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Nosololibros. Frank Zappa: el genio desatado

Frank ZappaControvertido, cáustico, sorprendente, inconformista, vital. Siempre genial. Los apelativos para definir a un músico de la relevancia de Frank Zappa son tantos como el grado de desconocimiento general de su obra y su talento. Fascinado por la música clásica contemporánea, personalizada en su fervor por Varese o Stravinsky, su producción trasciende el mero escaparate convencional del rock para convertirse en una plataforma conceptual en la que se mezcla la profundidad de sus composiciones con el vitriólico aroma de la provocación constante.

Junto con su inquietud y la necesidad permanente de mutación, el músico de Baltimore destaca además por erigirse en un polo de atracción de grandes músicos, que convertían cada nuevo disco en una auténtica jam session de virtuosos. Steve Vai, Adrian Belew, Don Van Vliet (Captain Beefheart), Ray Collins, Terry Bozzio, Jean-Luc Ponty, George Duke o Michael Brecker forman parte de ese elenco.

Pero además nunca obvió el compromiso social. Fue el azote de la ortodoxia, de todo aquel político o telepredicador que intentara limitar la libertad de expresión o de creación, sin importar de donde procediera. Republicanos, demócratas, hippies acomodaticios, jueces, policías,  incluso los propios Beatles fueron el objetivo de este irreverente agitador.

A pesar de su atracción inicial por la batería, paulatinamente se convertiría en uno de los mejores guitarristas de la historia gracias tanto a una ejecución nítida, cristalina y limpia, como a su enorme capacidad de transmisión. Si bien sus composiciones no son especialmente sencillas de entender, cuando eres capaz de penetrar en ellas te convences de su gran calidad y poder de seducción.

Esa formación autodidacta, producto de la escucha ecléctica y sin prejuicios de numerosos estilos, le convirtió en un músico total y completo, que adoptó el rock como un mecanismo de transmisión de mayor alcance, que sin embargo ocultaba un genio sinfónico. Si tuviéramos que destacar tres álbumes, nos inclinaríamos por Hot rats (1969), quizá el mejor disco de rock de la historia, simbiosis perfecta y embriagadora de rock progresivo y jazz, que incluía esa enorme joya llamada Peaches in Regalia

 

En segundo lugar, Sheik Yerbouti (1979), el paraíso de los over-dubs y la certeza de que el humor es el factor crítico más contundente y eficaz, como lo muestran temas como el celebérrimo Bobby Brown, quizá su mayor éxito pese a que fue censurado en muchas emisoras de radio, o el no menos esplendoroso Yo Mama, que contiene un solo de guitarra arrebatador

Y por último, el disco conceptual por excelencia, Joe`s Garage (1979), una delicia interminable y penetrante, que contiene la maravillosa Watermelon in Easter Hay, tema que cabalga sobre tal vez el riff de guitarra eléctrica más hermoso jamás creado, y que os mostramos en una versión en directo realmente emocionante

¿Qué nos queda de este francotirador desbordante? Quizá representa como nadie la evolución de la cultura de los últimos compases del siglo XX; tal vez sea la constatación de que la música no debería dormitar en radiofórmulas al uso, que ha de convertirse en un factor de crítica y reivindicación del arte como instrumento social, vivo y dinámico; que el éxito vacío y artificial es el camino más rápido hacia el fracaso. Pero lo que es indudable es que su universo, onírico y prensible a la vez, forma parte de los momentos más brillantes de la música de todos los tiempos.

Y como píldora final, este breve prodigio en seis cuerdas llamado Sleep Dirt, del álbum homónimo de 1979. Disfrutadlo.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

Biblioideas. Lou Reed se queda en Nueva York

Lou Reed y Laurie AndersonAseguraba Ian Dury que, cuando compuso Sex and drugs and rock and roll sólo pretendía “sugerir que la vida era más que esas tres cosas, sexo, drogas y rock and roll, o que estar todo el día tirando de una palanca en una fábrica”. Pero ya decía Lennon que la vida es lo que nos pasa mientras hacemos planes sobre ella, así que, a pesar de sus intenciones, esa frase se convirtió en himno. Se grabó en 1977 y la BBC se negó a emitirla porque un tema con ese título sólo podía fomentar “la mala vida”. Hoy esa expresión forma parte de la lengua inglesa.

