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Biblioideas: Jonathan Callan

Jonathan CallanHemos ido dedicando algunas de las Biblioideas anteriores a artistas que utilizan o han utilizado en algún momento como material de trabajo esos paralelepípedos que llamamos libros. Todos se dirigen más al objeto que a su contenido, modificándolo o fabricando con él estructuras e instalaciones diversas. Jonathan Callan es uno de ellos (no confundir con un actor y escritor estadounidense homónimo).

Residente en Londres aunque de origen mancuniano (aunque nos suene alienígena, ese es el gentilicio de Mánchester), Jonathan Callan trabaja a menudo con libros de texto, revistas, mapas o fotografías, pero no atiende a su contenido sino a su materialidad, no los trata como información de segunda mano, sólo como objetos, como material de trabajo.

La mayor parte de la gente rara vez piensa en un libro como un objeto, las palabras de dentro se consideran mucho más importantes que la forma. Me pareció que este hecho expresaba perfectamente el problema que tenía al pensar en el debate sobre el arte y cómo se valoraban sus significados, y por eso empecé a considerar los libros de la misma manera que un alfarero podría considerar la arcilla. En muchos sentidos, pienso en ello como una forma de abordar la ecuación de la forma y el contenido.

The Library of Past Choices - Jonathan Callan

Suele trabajar los aspectos físicos del objeto, el libro, hasta que la forma original es apenas identificable. En sus obras el objeto cambia, se deforma, a veces se disuelve en un conjunto hasta desaparecer en él, y todo para darle un nuevo sentido que genere experiencias en el espectador.

Su trabajo con libros no reviste pues ninguna actitud fetichista. Al contrario, arrebata al libro ese carácter sagrado, intocable, si no es para ser leído o conservado. De forma deliberada, sus obras tampoco suelen ser ilustrativas o relacionadas con el texto: «Para mí, tener un enfoque ilustrativo de cada libro específico sería aceptar las divisiones falsas que se hacen entre la forma y el contenido».

La mayor parte de su trabajo, se deriva de esa fascinación por la materialidad –así lo expresa él mismo– que impulsa la pasión de todo escultor. Lo demuestra, por ejemplo, en sus Stacked Book Sculptures, esos amasijos de los que posiblemente hayas visto alguno ilustrando alguna revista.

The Idiot Compression - Jonathan Callan

Otra obra característica suya es la instalación Idiot Compression (en la foto superior), que varía de forma y tamaño cada vez que se viene exponiendo desde 2009.

Precisamente, el año pasado Jonathan Callan realizó de nuevo la instalación en la librería de Richard Booth, en Hay-on-Way, ese pueblo galés del que ya hablamos en una biblioidea anterior. Aquí tienes más información sobre la misma.

No obstante, las delicadas manos de Callan abarcan muchos terrenos. Un paseo por su página web o la de su galerista te permitirá hacerte una idea. Y disfrutar.

 

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Después de los libros

 4-Elements: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación

El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Antonio Gramsci

El pasado 27 de junio se cumplieron cincuenta años de la instalación en Londres del primer cajero automático, aunque aquí no veríamos ninguno hasta 1974. El primer teléfono móvil se presentó en 1973 y la World Wide Web en 1992.

En 1959 llegó a España el primer ordenador, fue para Renfe. Hasta 1963 no llegaría uno a la Universidad de Zaragoza (por cierto, si quieres saber más de la historia de la informática en ella desde entonces no te pierdas este entretenido trabajo de Paco Serón, uno de sus investigadores).

Sólo unas décadas después de aquello, compramos la ropa o la comida en Internet, manejamos electrodomésticos desde la distancia y nos vemos metidos en una madeja de artilugios tecnológicos que han conseguido la paradoja de estar permanentemente conectados pero vernos poco y tratarnos menos. No está claro que la especie humana esté preparada para asumir estos cambios en tan corto espacio de tiempo sin consecuencias en la sociedad y en el individuo, en nuestra forma de ser, de comportarnos, de afrontar problemas, de vivir.

¿Y las bibliotecas? Nadie sabe realmente qué será de esos lugares, en qué se convertirán, ni siquiera si existirán a largo plazo. Los cambios en ese ámbito también han sido vertiginosos. Lo que es una tendencia en las bibliotecas públicas se consolida en las académicas y en las bibliotecas científicas ya es un hecho: el libro o la revista de papel están siendo relegados y “el usuario” empieza a ser un extraño. Nos consta su existencia y sigue disfrutando de servicios de la biblioteca, pero apenas se deja ver. No hablamos con él cara a cara, no vemos sus gestos ni su aspecto, no oímos el tono de su voz, no hay ese intercambio generador de sensaciones y emociones. De hecho muchas bibliotecas se esfuerzan en generar actividades que recuperen o refuercen ese contacto. En la misma Universidad de Zaragoza hay experiencias en esta dirección que puedes ver en otras secciones de este blog. La última, la Biblioteca de Semillas, en la Escuela Politécnica Superior de Huesca.

 4-Elements: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación

A estas o parecidas ideas les daba vueltas Fernando del Blanco, bibliotecario en el CID de Barcelona, un centro de investigación del CSIC, cuando una conversación sobre libros con miembros de 4-Elements, un colectivo artístico de la ciudad, acabaría convirtiéndose en una exposición: Post-Libros, Neolibros, No libros: un viaje de reinterpretación, «un viaje de indagación por el formato, por la morfología, por la poética y por la mitología del libro» materializado en una serie de “monstruos” de los que hablaba Gramsci.

Se enmarca en las actividades programadas dentro de la celebración del 50 aniversario del CID y ha estado abierta en la sala de lectura de su biblioteca desde el 9 de febrero al 30 de junio. Aquí puedes ver las obras. La exposición albergaba además la instalación Pre-Libros, seis piezas que incidían en la historia y los formatos del libro. Puedes verlas aquí.

Con ello Fernando del Blanco quería compensar «la pérdida de afluencia de nuestros usuarios precisamente por la crisis del libro que la exposición narra […] y continuar haciendo de la biblioteca un lugar atractivo, no sólo una aplicación, un recurso digital, un teléfono o un correo electrónico útiles». Lo cuenta en la última Enredadera, la revista de la Red de Bibliotecas y Archivos del CSIC.

 

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Exposición “Libros y Procedencias: historia de una colección”, en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza

Exposición "Libros y Procedencias: historia de una colección", en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza

La exposición Libros y Procedencias: historia de una colección, organizada dentro del marco de iniciativas que conmemoran el 475 aniversario de la Universidad de Zaragoza, muestra el proceso de formación del fondo histórico de la Biblioteca Universitaria, un fondo que hoy en día constituye una de las señas de identidad de la institución.

Las obras seleccionadas, de épocas y materias diversas, corresponden a donaciones, legados o adquisiciones que han sido hitos en el desarrollo histórico de la Biblioteca; estas procedencias, organizadas en una aproximación cronológica, según la época en que se incorporaron a la colección, actúan como hilo conductor de toda la muestra.

Recorriendo la muestra se podrá observar documentación da cuenta de la historia de la Universidad, como el Libros de Gestis expuesto, el archivo del campus durante dos años, que contienen el primer plan de la Biblioteca y otras curiosidades como las instrucciones de cómo consultar los libros prohibidos.

Recorriendo la muestra se podrá observar documentación da cuenta de la historia de la Universidad, como el Libros de Gestis expuesto, el archivo del campus durante dos años, que contienen el primer plan de la Biblioteca y otras curiosidades como las instrucciones de cómo consultar los libros prohibidos.

Una gran parte de las obras tiene su origen en las  bibliotecas de los colegios de jesuitas, recibidas tras la expulsión de la Compañía en 1767 y en los fondos que pertenecieron a los monasterios desamortizados.

Donación de Rosa Berné a la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza

Pero la biblioteca recibió también numerosos fondos de benefactores que legaron su biblioteca, en todo o en parte, para asegurar su conservación y, a su vez, aportar unas obras acordes con las disciplinas que se impartían en la Universidad. Se encuentran en el cuadro  de honor de los principales benefactores los nombres del catedrático Vicente Lissa, de Rosa Berné, del obispo de Palencia Juan Francisco Martínez y del canónigo Juan Sánchez Muñoz.

También ocupa un lugar destacado Los caprichos de Goya, de los que se sabe que es una de las primeras ediciones porque aún no posee los defectos de plancha que sí quedaron reflejados en las siguientes.

También ocupa un lugar destacado Los caprichos de Goya, de los que se sabe que es una de las primeras ediciones porque aún no posee los defectos de plancha que sí quedaron reflejados en las siguientes.

Aunque la lista de benefactores es larga, las limitaciones de la muestra solo nos han permitido dar cabida a las donaciones particulares más relevantes o a las mejor documentadas. La exposición pretende, a su vez, reconocer públicamente a todas estas personas que donaron obras de gran valor a la Universidad y contribuyeron con su generosidad a dotar de singular valor el fondo histórico de la Biblioteca.

Donaciones a la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza

Los legados institucionales tuvieron un protagonismo destacado en la formación del fondo histórico durante los años finales del siglo XIX y principios del XX. Mencionaremos por su relevancia el fondo procedente de la biblioteca de Osuna  ̶ tras ser adquirida en 1884 por el Ministerio de Fomento y distribuida entre diversas Legado Duques de Osunainstituciones españolas ̶  y el fondo pinatense, adquirido por la Facultad de Derecho en 1907.

Dentro del mismo apartado, podemos incluir finalmente las publicaciones recibidas en la primera mitad del siglo XX por Depósito Legal y otras procedencias de carácter institucional, que por su interés histórico y local han adquirido con el tiempo valor patrimonial.

El primer libro en el que apareció la palabra Atlas del cartógrafo Gerard Mercator, donado por Rosa Berné, ocupa un lugar destacado http://prensa.unizar.es/notasprensa/anexos/0_IMG_3451.JPG así como el mueble de madera para fichas manuscritas, que ha sido restaurado para la ocasión.

El primer libro en el que apareció la palabra Atlas del cartógrafo Gerard Mercator, donado por Rosa Berné, ocupa un lugar destacado http://prensa.unizar.es/notasprensa/anexos/0_IMG_3451.JPG así como el mueble de madera para fichas manuscritas, que ha sido restaurado para la ocasión.

