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Nosololibros. Miles Davis: el alma entre fraseos

No resulta fácil hablar de la poliédrica y totémica figura de Miles Davis. No sólo por la tentación hagiográfica sino también por la imposibilidad de enfocar correctamente a un personaje en constante movimiento, mancillado por numerosos clichés que de tanto oÍrlos desmerecen su gigantesca obra, resumidos en el tópico epíteto de Picasso del jazz.

Creció entre el be bop, mecido con clásicos como Charlie Parker o Dizzy Gillespie, hasta que su encuentro con el pianista Gil Evans, fantástico arreglista, provocó una transformación radical del jazz y el nacimiento del cool, una fórmula alejada de los artificios técnicos del bop, que proporcionaba al género profundidad de estilo, la introducción de elementos procedentes de la música clásica y un componente lírico y melódico revestido de sencillez. Así surge The birth of the cool (1949), disco fundamental e imprescindible, en el que la sonoridad de la trompeta de Miles desata un vértigo emocional único.

Una primera etapa tóxica protagonizada por la heroína le mantuvo en un segundo plano hasta que en 1957 una nueva colaboración con Gil Evans origina Miles Ahead. La música clásica deja de ser una excusa intermitente para fusionarse con la versatilidad de un Miles viajando en fiscorno entre las partituras orquestales de Evans. La cercanía y calidez del resultado abren nuevos horizontes en la obsesión experimentadora del trompetista. Sólo un años después aparece Milestone, album con el que abraza la música modal, sin compases estrictos, sustentado en escalas sobre las que se aferran y borbotean las improvisaciones. Las melodías convencionales se transforman y personalizan. En él Miles contó con la brillantez de Coltrane al saxo, y contiene la apabullante Sid’s Ahead.

 

Kind of the Blue, obra de la que ya hablamos al referirnos a Coltrane, se sitúa entre dos grabaciones mágicas, ambas en colaboración con Gil Evans, Porgy and Bess (1958) y Sketches of Spain (1960). La primera es una interpretación de la ópera del brillante compositor Georges Gershwin, en la que Evans introduce arreglos de viento como trampolín perfecto para el crecimiento emocional de Miles, visible en el clásico Summertime. La segunda se refugia en la música clásica española de Falla y Rodrigo para ofrecer una atmósfera creativa alejada de los tópicos castizos que marcan el significado de la tradición musical española.

En ese mismo año de 1958 Miles nos deslumbra con una apoteósica banda sonora que acompaña al excelente film noir de Louis Malle Ascensor para el cadalso. Su trompeta se integra como un personaje mas, dotada de una personalidad que trasciende la pantalla. Fraseos de matices amplios, sinceros,  y plenos, que viajan desde la zozobra a la serenidad, y en los que los silencios fluyen con desgarradora fiereza en una simbiosis perfecta entre la imagen y el sonido. Y todo ello grabado en ocho horas

 

Miles Smiles (1966) representa un nuevo giro radical en su carrera. Con su nuevo quinteto (Wayne Shorter al saxofón, músico fundamental más tarde con la irrupción de un grupo a reivindicar, The Weather Report, junto a grandes como Joe Zawinul o el descomunal bajista Jaco Pastorius; Herbie Hancock al piano; Ron Carter al bajo y  Tony Williams a la batería), el trompetista clarifica la senda tanto hacia el free jazz como al jazz rock, fórmula que inaugurará más claramente con el mítico In a silent way (1969).

La pasión por el rock eclosionará todavía con más fuerza en Bitches brew (1970), su mayor éxito comercial y causa del distanciamiento con los sectores más puristas del jazz. Composiciones sin estructura como excusa a las improvisaciones, apuesta sin ambages por el sonido eléctrico, donde los arreglos, lejos de acompañamientos tradicionales, contribuyen a dotar de texturas diversas al tema. Un auténtico ejercicio de estilo que requiere más de una escucha para apreciar su tremenda versatilidad.

 

Tras un nuevo paréntesis condicionado por el alcohol y la cocaína (del que por cierto realiza un buen acercamiento la película Miles Ahead en 2016), resurge en los 80 con obras que ahondan en la transformación constante y acercamientos al pop o la música electrónica como Decoy (1984)You’re Under Arrest (1985),  Tutu (1986) o Amandla (1988).

La muerte en septiembre de 1991 acabó con uno de los testimonios artísticos fundamentales del siglo XX. Su carácter huraño y asocial, su narcisismo constante, no debe ocultarnos la enorme magnitud e influencia de su discografía. Siempre en el centro de la revolución musical, apelando a la experimentación como norma de conducta, nos ha legado espacios sonoros únicos en los que refugiarse se convierte en puro deleite, en los que su trompeta fluye tan natural que se hace nuestra.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica