bien qué es eso) y ha formado parte de la educación sentimental de muchos de nosotros.

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