En este recorrido, que abarca más de doscientos años, se pueden apreciar obras tan notables como el Salustio de Ibarra, regalo del Infante Don Gabriel de Borbón, la edición incunable de Las Siete Partidas de Alfonso X, recibida de la biblioteca de Osuna, la primera edición de los Caprichos de Goya, donación de Gregorio García-Arista, o el Antifonario mozárabe, el manuscrito más destacado de la colección pinatense y una pieza señera de la Biblioteca.Antifonario mozárabeAntifonario mozárabeLa exposición se ha basado en los principales trabajos históricos publicados sobre la biblioteca y en la información de antiguos posesores aportada por el propio catálogo, a la que se suman otras noticias de fuentes diversas. La labor continuada en trabajos sobre procedencias, y especialmente la creación de una base de datos de procedencias, permitirán profundizar en el estudio del fondo patrimonial, difundirlo con un nuevo enfoque y contribuir con ello al conocimiento histórico de la Universidad cesaraugustana.

INFORMACIÓN DE LA EXPOSICIÓN:

BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA
Biblioteca General – Edificio Paraninfo
Plaza Paraíso, 4 – 50005 Zaragoza

7 DE ABRIL A 30 DE JUNIO DE 2017 – Entrada libre
Horario de lunes a sábado:
Mañanas de 11 a 14 y tardes de 17 a 21

Biblioreseñas : “Alta Fidelidad”, de Nick Hornby

Alta Fidelidad, de Nick Hornby. Editado por Anagrama

“Biblioreseñas : No leas mañana lo que puedes leer hoy”

(Por Laura Bordonaba Plou, Biblioteca de Humanidades María Moliner, U.Z.)

A veces las novelas que a priori no tratan del amor son las que precisamente gritan AMOR. Todos tenemos una banda sonora que acompaña y mece nuestra vida amorosa, nuestra vida de aciertos y miserias, soledades y comienzos. Porque la música, son sonidos y son palabras, y por ello, se convierte en discurso y en grito de nuestro transitar. Nick Hornby sabe muy bien lo que hace, el rock es vida, está vivo y, sin duda, ama.

El título de la novela ya nos da una pista de lo que vamos a encontrar aquí. Porque el título es metáfora de ese Rob, el protagonista, fiel a la música, a su estilo de vida, a unos recuerdos, e incluso, a un futuro. Homenaje a la música y a un tipo de personas, con las que me identifico, a las cuales la música, literalmente, salva la vida un día tras otro. Por eso me ha gustado tanto releer y ahora poder hablar de este libro de Hornby, sencillo, desnudo, como es el rock, en el que la música funciona a la perfección como un elemento principal de la narración, creando significados. A través de las connotaciones de los diferentes géneros musicales, los personajes se definen, se comunican y logran trasladar al lector-espectador gran parte de la información que no está presente en la estructura narrativa.

Nick Hornby (imagen: Wikipedia)

La novela de Hornby nos lleva a una reflexión obligada: la saludable alianza entre la literatura y el rock. En el momento en que Hornby escribe Alta Fidelidad (1995), el panorama musical era diverso; el rock había dejado de ser hegemónico hacía tiempo y se había vuelto alternativo, manteniendo su propia identidad y coexistiendo con el resto de géneros musicales.

Rob es un gran conocedor de música popular que regenta una tienda de discos en la que venden «un poco de todo lo bueno. Blues, country, soul clásico, new wave…» (p. 51); Rob encarna al fan del rock alternativo de los noventa, que ya no vive una oposición al pop y manifiesta un gusto ecléctico en cuanto a géneros musicales y períodos de la historia de la música, manteniendo una querencia patente por lo minoritario, lo “auténtico”. De esta manera, la novela se convierte en un documento de cómo se ha ido transformando la ideología del rock en los años ochenta y noventa desde la exclusión al eclecticismo.

Los gustos musicales (al igual que los literarios y cinematográficos) a menudo han sido considerados como parámetros útiles para definir la identidad de una persona; a través de estas preferencias el individuo se identifica con los discursos que articulan sus artistas favoritos y los asume como referentes de sus valores y su personalidad.

Alta Fidelidad utiliza el poder de la música y la ideología de los géneros musicales para definir los personajes o construir sistemas de valores compartidos por una comunidad. El uso de la música en este sentido va más allá de la función narrativa, ya que ésta consigue desatar en el lector-espectador una serie de identificación y afiliación que genera sentimientos de empatía y no empatía paralelos al desarrollo narrativo del texto. Así, la música de Alta fidelidad suena a lo largo del libro y se centra en la definición de personajes de forma individual Rob es treintañero, acaba de ser abandonado por su novia Laura, regenta una tienda de discos en Londres, tiene pocos amigos, y, en general, parece estancado, pero medianamente feliz. Alta fidelidad, película rodada en el año 2000 por Stephen Frears

El libro comienza con una lista que Rob nos ofrece sobre sus «cinco rupturas más memorables», en orden cronológico. A lo largo de la novela veremos que estas cinco rupturas, estarán presentes de alguna manera, en las reacciones de Rob, en sus supuestas inseguridades, en sus supuestas virtudes, en sus supuestos errores, y hasta en sus supuestas elecciones. Desde el primer rollete de parque, en plena adolescencia, a la novia buena que no se deja meter mano, la novia del amigo, la novia inalcanzable, la novia comodidad. Un gran acierto de Hornby el buscar personajes tan reales con los que el lector puede sin duda sentirse identificado.

