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Biblioideas. Lou Reed se queda en Nueva York

Lou Reed y Laurie AndersonAseguraba Ian Dury que, cuando compuso Sex and drugs and rock and roll sólo pretendía “sugerir que la vida era más que esas tres cosas, sexo, drogas y rock and roll, o que estar todo el día tirando de una palanca en una fábrica”. Pero ya decía Lennon que la vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes sobre ella, así que, a pesar de sus intenciones, esa frase se convirtió en himno. Se grabó en 1977 y la BBC se negó a emitirla porque un tema con ese título sólo podía fomentar “la mala vida”. Hoy esa expresión forma parte de la lengua inglesa.

Para entonces, The Velvet Underground ya se había disuelto, el punk se extendía por Londres y Nueva York y Lou Reed había sacado media docena de discos que se encargaban de darle una vuelta de tuerca a aquel “inocente” lema de Ian Dury hablando de prostitución, transexualidad, heroína o enfermedad mental, temas nada habituales hasta entonces en las letras del rock. Con trastorno bipolar, sexualidades diversas, sustancias peligrosas, una guitarra y su talento emprendió por un tiempo su camino por el lado salvaje, mostrándonos que a menudo la vida es triste y hermosa, pero nunca fácil. Afortunadamente sobrevivió, llegó a hacerse un señor mayor y acabó con él un trasplante de hígado.

Hace unos días supimos que Laurie Anderson, su viuda, que ya apareció en una biblioidea de 2015, había llegado a un acuerdo con la Biblioteca Pública de Nueva York por el que ésta adquiría los papeles y grabaciones de Lou Reed a cambio de hacerlos totalmente accesibles al público. Lo anunciaban el 2 de marzo, día en que este amante de la ciudad de Nueva York habría cumplido 75 años. Ella ha estado recopilando y sistematizando ese archivo desde su muerte en octubre de 2013.

“Se necesita mucho tiempo para contemplar una vida y ahora que la primera etapa de la creación de estos archivos está acabada, podemos dar un paso atrás y apreciar algunos patrones deslumbrantes que Lou hizo durante su larga e intensa carrera como artista”

Pasaporte de Lou Reed

Laurie Anderson pretende que se digitalicen los contenidos y poder ofrecerlos en línea, aunque eso llevará su tiempo: son unos cien metros lineales de documentación, seiscientas horas de grabaciones de audio en todos los soportes posibles, más de mil vídeos, correspondencia con toda clase de gente (desde Jimmy Page a Vaclav Havel), objetos, contratos, etc. Todo ello sin contar con los diversos problemas de copyright que habrá que resolver.

No os dejéis subyugar por el Lou Reed de la leyenda: conservaba escrupulosamente sus papeles (contratos, liquidaciones de royalties, recibos diversos…) y estaba al día en sus deberes tributarios. No se han revelado los detalles de la venta pero ¿alguien puede imaginar cuánto dinero habría podido obtener Laurie Anderson si hubiera optado por vender o subastar objeto por objeto el legado de Lou Reed?

En un país como el nuestro puede parecer chocante, pero en Estados Unidos no supone ninguna novedad que universidades y otras instituciones intenten hacerse con los archivos de las estrellas del rock. La Universidad de Cornell lo hizo en 2015 con The Velvet Underground, la de Tulsa, en Oklahoma, con Bob Dylan o la de Monmouth, en New Jersey, con Bruce Springsteen.

BPNYPA

Y también en Europa: hace unos días hemos visto que la Universidad de Friburgo, en Alemania, recibía una donación con, posiblemente, la mayor colección existente de parafernalia de los Rolling Stones, reunida a lo largo de cincuenta años por un seguidor incondicional de sus satánicas majestades, Reinhold Karpp, fallecido en 2012.

Estos días un banco te ofrece sus servicios en un anuncio con el Cry baby de Janis Joplin como sintonía de fondo. Poco importa lo que dice la canción y menos la memoria de Janis Joplin. La realidad se sustituye por sus fetiches y lo que ayer resultaba insoportable hoy se compra en un todoacién. Bien pensado, siempre será mejor que nuestros objetos culturales estén al alcance de todos en instituciones públicas.

Si alguien quiere saber más de la vida y el legado de Lou Reed, acaba de aparecer Catálogo irracional, de Ignacio Julià.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Una visión personal de la Biblioteca Pública de Nueva York

(Luis Blanco Domingo, Biblioteca de la Universidad de Zaragoza. Fotos: María José Tolosana)

Cuando aterrizas por primera vez en Nueva York, empiezas a comprender por qué la planificación del  viaje se torna excesivamente ambiciosa e imposible de cumplir. La tentación de ver todo lo posible en un tiempo limitado se ve relegada por la majestuosidad de una ciudad que se abre ante ti sin hostilidad ni posibilidad de sosiego, pero que entiendes inabarcable.

Cartel de Mientras Nueva York duerme

Quizá por mi trabajo, la pasión por la lectura o el cine, o una atracción imperceptible, casi sin abrir las maletas, dirigimos nuestros pasos hacia la Biblioteca Pública de Nueva York. Todos, en nuestros recuerdos, en nuestra memoria vital, hemos estado varias veces en Nueva York gracias al cine, viendo su irrupción con Daniel Day Lewis (Gangs of New York) acompañando a Woody Allen en su travesía por Manhattan (Manhattan), bailando junto a Gene Kelly (Un día en Nueva York) o Rita Moreno en el West Side (West Side Story), deslumbrados por la belleza de Audrey Hepburn reflejada en Tiffany´s (Desayuno con diamantes), o con la siempre inquietante y magnética visión de Fritz Lang en Mientras Nueva York duerme.

Biblioteca Pública de Nueva YorkDel mismo modo, Fortaleza y Paciencia, los dos leones que flanquean la entrada a la Biblioteca, se convertían en actores junto al elenco de Los Cazafantasmas. Y desde esa imagen fija en mi memoria comprobé una vez más que la realidad supera la ficción porque la convierte en algo palpable. Con todo, lo que más me impresionó no fueron el magnífico edificio, ni su entrada señorial, ni la conciencia de pisar un centro que dispone de un fondo bibliográfico ingente, ni la espectacular Rose Main Reading Room, adornada con frescos en el techo, con mesas de roble que incitan a la pausa y la lectura, ni la hemeroteca o la sala de mapas, que mezclan recogimiento y modernismo sin ningún complejo. Su enorme atractivo radica en su concepto de la cultura, en el significado de la lectura pública, de la visión abierta y sin barreras que acompaña todas sus actividades.

Parque Bryant, Nueva York

Y entendí por qué el parque Bryant se convirtió repentinamente en el lugar de esparcimiento y ocio en el que siempre quise adentrarme, enmarcado entre la vorágine del Midtown de Manhattan y sus edificios que respiran historia y esfuerzo, pero con la calma suficiente para sentirte dueño de tu propio tiempo, acompañado por esos libros que se te ofrecen en carros de uso público, por esas sillas y mesas que casi obligan a sentarte, por ese carrusel que te arroja de repente a la niñez … Un lugar fantástico y casi onírico, imposible de imaginar en la distancia, pero tan real que causa dolor abandonarlo.

Parque Bryant, Nueva York

Las bibliotecas son entes vivos no tanto por la constante incorporación de fondos como por el diseño y aplicación de políticas que dinamicen y permitan utilizar su enorme capacidad para transmitir cultura sin criterios restrictivos de ningún tipo, presididos con una clara intencionalidad didáctica y pedagógica. La Biblioteca Pública de Nueva York constituye un buen ejemplo