Para entonces, The Velvet Underground ya se había disuelto, el punk se extendía por Londres y Nueva York y Lou Reed había sacado media docena de discos que se encargaban de darle una vuelta de tuerca a aquel “inocente” lema de Ian Dury hablando de prostitución, transexualidad, heroína o enfermedad mental, temas nada habituales hasta entonces en las letras del rock. Con trastorno bipolar, sexualidades diversas, sustancias peligrosas, una guitarra y su talento emprendió por un tiempo su camino por el lado salvaje, mostrándonos que a menudo la vida es triste y hermosa, pero nunca fácil. Afortunadamente sobrevivió, llegó a hacerse un señor mayor y acabó con él un trasplante de hígado.

Hace unos días supimos que Laurie Anderson, su viuda, que ya apareció en una biblioidea de 2015, había llegado a un acuerdo con la Biblioteca Pública de Nueva York por el que ésta adquiría los papeles y grabaciones de Lou Reed a cambio de hacerlos totalmente accesibles al público. Lo anunciaban el 2 de marzo, día en que este amante de la ciudad de Nueva York habría cumplido 75 años. Ella ha estado recopilando y sistematizando ese archivo desde su muerte en octubre de 2013.

“Se necesita mucho tiempo para contemplar una vida y ahora que la primera etapa de la creación de estos archivos está acabada, podemos dar un paso atrás y apreciar algunos patrones deslumbrantes que Lou hizo durante su larga e intensa carrera como artista”

Pasaporte de Lou Reed

Laurie Anderson pretende que se digitalicen los contenidos y poder ofrecerlos en línea, aunque eso llevará su tiempo: son unos cien metros lineales de documentación, seiscientas horas de grabaciones de audio en todos los soportes posibles, más de mil vídeos, correspondencia con toda clase de gente (desde Jimmy Page a Vaclav Havel), objetos, contratos, etc. Todo ello sin contar con los diversos problemas de copyright que habrá que resolver.

No os dejéis subyugar por el Lou Reed de la leyenda: conservaba escrupulosamente sus papeles (contratos, liquidaciones de royalties, recibos diversos…) y estaba al día en sus deberes tributarios. No se han revelado los detalles de la venta pero ¿alguien puede imaginar cuánto dinero habría podido obtener Laurie Anderson si hubiera optado por vender o subastar objeto por objeto el legado de Lou Reed?

En un país como el nuestro puede parecer chocante, pero en Estados Unidos no supone ninguna novedad que universidades y otras instituciones intenten hacerse con los archivos de las estrellas del rock. La Universidad de Cornell lo hizo en 2015 con The Velvet Underground, la de Tulsa, en Oklahoma, con Bob Dylan o la de Monmouth, en New Jersey, con Bruce Springsteen.

BPNYPA

Y también en Europa: hace unos días hemos visto que la Universidad de Friburgo, en Alemania, recibía una donación con, posiblemente, la mayor colección existente de parafernalia de los Rolling Stones, reunida a lo largo de cincuenta años por un seguidor incondicional de sus satánicas majestades, Reinhold Karpp, fallecido en 2012.

Estos días un banco te ofrece sus servicios en un anuncio con el Cry baby de Janis Joplin como sintonía de fondo. Poco importa lo que dice la canción y menos la memoria de Janis Joplin. La realidad se sustituye por sus fetiches y lo que ayer resultaba insoportable hoy se compra en un todoacién. Bien pensado, siempre será mejor que nuestros objetos culturales estén al alcance de todos en instituciones públicas.

Si alguien quiere saber más de la vida y el legado de Lou Reed, acaba de aparecer Catálogo irracional, de Ignacio Julià.

BiblioideasBiblioideas es una sección mensual de nuestro compañero Chema Pérez en Tirabuzón, en la que se incluyen una serie de artículos dedicados a analizar fórmulas imaginativas y modelos de desarrollo en torno al mundo de la cultura y los libros.

Nosololibros. Bach: el epíteto imposible

Acercarnos a la trayectoria musical de Johann Sebastian Bach (1685-1750) supone la constatación de lo inabarcable, no ya sólo por la enorme profundidad de su profusa producción, que alcanza la nada desdeñable cifra de casi 1.100 obras, sino por la calidad e influencia de sus composiciones. Enmarcado cronológica e ideológicamente en el barroco, su personalidad e impronta transciende de forma radical un encorsetamiento temporal tan estricto, puesto que nos encontramos sin duda alguna ante uno de los músicos más revolucionarios e impactantes de la historia de la música.

Durante su vida destacó mucho más como organista y clavecinista que como compositor. El éxito y la fama aparecieron muchos años después de su muerte, confiriéndole esa aureola de atemporalidad que permite interpretar su obra desde perspectivas musicales más modernas, como el jazz o el rock, debido entre otras razones a la importancia que concedió a la improvisación como canal de comunicación.

Esa magistral combinación entre la intelectualidad y fortaleza técnica (el contrapunto y la fuga alcanzan cotas y dimensiones colosales en sus manos) y la capacidad de transmitir emociones le convierten en una figura esencial y fundamental. Pero además, fue capaz de dotar a la geometría y a la matemática de una vertiente poética en la que el orden y la simetría se convierten en el significado absoluto de la belleza. Escuchar a Bach supone un deleite sensorial que trasciende la perfección de una serie de notas colocadas conscientemente sobre un pentagrama.

Pese a las evidentes connotaciones religiosas de buena parte de sus obras, la magia que emana de sus sonidos es capaz de invitar a la reflexión y al sosiego o de dotarnos de energía, porque contienen una visión universal y ecuménica mucho más espiritual que litúrgica.

Elegir las obras más representativas del genio alemán resulta harto complicado. Pero no pueden faltar los seis Conciertos de Brandenburgo (1721), entre los cuales sin duda alguna el más popular es el tercero, en el que prescinde de los instrumentos de viento con la intención de transmitir alegría y vivacidad a través del uso exclusivo de la cuerda.

La colección de preludios y fugas aglutinadas en torno a El clave bien temperado, fantasía arriesgada y cromática; la intensidad barroca y perfeccionista de la Pasión según San Mateo (1727); la novedosa y alternativa El arte de la fuga, publicada inconclusa en 1751, tras su muerte, en la que el contrapunto alcanza su cénit como técnica soportado en una melodía aparentemente sencilla; las Variaciones Goldberg (1741), conjunto de obras sobre un tema único sujeto a múltiples variaciones que reflejan la capacidad imaginativa sin límites del autor; la majestuosa Tocata y Fuga en Re menor; las memorables Suites para cello (1720)

la festiva, vigorosa y navideña Magnificat (1728-31); la exaltación polifónica del motete Jesumeine Freude; Passacaglia BWV 582 o el adagio de Tocata, Adagio y Fuga BWB 540.

Bach representa por tanto la clarividencia y la luminosidad de la música. Pese a su vigorosa arquitectura técnica y teórica, el lirismo y la creatividad conviven de forma armónica en obras muy arriesgadas, de una concepción compleja pero vestidas de simplicidad aparente. Las melodías parecen crecer y flotar hasta arrastrarnos progresivamente hacia el éxtaxis. Con Bach, la perfección adopta un rostro humano y cercano, y la música se transforma en alimento necesario.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica

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Nosololibros. King Crimson: en la corte cambiante del Rey Carmesí

In the court of Crimson KingLa historia del rock en general y del progresivo en particular no se puede explicar sin la presencia de King Crimson, banda todavía en activo que ha resucitado múltiples veces de manera convulsa, pero siempre amparada bajo el virtuosismo y la genialidad de Robert Fripp, guitarrista inclasificable y excéntrico. La formación original surgida en Londres en 1969 estaba compuesta por el propio Fripp, Greg Lake, Ian McDonald, Michael Giles y Pete Sinfield. Gracias a la reputación ganada en los escenarios de diversas localidades inglesas, entre ellos el famoso concierto como teloneros de Rolling Stones en Hyde Park, firmaron un contrato discográfico con Island Records.

Su primer álbum obtuvo un resonante éxito, poniendo extrañamente de acuerdo a crítica y público. In The Court of the Crimson King (1969) sugiere un universo sonoro personal y genuino, cimentado en las dotes instrumentistas de sus músicos, los textos concisos pero elaborados de Senfield y la rotundidad hipnótica de uno de sus temas, 21th century schizoid man, en la actualidad debidamente triturado por una marca de perfumes como banda sonora. Pese al éxito, comenzaron las primeras deserciones. McDonnald, Giles y Lake iniciaron carreras musicales paralelas, el último enrolado en el mastodóntico grupo Emerson, Lake and Palmer.