Rob define a sus novias también a través de la música, de lo que escuchan, de los grupos que no conocen, o de las canciones que le inspira cada una al pensar en ellas. Así, describe a Penny como una chica “agradable” que escuchaba a James Taylor, Carole King, Cat Stevens o Elton John. Estas asociaciones música-personaje llevan implícitas juicios de valor, siempre en función de los gustos musicales del propio Rob. Y Rob también se define por los juicios musicales de los demás y sobre todo por sus propios enunciados, por las canciones de desamor que le definen, cuando habla del orden de su colección de discos, y los ordena de manera autobiográfica, construyendo la banda sonora de su vida, esa que todos tenemos (por eso es tan fácil conectar con Hornby, porque los lugares comunes son lugares amados). El orden autobiográfico de su colección de discos le otorga poder sobre ella, y como reflejo, sobre su vida («Tienes que ser yo para encontrarlos»).

El orden de sus discos es un intento de “escribir mi autobiografía sin tener que hacer cosas como coger un bolígrafo” Rob tiene una tienda de discos llamada ‘Championship Vinyl’. Música minoritaria (si el rock, el blues, etc. lo han sido alguna vez). Trabajan con él dos amigos, Dick y Barry, dos arquetipos de esa persona verdaderamente apasionada por la música, que la escucha y la colecciona casi de manera compulsiva, que hace listas constantemente de sus discos preferidos, de los más odiados, de riffs de guitarra, o de canciones compuestas por artistas ciegos, que cuando sale de trabajar va a conciertos, y que “domina” la escena musical.Alta fidelidad, película rodada en el año 2000 por Stephen Frears

Cuando Rob imagina los cinco empleos soñados de su vida también tienen que ver con la música. Rob, Barry, y Dick, conforman 3 arquetipos de treintañero distinto, el que siempre ha tenido novias, el que tiene ganas de tener una, y el que siente que teniendo música no la necesita. Tienen una relación simbiótica, que parece solamente tejida por esas constantes referencias musicales que tienen en común, pero que a lo largo del libro se revelan como algo más, puesto que tener los gustos musicales en común, si seguimos creyendo que dicen tanto de nosotros, ya es mucho más de lo que tienen algunas personas.

El libro se centra en todo lo que sucede a Rob tras el abandono de Laura. La sensación de liberación, que una vez más, se extrapola a la música (Rob piensa en que POR FIN va a poder ordenador su colección de discos como quiere, incluso, pintar un gran anagrama en la pared del comedor), la sensación de que todo el universo femenino vuelve a estar a su alcance, la sensación de fracaso y abandono, de echar de menos, de tener ganas de volver a un lugar seguro, y sobre todo, aceptar que quizás la monogamia, sin los fuegos artificiales del principio, que se revelan más artificiales que nunca, sea algo que merezca la pena conservar.

En ese sentido Championship Vinyl Records se erige en símbolo de una forma de vida adolescente, libre. Vemos como la madre de Rob le dice «¿Cuándo te vas a buscar un trabajo serio?», o como el mismo Rob, piensa que Laura ha cambiado desde que tiene un trabajo serio, que cuando lo conoció, siendo un pinchadiscos de un pub local, le gustó por eso mismo que ahora parece haberle estancado. Rob sigue trabajando en los suburbios, mientras Laura trabaja en el centro. «Los hombres deben trabajar en lugares en los que otra gente trabaja», dice en un momento dado Rob.

Porque Rob, el tierno y perdido Rob, comienza a plantearse que quizás el rock, una tienda de discos de espíritu adolescente y que no avanza, e incluso, escuchar música que la gente “importante” no conoce, sean señales de que debe cambiar. De que debe de olvidar que no habrá más cintas grabadas, más primeras listas de discos. Que el problema quizás sea que Laura ha cambiado, y él no. Pero antes de eso, tiene que asegurarse que el pasado nunca fue mejor que el presente, tendrá que volver a esos primeros discos, a los días de parque, de instituto, y de relaciones fallidas.

Rob recurrirá a esa lista de ex que marcaron su vida y se empeñará en un reencuentro con ellas, puesto que necesita saber qué pasó, cómo están ellas ahora, que queda del Rob que fue abandonado en un parque o del que no era lo suficientemente artista, si ellas han acabado con alguien mejor, si están solas, si lo echan de menos alguna vez… preguntas que todos nos hemos hecho cuando nuestra vida amorosa llega a un impás serio. Se preguntará si seguir grabando cintas recopilatorias para las chicas, sigue siendo lo que quiere hacer. Y que quizás cambiar no es sinónimo de traicionarse, sino de madurar, manteniendo la esencia.

La música define a Rob en una primera etapa y después pasa a ser su hobby y su manutención, despertando así a la vida adulta, pero siendo capaz de reconocerse a sí mismo. Decide dar un impulso a su negocio, decide que no habrá más cintas para chicas que acaba de conocer, y que no va a juzgar a la gente por la música que no conocen y él cree que deberían conocer.

