Archivo de la etiqueta: jazz

Nosololibros. Chet Baker: la balada del poeta roto

Adentrase en la vida y la obra de Chet Baker supone estar dispuesto a asumir un tobogán constante de sensaciones. Su carismática imagen, mucho más cercana a la de un actor de Hollywood o de un playboy de éxito, contrasta con la enorme capacidad seductora y atractiva de su música, que camina siempre entre la nostalgia y la poesía, entre la inestabilidad tremendamente humana de una nota a punto de quebrarse y la admirable emotividad de sus sensuales fraseos.

Una vida arruinada por sus adicciones, pero también condicionada por una pasión desmedida por el jazz, que incluso le impulsó a modificar su forma de tocar la trompeta tras la brutal paliza de unos traficantes de droga que le destrozó la mandíbula.

Desde que Charlie Parker (otro genio desarbolado por las drogas) le escuchara en los clubes de San Francisco e impulsara su carrera, se convirtió en un referente, un blanco magnético que se inmiscuía en un mundo de negros. No sólo era brillante como trompetista. Como vocalista, tenía una voz susurrante, a veces escasamente perceptible, pero plena de swing y cadencia que amplificaba todavía más su poderoso sentido icónico.

Extenuado por su vertiginoso tren de vida, decidió refugiarse en Europa sin modificar sin embargo sus tóxicos hábitos, lo que le ocasionó múltiples problemas con la justicia, incluso una pena de un año de cárcel en Italia y la deportación a su país natal. A finales de los setenta, regresó definitivamente al Viejo Continente, basando su carrera en conciertos tan irregulares como su propia vida, en los que se alternaban noches pletóricas con actuaciones vergonzantes. Rockeros como Elvis Costello o Van Morrison sucumbieron a su hipnótica forma de tocar (impagable la versión de Almost blue, canción compuesta por el primero).

Una película reciente (Born to be blue, 2015), dirigida por Robert Budreau, se acerca al mito de un músico maldito, magistralmente interpretado por Ethan Hawke. Una de las mejores escenas de la misma rememora su actuación en el Birdland de Nueva York. Entre el público asistente se encuentra el gran Miles Davis, escéptico y distante ante un músico blanco, la quintaesencia del cool jazz, al que consideraba un frívolo advenedizo. Más allá de sus discrepancias estilísticas, Miles comprendió que aquel hombre transmitía autenticidad envuelta en terciopelo sonoro.

Un hotel de Amsterdam fue finalmente el escenario de su muerte en 1988, el último acto de un músico incomparable, intuitivo y genial, que dotó a la trompeta de sensualidad y magnetismo, de desgarro interior y cierto aroma de desesperanza vital.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

Nosololibros. John Coltrane: la fascinación por el vértigo

John ColtraneCuando John Coltrane se unió al quinteto de Miles Davis para grabar uno de los mejores y más influyentes discos de la historia de la música, Kind of Blue (Columbia, 1959), el hard bop dejó de ser una etiqueta teórica y ambigua para convertirse en una forma de vida que recuperaba el aroma de la improvisación. El jazz volvía a vestirse de pasión sin renunciar al talento.Miles Davis

Porque talento y sonoridad siempre acompañaron la carrera musical de Coltrane (Hamlet, Philadelphia, 1926), empeñado en estar siempre en movimiento, buscando algo que le permitiera justificar su permanente desasosiego. Sus inicios en orquestas de rhythm and blues abren paso a finales de los años 40 a una etapa tóxica que con intermitencias le acompañará hasta su despertar espiritual de 1957, motivado por una extraña mezcla en la que confluyen la presencia de Miles, el descubrimiento del misticismo, el despertar de la conciencia negra y la influencia de Naima, su mujer, a la que más tarde dedicará una de las baladas e intensas más bellas de la historia.

A partir de ese momento, abandona la propuesta musical estándar y canónica para lanzarse a una fase marcada por la experimentación continua, en la que cobra especial protagonismo la incandescente presencia del pianista Thelonius Monk. John ColtraneSon momentos en que paulatinamente perfecciona técnicas de sonido, en que su virtuosismo se agita sin barreras tocando varias notas de forma simultánea, cegado por una complicidad cada vez más evidente con Monk. Sin duda el momento cumbre es Blue Train (Blue Note, 1957), donde el hard bop sigue presente pero ya atravesado por los primeros balbuceos de una incipiente revolución sonora, basada en la inquietud y una visión de la armonía nada acomodaticia.

Tras su segunda estancia con Miles, fruto de la cual es el ya mencionado Kind of Blue, Coltrane grabará para Atlantic dos de sus discos más exitosos, Giant Step (1959), y sobre todo My Favorite Things (1961).

John ColtraneEl primero muestra a un músico de vanguardia, con una velocidad de fraseo casi imposible, que juega con los acordes a su antojo, y en plenitud compositiva, álbum en el que destacan cortes como Naima o el tema que da título al disco.  Por su parte el segundo es la obra que mayores fervores del público obtuvo, y que contiene, en el corte homónimo del LP, una de las transformaciones musicales más brillantes y rotundas, que arranca desde un sencillo vals del musical The Sounds of Music a una versión magistral y lleva de universos sonoros, en el que recupera el vibrato del saxo soprano para el jazz. Ese mismo musical más tarde se transformaría en la almibarada película Sonrisas y lágrimas.