Al mismo tiempo, la siguiente obra,  In the wake of Poseidon (1970), pese a mantener la misma pulsión que su precedente, inaugura la introducción del jazz como elemento constante del grupo gracias a la irrupción de dos enormes intérpretes: el saxofonista y flautista Mel Collins y el pianista Keith Tippett, capaces de ofrecer una joya como Cadence and Cascade. Lizard (1970), publicado en el mismo año, refuerza ese giro jazzístico de la banda con Haskell y el  batería Andy McCullough como nuevos miembros, y aporta una vertiente experimental y de búsqueda constante que presidirá la trayectoria del grupo.

Lizard

Esa obsesión por investigar se observa de forma meridiana en Islands (1971), un cóctel delicioso de múltiples influencias, desde el jazz hasta el blues, que marca un nuevo y arriesgado salto hacia el inconformismo. Conviven en él dos de las mejores aportaciones del grupo a la música: Lady Formentera, dedicada a la isla ibicenca, y la maravillosa e imprescindible Islands, balada que da título al álbum. La voz es responsabilidad de Boz Burrel.

Una etapa tormentosa y conflictiva terminó con la banda en forma de trío: el propio Fripp, Bill Bruford, batería que acababa de abandonar otro grupo mítico, Yes, y el bajista y vocalista John Wetton, acompañados de la percusión vibrante de Jamie Muir. Esta formación gestó quizá el mejor disco de la banda Lark’s tongues in áspic (1973). Pese a ser una obra de estudio, sus contenidos son producto de las improvisaciones y arreglos que conformaron los conciertos que ofreció la formación durante los años anteriores, y que constituyen la verdadera esencia del sonido crimsoniano: melodías atonales con una gran complejidad compositiva, la suavidad y equilibrio de la voz de Wetton, una sección rítmica creativa y potente, y la intensidad de Fripp en las seis cuerdas.

Starless and Bible black (1974) refrendó la magnitud y nueva dimensión del grupo, al que se incorporó David Cross con el añadido de poseer entre sus canciones dos de las mejores composiciones de la historia de la música contemporánea, The Night Watch y Trio. Mientras que la primera utiliza un medio tiempo para reflejar la potencia armónica y la excelente compenetración de los instrumentistas, la segunda es una apología de la belleza, notas que abandonan el pentagrama para trasladarnos a un sugerente paisaje emocional.

Esta primera etapa artística se cerraría con Red (1974), concebido precisamente como un compendio de sus signos de identidad: la creatividad, el lirismo, el jazz, la complejidad, la improvisación y el miedo al estancamiento. Tras esta disolución, Fripp y el resto de miembros de la banda se embarcaron en diversas aventuras personales hasta que decidió recuperar a la banda en 1981 con el propio Bruford, el excelente bajista Tony Levin, y el guitarrista Adrian Belew, que había trabajado con músicos del calibre de Frank Zappa.

La calurosa acogida dispensada motivó la grabación de Discipline (1981), provisto de un sonido polirrítmico, complejo y pretendidamente atonal, en el que afloraban las distintas personalidades del grupo. Podemos considerar este obra como una de las primeras en la historia que amalgama distintos estilos, un producto de fusión.

King Crimson

La idea tuvo su continuidad en Beat (1982), que incluye uno de los escasos éxitos en las radiofórmulas del grupo, Heartbeat, y Three of a perfect pair (1984), álbum que muestra en su primera cara una visión amable y accesible, incluso con toques funkies, frente a otra en la que la improvisación y el universo frippiano alcanzan su máximo esplendor.

Su penúltima reencarnación tuvo lugar en 1994 en forma de  efímero sexteto (Fripp, Bruford, Below, Levin, Trey Gunn al bajoy Pat Mastelotto como persusionista), fruto de la cual es THRAK (1995), una nueva evolución sonora que mezclaba el caos organizado de Discipline con la rotundidad rockera de Red.

En el año 2000, ya como cuarteto (Belew, Fripp, Gunn y Mastelotto) lanzaron al mercado The ConstruKction of Light en el año 2000, un disco de gran dureza sonora, sin concesiones, que apuesta por el riesgo pero que genera una extraña satisfacción tras su escucha. En 2003 aparecería The Power to Believe, el último álbum de estudio de King Crimson, menos dado a la improvisación que el anterior, por tanto más sencillo de escuchar aunque al mismo tiempo más frío y técnico.

Su última etapa de actividad nació en 2014, diseñada para ofrecer conciertos en directo, e integrada por Fripp, Collins, Levin, Mastelotto y Harrison, más la adición de Jakko Jakszyk, a la guitarra y voz, y de Bill Rieflin a la batería.