La música define aquí una actitud cultural, la del ser libre y puro, sin contaminar, que se mueve por emociones. Y eso es lo que conquista de Rob, es un patoso, un torpe, un pagafantas algunas veces, un capullo integral la mayor parte del tiempo, pero es nuestro capullo integral, es más, nosotros somos ese capullo integral. Y todos queremos crecer, queremos cosas buenas, bonitas, y salvajes, pero también queremos calor, una cocina, alguien que nos cocine, que nos cuide cuando estamos enfermos. Queremos rock, queremos actitud, pero también queremos llegar a casa y pensar: «mira, está sonando nuestra canción, aquella que sonaba cuando nos conocimos». Queremos incluso llegar a estar en casa, tirados en el sofá, y dejar de escucharla, porque, hay tanto y tanto por decir.

La obra en la BUZ:

Puedes solicitar en préstamo esta obra en nuestro catálogo de la biblioteca:

High Fidelity / Nick Hornby

Y también puedes ver la versión cinematográfica que Stephen Frears dirigió en el año 2000:

Alta fidelidad [película] / dirigida por Stephen Frears

biblioresenas“Biblioreseñas : No leas mañana lo que puedes leer hoy”.
Nuestra compañera Laura Bordonaba realiza un viaje a los fondos literarios de la BUZ para atraernos a su lectura; si puede ser hoy, antes que mañana. Si te gusta su propuesta, te indicamos cómo localizar la obra en nuestro catálogo.

Biblioideas: Libros cartoneros

cartoneros argentinos

Buenos Aires, 2005: paseando por la avenida 9 de julio al anochecer, el viento esparcía el contenido de las bolsas de basura reventadas y la lluvia redondeaba un cuadro desolador. Alguien explicó que los cartoneros recorrían la ciudad con carretas y caballos para «recuperar» cartones y papel, también vidrio, cosas que se pudieran vender. Siempre habían deambulado por las calles los cirujas (en lunfardo, el que escarba en la basura, hasta dan título a un tango), pero con el estallido de la crisis argentina de 2001 y el empobrecimiento de la mayoría de la población, éstos se multiplicaron y adoptaron el nombre de cartoneros. Un estudio realizado en ese mismo año hablaba de 100.000 sólo en el área metropolitana de Buenos Aires. Las implicaciones eran muchas: trabajo infantil, problemas de salud pública, aparición de mafias, colusión con las empresas privadas dedicadas a la basura y el reciclaje, etc.

En 2002 crearon la Federación Argentina de Cartoneros y Recicladores «para la defensa de los derechos y el reconocimiento del valor ambiental y social de la labor que desarrollamos», que se integró a su vez en la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. Forzaron cambios legales y, paradójicamente, los cartoneros empezaron a trabajar en otra forma de gestión de los residuos poniendo en la agenda temas como la separación en origen o la necesidad de generar menos porquería, algo que no era una prioridad en Argentina.

Es en ese ambiente, dentro del movimiento de la economía social o popular, en el surgen las primeras editoriales cartoneras. En 2003 nace en Buenos Aires Eloísa Cartonera de la mano de varios artistas y escritores. Las cubiertas de sus libros son de cartón comprado a los cartoneros, pintadas a mano (cada ejemplar es único) por personas de escasos recursos que reciben un salario digno y preestablecido. Comenzaron vendiéndose en la calle pero la cooperativa tiene hoy «el catálogo más puntiagudo de la literatura suramericana», más de un centenar de títulos (del recientemente fallecido Ricardo Piglia entre otros), y proporciona trabajo estable a una docena de personas.

Eloísa Cartonera

El movimiento se extendió rápidamente por América Latina, en 2011 saltó el charco y en estos momentos se reparte por cuatro continentes. De hecho, la mayor base de datos de literatura cartonera, la Cartonera Publishers Database, está alojada en la Biblioteca de la Universidad de Wisconsin, en Madison. El contenido de muchos de sus títulos está accesible en línea, entre ellos Akademia Cartonera: un ABC de las editoriales cartoneras en América Latina, una pequeña historia del movimiento.

En España apareció en 2009 Meninas Cartoneras (tal vez la pionera) y en 2013, en Barcelona, La Verónica Cartonera, promovida por la periodista Anna Gonzalez Batlle. Hoy son bastantes más, con nombres como Ediciones Karakartón o La Cordelería Ilustrada, que intenta resucitar la «literatura de cordel» de la mano del hijarano culoinquieto Víctor Guíu.

Si quieres saber más, en la página web de La Verónica hay bastantes enlaces. También aquí puedes ver una panorámica (aunque no muy actualizada) de las editoriales cartoneras. O leer Fuerza cartonera, un estudio sobre la cultura editorial cartonera y su comunicación, realizado por Beatriz Martínez Arranz en 2013 como trabajo de fin de máster de la Universidad de Valladolid.

Recuerda que en España cuatro grandes grupos editoriales (y multimedia y de entretenimiento y de…) publican más de la mitad de los títulos y el 4% de las empresas edita el 70 por ciento del total. Lo contaba en 2000 André Schiffrin en La edición sin editores y seguro que hoy esas cifras no han mejorado. Al contrario.