Coquetea con el free jazz en diversas grabaciones con el cuarteto de Ornette Coleman, y durante su época en el sello Impulse (1961) introduce no sólo instrumentos hasta ahora ajenos a la tradición jazzística como el oboe o el contrafagot, sino que profundiza en su investigación musical introduciendo temas inspirados en cantos védicos o espirituales negros. El cuádruple CD The Complete Village Vanguard (Impulse!, 1961) es testimonio de esa incursión en otros paisajes sonoros, marcados por la polémica presencia del músico Eric Dolphy, abanderado del free jazz y de los solos amplios y excesivamente libres para los más puristas.

La colaboración entre ambos fue breve, y abre paso a tres auténticas joyas discográficas. Con Ballads pareció querer suavizar sus tensas relaciones con los sectores más conservadores y puristas del jazz, abandonando esa faceta de rebeldía sin control para ofrecer una visión absolutamente apasionante y apasionada de grandes clásicos y standards, tocados con una elegancia y sensibilidad sublimes. John Coltrane and Johnny HartmanEl segundo de los discos, John Coltrane and Johnny Hartman, supone la única vez en que se acompaña de un vocalista, el prácticamente desconocido Johnny Hartman, para firmar una emotiva sucesión de clásicos en la que la unión de la voz grave, sugerente y profunda de Hartman se alían con las notas acariciadoras y firmes del saxo de Coltrane hasta conformar una obra cálida, armónica y sugerente en la que nada sobra y todo fluye. El tercero de los discos está marcado por su encuentro con Duke Ellington, y la imperecedera y rotunda versión de In A Sentimental Mood con la que nos deleita.

Sin embargo, la aparente estandarización de su obra no impide que en sus directos continúe apostando por amplios solos que crecen desde planos melódicos, y en los que su cuarteto actúa con absoluta libertad de criterio. La progresión alcanzará su cénit en 1962 con la grabación de A Love Supreme, una obra monumental estructurada como una suite en cuatro partes, considerada como una de las más influyentes no sólo en el jazz posterior, sino en otros ámbitos musicales como el rock.  John ColtraneEl lirismo, la espiritualidad y el goce existencial que transmite se adornan con una intensidad desgarrada, sin ambages, en la que el virtuosismo abre paso a una libertad creativa inaprensible y descarnada.

Ascension (1965) supone cierta continuidad con el disco anterior, pero sobre todo la consolidación definitiva de Coltrane como músico entregado al free jazz. Rodeado de alguno de los músicos que más tarde se considerarán adalides del nuevo género, como Freddie Hubbard o Pharaoad Sanders, grabará algunos conciertos en directo como Live in Seattle (1965) o Live in Japan (1966) en los que muestra una vitalidad y energía desbordantes, con briosas versiones de algunos de sus clásicos como My favorite things o Naima.

Sus dos últimos discos en estudio, Interstellar Space y Expression, ambos de 1967, son claros exponentes de esa necesidad de innovar y experimentar que presidió su vida, con pasajes en los que la libertad de expresión y la improvisación superan cualquier tipo de corsé armónico, definiendo musicalmente el concepto de free jazz de forma perfecta.

John Coltrane

Poco antes de cumplir los 41 años, el 17 de julio de 1967, fallece en Nueva York. Cortázar, comentando la muerte de Coltrane a Gregory Rabassa, traductor de Rayuela al inglés, definía al jazz como “una especie de perspectiva vertiginosa hacia todo lo que no nos atrevemos a ser”. Como la literatura, como el cine … Y hablando de Coltrane, recomendaba la lectura en voz alta de los poemas de Pedro Salinas acompañados de su músicaafelpando el aire de reconciliación y contacto” (“Noches de vino y hierbas fumables”. Nota preliminar a Pedro Salinas. Poesías. Madrid: Alianza, 1982)

Con John Coltrane se fue uno de los músicos más influyentes de la historia del jazz, para quien el vértigo constituyó una necesidad perenne. Imposible de encasillar en ningún género concreto, siempre evolucionando, haciendo que la vanguardia fuera el pasado. El saxofonista virtuoso e intenso, el creador lírico intuitivo y genial capaz de generar múltiples emociones con un fraseo, de afrontar escalas imposibles, nos dejaba un legado asombroso. Ahora nos toca disfrutarlo

Nosololibros

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica.

 

Biblioideas : Una ciudad librera en el país de Heidi : Saint-Pierre-de-Clages

(Chema Pérez. BUZ)

 Village du Livre de Saint-Pierre-de-Clages.En este rincón del TiraBUZón sentimos especial apego por esas pequeñas localidades que han decidido salir adelante apoyándose en los libros y el mundo que los rodea. Por eso les hemos dedicado ya media docena de entregas: Bécherel, Hay-on-Way, Urueña, Fjaerland, Montolieu o Bredevoort.
No nos cansamos y ahora le toca el turno a la suiza Saint-Pierre-de-Clages, un lugar entre viñedos, de pasado extenso (celta, romano, benedictino), sin un solo banco y habitado hoy por algo más de 600 personas. Está situado en el cantón del Valais, Comuna de Chamoson, en el corazón de los Alpes suizos. En realidad, Heidi vivía al otro lado del país. Sigue leyendo