King Crimson

Nos encontramos ante un grupo necesario e intransigente, en continuo movimiento, que condujo al rock a momentos sublimes, dotado de un sonido personal e irrepetible basado en la transformación constante y el virtuosismo como elementos de transgresión, de desprecio a las etiquetas, de repudio a los clichés. Aquellos que acusan al rock progresivo de grandilocuente y vacío, de vacuo y prepotente, tienen la ocasión de acercarse a una obra compleja, consistente y rotunda al mismo tiempo que polisémica, un microcosmos al que estamos todos invitados balanceándonos en las penetrantes cuerdas del universo Fripp.

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica.

Nosololibros. John Coltrane: la fascinación por el vértigo

John ColtraneCuando John Coltrane se unió al quinteto de Miles Davis para grabar uno de los mejores y más influyentes discos de la historia de la música, Kind of Blue (Columbia, 1959), el hard bop dejó de ser una etiqueta teórica y ambigua para convertirse en una forma de vida que recuperaba el aroma de la improvisación. El jazz volvía a vestirse de pasión sin renunciar al talento.Miles Davis

Porque talento y sonoridad siempre acompañaron la carrera musical de Coltrane (Hamlet, Philadelphia, 1926), empeñado en estar siempre en movimiento, buscando algo que le permitiera justificar su permanente desasosiego. Sus inicios en orquestas de rhythm and blues abren paso a finales de los años 40 a una etapa tóxica que con intermitencias le acompañará hasta su despertar espiritual de 1957, motivado por una extraña mezcla en la que confluyen la presencia de Miles, el descubrimiento del misticismo, el despertar de la conciencia negra y la influencia de Naima, su mujer, a la que más tarde dedicará una de las baladas e intensas más bellas de la historia.

A partir de ese momento, abandona la propuesta musical estándar y canónica para lanzarse a una fase marcada por la experimentación continua, en la que cobra especial protagonismo la incandescente presencia del pianista Thelonius Monk. John ColtraneSon momentos en que paulatinamente perfecciona técnicas de sonido, en que su virtuosismo se agita sin barreras tocando varias notas de forma simultánea, cegado por una complicidad cada vez más evidente con Monk. Sin duda el momento cumbre es Blue Train (Blue Note, 1957), donde el hard bop sigue presente pero ya atravesado por los primeros balbuceos de una incipiente revolución sonora, basada en la inquietud y una visión de la armonía nada acomodaticia.

Tras su segunda estancia con Miles, fruto de la cual es el ya mencionado Kind of Blue, Coltrane grabará para Atlantic dos de sus discos más exitosos, Giant Step (1959), y sobre todo My Favorite Things (1961).

John ColtraneEl primero muestra a un músico de vanguardia, con una velocidad de fraseo casi imposible, que juega con los acordes a su antojo, y en plenitud compositiva, álbum en el que destacan cortes como Naima o el tema que da título al disco.  Por su parte el segundo es la obra que mayores fervores del público obtuvo, y que contiene, en el corte homónimo del LP, una de las transformaciones musicales más brillantes y rotundas, que arranca desde un sencillo vals del musical The Sounds of Music a una versión magistral y lleva de universos sonoros, en el que recupera el vibrato del saxo soprano para el jazz. Ese mismo musical más tarde se transformaría en la almibarada película Sonrisas y lágrimas.

Coquetea con el free jazz en diversas grabaciones con el cuarteto de Ornette Coleman, y durante su época en el sello Impulse (1961) introduce no sólo instrumentos hasta ahora ajenos a la tradición jazzística como el oboe o el contrafagot, sino que profundiza en su investigación musical introduciendo temas inspirados en cantos védicos o espirituales negros. El cuádruple CD The Complete Village Vanguard (Impulse!, 1961) es testimonio de esa incursión en otros paisajes sonoros, marcados por la polémica presencia del músico Eric Dolphy, abanderado del free jazz y de los solos amplios y excesivamente libres para los más puristas.

La colaboración entre ambos fue breve, y abre paso a tres auténticas joyas discográficas. Con Ballads pareció querer suavizar sus tensas relaciones con los sectores más conservadores y puristas del jazz, abandonando esa faceta de rebeldía sin control para ofrecer una visión absolutamente apasionante y apasionada de grandes clásicos y standards, tocados con una elegancia y sensibilidad sublimes. John Coltrane and Johnny HartmanEl segundo de los discos, John Coltrane and Johnny Hartman, supone la única vez en que se acompaña de un vocalista, el prácticamente desconocido Johnny Hartman, para firmar una emotiva sucesión de clásicos en la que la unión de la voz grave, sugerente y profunda de Hartman se alían con las notas acariciadoras y firmes del saxo de Coltrane hasta conformar una obra cálida, armónica y sugerente en la que nada sobra y todo fluye. El tercero de los discos está marcado por su encuentro con Duke Ellington, y la imperecedera y rotunda versión de In A Sentimental Mood con la que nos deleita.