Con este panorama, bienvenidas sean las editoriales cartoneras y la diversidad cultural. «Somos frágiles, pero independientes», reconocía en una entrevista Washington Cucurto, uno de los fundadores de Eloísa Cartonera.

Biblioideas

Biblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Biblioideas: Unos animales mirobrigenses

Bibliocaseta de Ciudad Rodrigo (Salamanca)

En la biblioidea de octubre hablábamos de inocentes quemas de libros, pero hace unos días nos encontramos con que en Ciudad Rodrigo, Salamanca, para algunos la antigua Miróbriga (parece que no está muy claro, pero al menos les dio el gentilicio), hubo quemas menos inocentes: algún vándalo (aunque los pobres vándalos no eran más feroces ni más desalmados que sus pueblos vecinos) quemó el interior de la Bibliocaseta, una pequeña biblioteca que el Centro Social Aldea tenía instalada cerca de un parque local, el parque de La Glorieta. Llovía sobre mojado, el pasado mes de mayo ya le habían arrancado el letrero. Se trata de una pequeña construcción, parecida a esa biblioteca de nuestro Parque José Antonio Labordeta (en Zaragoza), junto al Paseo de los Bearneses, que nunca veo abierta.

Todo empezó el pasado 23 de abril cuando, por iniciativa del Centro Social Autogestionado Aldea y con apoyo del Ayuntamiento de Ciudad Rodrigo, se inauguraba la Bibliocaseta. Se aprovechaba así un antiguo quiosco cuya licitación había quedado desierta varias veces para fomentar la lectura y el encuentro tranquilos en un ambiente agradable. Sólo eso.

Centro Social ALDEA

El Centro Social Autogestionado Aldea, la primera iniciativa de este tipo en Ciudad Rodrigo, nació en el verano de 2014 de la mano de quince personas. Un año después, en una localidad de 13.000 habitantes, ya eran 800 y se habían visto obligados a trasladarse a una nueva sede en la que también disponen de biblioteca.

Por más que aquí nos interese resaltar su trabajo con libros, sus actividades son múltiples y para todas las edades. Es un espacio ganado para la comunidad, un lugar de encuentro.

No es lo mismo, pero para todo aquel que mantenga una relación fraternal con los libros, verlos arder en un espacio público no deja de recordar a la pira con miles de libros de la  berlinesa Opernplatz en 1933, frente a la Universidad Humboldt. Hoy se llama Bebelplatz y donde ardieron los libros hay una instalación, la Versunkene Bibliothek (Biblioteca sumergida) que no deja de recordar a los transeúntes lo que allí ocurrió.

Volviendo a Ciudad Rodrigo, aquí al lado podéis ver dos notas que se han colocado en la Bibliocaseta, una para el “vándalo desalmado” y otra para “el resto”. poesias para los "vándalos"

A la mañana siguiente del desastre ya había habido gente anónima dejando nuevos libros.

“Para nosotros, el que estaba condenado a ser un día triste pudo convertirse, con el calor y la compañía de una parte importante de los mirobrigenses, en aquel en que la convicción y la razón pudieron con la adversidad. Los mensajes que hemos recibido y las generosas acciones e iniciativas anónimas que han surgido nos abruman y demuestran que se trata de un proyecto que merece la pena y que es sentido como propio por el conjunto de la ciudadanía”.

Si queréis mostrarles vuestro apoyo os lo agradecerán. Podéis hacerlo en su página de Facebook, Twitter o en centrosocialaldea@gmail.com.

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Biblioideas: Cara Barer

Cara BarerEsta quincuagésima biblioidea se la dedicamos a Cara Barer, una mujer estadounidense nacida en 1956 que vive en Houston, Texas. Es fotógrafa. Bueno, en realidad realiza esculturas que luego fotografía. Y, desde 2004, utiliza para ello libros y mapas. Los transforma en arte jugando con las formas, esculpiéndolos; los tiñe, los hace pasar por diferentes procesos, los convierte en objetos hermosos y nos los devuelve en una fotografía.

Realiza exposiciones individuales y colectivas (las últimas, en Amsterdam o Toronto) y sus fotografías forman parte de colecciones públicas y privadas de medio mundo. También las puedes ver en cubiertas de libros y revistas.

«Llego a algunas de mis imágenes por casualidad y en otros casos a través de la experimentación. Sin estos dos elementos, mi trabajo no fluiría fácilmente de una idea a la siguiente. Un encuentro azaroso en la calle Drew con unas Páginas Amarillas de Houston empapadas por la lluvia fue mi primera inspiración. Después de aquel encuentro casual, empecé a buscar más libros y más formas de recrearlos»

La bruja. Cara Barer

Sin renegar, al contrario, de la tecnología, sus obras no dejan de expresar el temor por la transformación del libro y de nuestra relación con él en otra cosa, distinta a la experimentada hasta ahora; nos muestran la preocupación por esa naturaleza efímera y frágil de los actuales soportes del conocimiento y, por tanto, del conocimiento mismo.

A veces, como si se tratara de láminas de un test de Rorschach, puedes ver en sus imágenes flores, mariposas o una espcie de mandalas profanos. El objetivo de Cara Barer es claro:

«…involucrar al espectador mediante la presentación del libro fuera de contexto y llevarle a mirarlo como algo más que un libro. Al considerarlo sólo como un objeto metarmofoseado, pasa a ser para el espectador algo distinto de lo que fue»

Del mismo modo que con el «Ceci n’est pas une pipe» de Magritte en La trahison des images nos dice que ni la pipa de la frase ni la imagen que ves son una pipa, sólo representaciones, Cara Barer nos recuerda con sus obras que un libro puede ser muchas cosas, además de ser un libro. Al convertirlo en un objeto artístico lo despoja de sus valores literarios o editoriales, de su contenido, para darle una dimensión diferente. Ella asegura que sólo trabaja con libros obsoletos y sin valor.

«Con esos libros desechados que he adquirido, estoy tratando de borrar la línea entre los objetos, la escultura y la fotografía. Este proyecto se ha convertido en un viaje que sigue evolucionando…»

Rogets. Cara Barer

Disfruta paseando por su portafolio. Además, aquí puedes ver una entrevista (en inglés) en la que habla de su trabajo.

¡Ah! Otra cosa. ¿Crees que Bob Dylan puede recibir el Nobel? No importa. Mientras te lo piensas, puedes disfrutar con esta versión de Boots of Spanish Leather. Sus intérpretes aún no habían nacido cuando él la grabó.

Con premio y sin él, Bob Dylan, nieto de emigrantes ucranianos y lituanos, es ya una referencia de la cultura occidental (aunque no sepamos muy bien qué es eso) y ha formado parte de la educación sentimental de muchos de nosotros.

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Biblioideas: ¿Quemar libros?… Depende

Libros ardiendo

Puede sorprender esta contestación a la gallega, pero cuando se trata de quemar libros no necesariamente hemos de pensar en las hogueras realizadas a lo largo de la historia por fanáticos de toda clase de ideologías, religiosas o no.

Fernando Báez, gran estudioso de toda clase de biblioclastias y tropelías cometidas con los libros, nos enfrenta en un artículo de 2004 a una supuesta paradoja: a lo largo de la historia «los intelectuales han sido los más grandes enemigos de los libros» y «cuanto más culto es un hombre o un pueblo, más dispuesto está a eliminar libros amparado en mitos apocalípticos». Seguro que tiene razón, pero eso no quita para que, al menos ocasionalmente, pueda haber razones legítimas para destruir libros quemándolos.

No es que nos guste quemar libros. Ningún libro. Ni siquiera una guía de teléfonos (aunque hayan sido utilizadas a menudo como instrumento de tortura: enróllala con fuerza sobre sí misma, golpéate con ella la cabeza o el muslo en tensión y enseguida lo entenderás). Pero podemos disculpar, por ejemplo, el ritual de un recién graduado al quemar su ejemplar de esa enésima edición del Derecho del trabajo de Montoya o la Contabilidad de Sáez Torrecilla que tantos quebraderos de cabeza le dio.

Tampoco le reprochamos a Manuel Vázquez Montalbán esa afición desmedida de Pepe Carvalho por usar libros como combustible: «Leí libros durante 40 años de mi vida y ahora los voy quemando porque apenas me enseñaron a vivir», dice en Quinteto de Buenos Aires. Y en el mismo libro recuerda que fue el Quijote uno de los primeros libros que quemó. El primero había sido España como problema, de Pedro Laín Entralgo. En Tatuaje (1974) afirma que le quedan unos tres mil libros. En Los mares del Sur (1979) ya había consumido un tercio.

Hay también una película, The Day After Tomorrow (En España se llamó El día de mañana y El día después de mañana en Latinoamérica) en la que la quema de libros es un acto de supervivencia. En una súbita glaciación, más parecida a una plaga bíblica que a una consecuencia del cambio climático, un puñado de personas consigue refugiarse en la Biblioteca Pública de Nueva York. Su única posibilidad es mantener un fuego permanente que impida la entrada del hielo en el interior. Pronto se dan cuenta de que los libros arden mejor que los muebles y, tras debatir si quemar antes las obras de Nietzsche o unos tomos de ordenanzas fiscales, un bibliotecario de aspecto pánfilo (hasta cuándo esta cruz) abraza contra sí mismo un ejemplar de la Biblia de Gutenberg para librarlo del fuego. Bueno, en realidad un solo tomo, aunque el ejemplar de la NYPL tiene dos. En todo caso, antes de llegar a Gutenberg aún les quedarían los cincuenta millones de documentos que atesora la biblioteca. Aquí puedes ver un resumen y un pequeño trailer de tres minutos; y aquí Marcos Ros Martín, el Documentalista Enredado, hace un comentario sobre ella. Sigue leyendo

Las biblioideas arquitectónicas de Marta Minujín

Marta Minujin

Marta Inés Minujín es una artista argentina que acababa de cumplir 23 años en marzo de 1976, cuando los militares empezaron a llenar de cadáveres su país.