Sin embargo, la aparente estandarización de su obra no impide que en sus directos continúe apostando por amplios solos que crecen desde planos melódicos, y en los que su cuarteto actúa con absoluta libertad de criterio. La progresión alcanzará su cénit en 1962 con la grabación de A Love Supreme, una obra monumental estructurada como una suite en cuatro partes, considerada como una de las más influyentes no sólo en el jazz posterior, sino en otros ámbitos musicales como el rock.  John ColtraneEl lirismo, la espiritualidad y el goce existencial que transmite se adornan con una intensidad desgarrada, sin ambages, en la que el virtuosismo abre paso a una libertad creativa inaprensible y descarnada.

Ascension (1965) supone cierta continuidad con el disco anterior, pero sobre todo la consolidación definitiva de Coltrane como músico entregado al free jazz. Rodeado de alguno de los músicos que más tarde se considerarán adalides del nuevo género, como Freddie Hubbard o Pharaoad Sanders, grabará algunos conciertos en directo como Live in Seattle (1965) o Live in Japan (1966) en los que muestra una vitalidad y energía desbordantes, con briosas versiones de algunos de sus clásicos como My favorite things o Naima.

Sus dos últimos discos en estudio, Interstellar Space y Expression, ambos de 1967, son claros exponentes de esa necesidad de innovar y experimentar que presidió su vida, con pasajes en los que la libertad de expresión y la improvisación superan cualquier tipo de corsé armónico, definiendo musicalmente el concepto de free jazz de forma perfecta.

John Coltrane

Poco antes de cumplir los 41 años, el 17 de julio de 1967, fallece en Nueva York. Cortázar, comentando la muerte de Coltrane a Gregory Rabassa, traductor de Rayuela al inglés, definía al jazz como “una especie de perspectiva vertiginosa hacia todo lo que no nos atrevemos a ser”. Como la literatura, como el cine … Y hablando de Coltrane, recomendaba la lectura en voz alta de los poemas de Pedro Salinas acompañados de su músicaafelpando el aire de reconciliación y contacto” (“Noches de vino y hierbas fumables”. Nota preliminar a Pedro Salinas. Poesías. Madrid: Alianza, 1982)

Con John Coltrane se fue uno de los músicos más influyentes de la historia del jazz, para quien el vértigo constituyó una necesidad perenne. Imposible de encasillar en ningún género concreto, siempre evolucionando, haciendo que la vanguardia fuera el pasado. El saxofonista virtuoso e intenso, el creador lírico intuitivo y genial capaz de generar múltiples emociones con un fraseo, de afrontar escalas imposibles, nos dejaba un legado asombroso. Ahora nos toca disfrutarlo

Nosololibros

Nuestro compañero Luis Blanco nos invita a adentrarnos en la historia de la música a través de una galería personal de iconos con una mirada heterodoxa y ecléctica.

 

Biblioideas : Los libros se pueden aprovechar para hacer canciones

(Chema Pérez. BUZ)

The Bookshop Band - Caja discosLa mutua inspiración de música y escritura está documentada al menos desde la Grecia clásica y no ha dejado de existir desde entonces. Hoy, en el rock y la música popular también se puede rastrear con facilidad.

De hecho, es bastante común encontrarse con canciones basadas en libros: Venus in Furs, de Velvet Underground, y La Venus de las pieles, de Sacher-Masoch; Tomorrow Never Knows, de los Beatles, y el Libro Tibetano de los Muertos; 2+2=5 (Radiohead) y 1984; el álbum Animals (Pink Floyd) y Rebelión en la granja, ambos de Orwell; White Rabbit, de Jefferson Airplane, y Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll, etc.

También, aunque menos, hay libros inspirados en canciones: 31 canciones, de Nick Hornby; Tokio Blues o After Dark, de Murakami, o Impossible, de Nancy Werlin, una novela no traducida al español basada en Scarborough Fair, esa canción tradicional inglesa del siglo XII versionada por Simon & Garfunkel, Luar na Lubre, Mago de Oz y tantos otros. Sigue leyendo