En 1983, acabado el terror, Marta instaló en medio de la Avenida 9 de Julio (una de las principales arterias de Buenos Aires, la más ancha del mundo dicen) una estructura metálica, reproducción del Partenón griego, y la llenó de todos aquellos libros que habían sido prohibidos, quemados o enterrados durante la dictadura. Bueno, de todos no; utilizó exactamente 30.000, tantos como personas desaparecidas en esos ocho años fatales. Pasadas tres semanas, la gente pudo desmontar la obra y llevarse los libros a su casa. Lo llamó el Partenón de libros. En este vídeo, la autora reflexiona sobre aquella experiencia.

Partenón de libros (Marta Minujín)

Nuestro país no destaca precisamente por su capacidad para asumir el pasado y restaurar la memoria de sus vencidos aunque, si un día quisiéramos hacer algo así a cuenta de los libros prohibidos durante cuarenta años de dictadura, no tendríamos suficiente con toda la Acrópolis. Conviene recordar que, en sus peores años, y si no pertenecías a sus élites, tu biblioteca podía llevarte directamente a la muerte o, como mínimo, a la cárcel. Y, hasta bien entrados los años setenta, vender determinados libros era una actividad de riesgo.

Que se lo pregunten si no a todas esas librerías que sufrieron el cierre gubernativo o, como la zaragozana Pórtico, la explosión de bombas en sus locales. Pepe Alcrudo y quienes trabajaron en ella se la jugaron trayendo a su trastienda los libros que el dictador no nos permitía leer. Y eran muchos: autores, colecciones y editoriales enteras. Leerlos suponía vulnerar la ley. Censores como Cela, Torrente Ballester, Luis Rosales, Fernando Tovar, Dionisio Ridruejo o el periodista Emilio Romero eran los encargados de la tarea. Curiosamente, el propio Cela, en 1951, tuvo que publicar La colmena en Buenos Aires, años antes de que Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo, la autorizara en 1963.

Torre de Babel (Marta Minujín)

Pero estábamos con Marta Minujín. Mucho tiempo después de aquel Partenón, en 2011, volvió a sorprendernos con una obra similar, esta vez en la plaza de San Martín de Buenos Aires. Con la idea de «unificar todas las razas a través del libro y recordar la mitológica Torre de Babel, de hace más de 4.000 años» y con la sombra de Borges al fondo, creó la Torre de Babel, una estructura en espiral de seis plantas y 28 metros de altura. La construyó dentro de los actos que celebraron la designación de la ciudad como Capital Mundial del Libro 2011 por la Unesco. Utilizó la misma cantidad de libros que en el Partenón, 30.000, pero en este caso fueron donados por asociaciones civiles de más de cincuenta países (entre ellas el Gobierno Vasco a través del donostiarra Instituto Etxepare) y por lectores anónimos. Sigue leyendo

Biblioideas : Una biblioteca de libros no prestados

CuencaEl hombre moderno, apurado, sin tiempo, preso de la necesidad, no comprende que algo pueda ser no útil, ni que lo útil pueda ser un peso inútil, agobiante. Si no se comprende la utilidad de lo inútil, la inutilidad de lo útil, no se comprende el arte. Y un país en donde no se comprende el arte es un país de esclavos o de robots, un país de gente desdichada, de gente que no ríe ni sonríe, un país sin espíritu; donde no hay humorismo, donde no hay risa, hay cólera y odio.
Eugene Ionesco, 1961

No hay libro tan malo —dijo el bachiller—, que no tenga algo bueno.
Don Quijote

Aunque el préstamo es una de las principales funciones de la mayoría de las bibliotecas, a veces hay recursos (libros, pero también revistas u otros materiales) que no consiguen traspasar esa barrera que separa el libro del usuario.

Si acudimos al Principio de Pareto, con todos los matices que se quieran, en una biblioteca se satisfarían el 80% de los préstamos con el 20% de la colección. Es decir, el 80% restante sólo proporcionaría un 20% de los préstamos. Se trate de una pequeña biblioteca local o de una gran biblioteca universitaria, con toda probabilidad, más de la mitad de sus fondos no se han prestado nunca.

Nadie se ha interesado por ellos porque realmente no eran interesantes, porque un bibliotecario puntilloso pensó que no tenían ningún interés, porque nadie les hizo nunca la menor campaña de marketing, porque errores en la catalogación o colocación los han dejado virtualmente desaparecidos, porque a nadie se le ocurrió buscarlo donde estaba… O porque el miedo hizo que quedara escondido para siempre.

En la biblioteca de la Escuela de Magisterio de Pamplona apareció en 1989 un libro tras un falso fondo disimulado en una pared de la sala de lectura de la biblioteca, tras una estantería de obra. Se trataba de algo tan “peligroso” como una edición de 1931 de La Doctrina educativa de J. J. Rousseau, de Francisque Vial. El libro estaba envuelto en papel de estraza con una lacónica nota (obviamente, anónima) en su interior: “este libro ha sido escondido para salvarlo de la quema”. Entonces supimos algunos (otros lo habían sabido siempre) que, efectivamente, en los primeros días del golpe de estado de 1936, el patio interior del edificio (ocupado entonces por un instituto de segunda enseñanza y hoy por el Instituto Navarro de Administración Pública) se utilizó para quemar libros. A lo que íbamos: por otros motivos, pero ese libro tampoco se prestó en más de 50 años. Sigue leyendo